jueves, 15 de enero de 2026


 

LUIS DÍAZ

 


 

esperan de ti que seas firme esperan de ti que seas capaz de levantarte cada madrugada a las dos en punto esperan de ti que tengas las uñas sucias esperan que asumas una mala cosecha con la resignación de los animales viejos esperan que asumas que la lluvia y el sol no van a llegar en su momento esperas el trigo y la cebada a veinte céntimos el kilo esperas las ayudas al campo de la unión europea como quien espera la lluvia y el sol esperan de ti que pierdas la cuenta de cuántas veces has cortado las hojas verdes de la parra seca esperan de ti que no calcules cuántos años te quedan de planear la siembra de recoger la cosecha

  

De: “Hombres con un diente de leche”

 

 

DOMINGO ZERPA

 

  

Romance de los dos ríos

 

 

Romance del Río Chico,
romance del Río Grande,
con su voz de flauta el uno,
el otro con su voz grave,
bajan lamiendo las breñas,
y corren besando sauces,
desde las punas más altas,
hasta los cañaverales.

Romance del Río Chico,
romance del Río Grande,
el uno de pura nieve,
el otro de pura sangre,
y entre la sangre y la nieve,
San Salvador de Jujuy,
que Dios la proteja y guarde.

Romance del Río Chico,
romance del Río Grande,
porque es el ruego de un niño
mientras le pide a la madre
que el cuente unas de tantas
leyendas de la que sabe:

La de La Madrid, primero,

Y por que no la de Guemes
o la de Antonio Balcarce

O la del Sargento Gómez…
que esta vez no lloro madre.

Romance del Xibi Xibi,
romance que nada vale,
si entre las tejas del ceibo
y la cal de los azahares
no aletea la paloma
blanca y celeste del valle:
la paloma de Belgrano
que no hay otra que la iguale
Romance del Río Chico,
romance del Río Grande,
el uno bramando fuerte
el otro cantando suave
como si el uno, bramando
rogase al otro que cante…

 

LUIS ALBERTO ARELLANO

 

  

Lo que un hombre debe aullar antes de lanzarse al vacío

 

 

Mayakovsky recuerda la infancia:
camina por el bosque;
su padre, el guardabosque, lo guía.
Niebla. Los límites, confusos,
Vladimiro tropieza.
El rocío, su padre y la bruma lo mismo,
lo sujetan de la mano; avanzan.
El brazo de su padre tropieza con una rama.
Escaramujo.
Ésta al rostro de Vlady,
puntas encajan en su mejilla rosada.
Todos los rusos en la niebla,
la edad,
tienen mejillas rosadas.
Sin decir nada, saca las púas de madera. Sangra.
Vladimiro nació en Georgia,
vivió en Bagdati.
Un edificio de dos pisos durante su primera infancia.
Piso inferior hacían vino.
Llegaban los mujiks,
así llamaban los rusos a la niebla (sangrante la mejilla rosada),
también a los campesinos,
en oposición al proletariado, que llamaban Tovarich,
llegaban mujiks jalando carretas llenas de uvas.
Pisaban uvas.
Vladimiro comía, estrujadas.
Las bebía.
Vladimiro recuerda, la niebla,
olor del mosto fermentando a sus anchas
las vasijas de vidrio cubiertas por paja.
Vladimiro estudió primeras letras con su madre.
Madre enseñaba lo que debía saber un ruso.
Mejillas sangrantes por mundo que lo rodeaba.
Vladimiro aprendió sin emoción.
Mayakovsky odiaba la aritmética.
Para qué sumar si lo que sumaba eran peras, manzanas.
Las peras y manzanas eran grandes y olorosas.
Se daban y se pedían sin trámite.
Crecían en árboles del patio.
Suma y resta, pérdidas de tiempo.
Vladimiro memorizaba poemas de bosques, fauna silvestre: alma rusa.
Su padre pedía, antes de morir, que dijera poemas en festividades.
Padre, mujik, orgulloso de niño/loro.
Lágrimas.
Vladimiro no.

 

 

 

GRACIELA MATURO

 

  

Las plegarias

 

 

Las plegarias del mundo
suben del pecho de los hombres, de las mujeres
y forman un gran árbol invisible
El árbol crece
sostiene el mundo hacia lo alto
Es la fuerza de gravedad del aire
el amor que nos llama
hacia las altas ruedas del espacio
hacia la noche sin aurora
en que todos los días resplandecen

 

 

HALINA POŚWIATOWSKA

 


Vivan los sentidos

 

seré una mujer

una gata tiene tanto encanto
al encorvar su lomo leonado

una mujer

una loba que aullando siempre
roza el tronco de un árbol

seré una mu-

una gallina cloquea vuela de la valla
y se pasea
con una dignidad natural

una mujer

un cojín rasgado por una uña
expulsa en la cara
una caricia de plumón

-jer — mu-

degollada
me enfriaré en una forma irrepetible
y con esa forma atraeré
con los brazos caídos
prometeré placer hasta el fondo de nada
dar — entregar
y seré ese perfecto cuerpo vacío

una mujer

 

 

De: “Himno idólatra”

 

 

MAX JACOB

 

  

Cuándo la nueva aurora

 

 

¡Puntiagudo campanario! Puntiagudo álamo
es el árbol de las Bellas Artes cerca del presbiterio
¿caerá el rayo sobre el pararrayos
Sobre que caerá el castigo de Dios?
No eres más que un bretón bastante viejo
que bautizó al niño que una vez fue.
Él mismo es ese niño y es a él a quien bautizan
entre cofias blancas y sobrepellices
las muchachas riendo preguntaban a gritos
si el rayo iba a caer aquí.
El árbol del Arte es más alto que el campanario
Amán estaba bajo el árbol, sobre el otro estaba Mardoqueo
¡Decidme! Decidme dónde caería el rayo
¿Qué si el árbol estaba bendecido?… ah, ¡que no! es el orgullo
El campanario dice «Perdón» y el árbol «Ojo por ojo,
diente por diente». Decidme cuándo
decidme cuándo
el campanario será el arte, el álamo la plegaria
cuándo la nueva aurora
y para cuándo la luz.