Mostrando entradas con la etiqueta JEANNETTE CLARIOND. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JEANNETTE CLARIOND. Mostrar todas las entradas

viernes, 31 de enero de 2020

JEANNETTE CLARIOND


  


El pan de cada sombra



Esta costumbre,
esta grave costumbre de perderse
al momento en que hilos,
hojas lanceoladas,
tenues luces
de rostros
se deslíen
y cuerpos se borran
como en una vieja fotografía.
Hacienda, pan,
todo guarda su nombre bajo la sombra.
Siete vados antes de entrar a la ciudad
aún esparcen su mancha neblinosa.



sábado, 25 de enero de 2020

JEANNETTE CLARIOND





Mina 1004



Arder, yo vi a mi abuela arder.
Agosto. Chihuahua, 1956. Ella ardió,
su fuera y su dentro, ardió en la calle Mina 1004.
Vi a mi padre envolverla en una sábana, el colchón ardía;
las cortinas, la alfombra, su vestido
ennegrecieron. Todo lo recogió.
“No hagan ruido, su madre está cansada”.
Lo vi salir de luto esa tarde de agosto con su corbata negra.
La recogió. Ceniza y llanto recogió.

El humo de la abuela en el zaguán, las tías
sorbiendo ásperos los grumos del café.

Había que borrar lo oscuro que dolía,
disolver la sal, el llanto,
abrazarse y sofocar el temblor del viaje.
Escuchar a Paul Anka y en la falta de pulso
rayar el disco de 45 revoluciones por minuto.

Por instantes vivía, por instantes
todo fue púrpura: ella, el
cansancio, las frondas de los álamos. Después
el vidrio, el vidrio en el cedro,
el rostro quemado bajo el humo.

Ella, mi madre, también ardió. En lágrimas su sonrisa apagada:
“Arréglame el pelo, me dijo, déjame salir
a ver si ya está seca la ropa”.

Tuve miedo. De que sus pasos lentos no volvieran, de la tersura
de la hoja, del sigiloso carcomer,
del reseco peso de la hiedra, ya sin muro, del
florero en la cocina, sin flores. De ese cuarto ciego con su muerte tuve miedo.
De mí misma y el filtrarse del viento
que se llevaba el polvo de los sicomoros.


domingo, 19 de enero de 2020

JEANNETTE CLARIOND





Sueño



Del sueño surge la montaña
que parte en dos la sombra.
En la cima brilla un signo
de aspereza.
Nacemos tuertos. Sólo un ojo
alcanzará
el polo blanco del cielo.
El resto arderá entre las ramas secas:
la madre, la cicatriz, la cordura.
La herida ha tomado el rostro de la piedra.
El cuerpo hecho de sangre y arena
ha cedido
al alumbramiento.

Cuarto de hospital:
asciende la noche entre luciérnagas.
La mitad de la luna alumbra la mitad del rostro.
Hay un largo pliegue de oscuridad
de donde brota el sueño
colmando el vacío.
Ese ojo será tu reino.



lunes, 13 de enero de 2020

JEANNETTE CLARIOND





Niebla



I. Breve sustancia la niebla,
su clarísimo carbón, su pátina de viento…
la tierra apenas humedece
la piedra circular donde manan antiguos destellos,
el néctar petrificado,
cristales de este invierno;
y en generosa calma
buscar entre menudos giros
otoño adentro
los recuerdos
cuando todo es cascada acreciendo su abandono.


II. Bajo el murmullo de los álamos
la voz, ese leve impulso
contra el cielo,
un surco de gaviotas,
ese mar entero
                de brazos que extienden su corazón de nuez,
horas de este invierno
como un tigre,
su callada resurrección entre sombras,
la vida,
recordarás la vida,
breve sustancia, voz,
lámpara que es niebla
ante el espejo.


III. Todo olvido guarda una luz,
un nombre cada fotografía,
un año cada árbol;
dorada en semillas, de grisácea arcada,
la oropéndola teje su nido.

Las nocturnas copas de los árboles
son nuestras. Nos hundimos
y no basta llegar a la raíz;
ese perderse entre sus copas subterráneas
es la voz, incierta y estrecha
apenas arde;
hora del comienzo y el fin,
suma de moradas bajo la luz de los olvidos.


IV. Sobre lajas se fija el resplandor
de un cielo rasgado,
                    y en la inmensidad
íntima de los bosques,
aquella edad del que nada sabía,
abierta a la luz de los deseos.
Pero la niebla ciega cualquier señal.
Ocre de raíz a río
la forma devanada de la noche,
su aliento apenas audible:
voz incierta,
apenas arde,
álamo distante
que flota en el seno de este sueño.


V. Nada queda,
sólo esa sensación de carne que se desmorona
en un paisaje de invierno.

Porque fuego es presagio de hielo,
desnudez de ángel, opreso laberinto,
ausencia
                   con dedos de sangre dibujada.


VI. Ligera, se va perdiendo entre los álamos
segura de su luz,
aroma de agua quieta;
en lo fugaz
del arrullo primero
la leve coincidencia.

Sólo una noche basta para alumbrar
el lento ascenso
en tenue pulso que retorna.
Dentro del hálito la quietud, su deseo
estalla
sin dispersar fragmentos.

Desde la raíz, entera, la frágil voz regresa.


VII. Todo aguarda tras el ventanal: el estero,
los ánsares, este sentir apenas el reflejo
porque oblicua nace la sombra,
la conjunción que cierra la niebla,
esa materia finísima del sueño,
su naciente verdad que llama desde lo hondo,
la desierta memoria que germina.
 

martes, 7 de enero de 2020

JEANNETTE CLARIOND




  
Ruinas



La luz es sólo apariencia de la luz...
Acaso viento,
              derrumbe.

La antigua ciudad
              ya reposa bajo el agua.


miércoles, 1 de enero de 2020

JEANNETTE CLARIOND





Sed



Ser luz que alumbra tordos entre las hojas,
sol penetrando la abierta llaga,
niebla que transforma el destino de tu sueño,
desolación de faro,
gaviota sedienta
que se aleja cuando la lluvia.


jueves, 29 de marzo de 2018

JEANNETTE CLARIOND



  
Todo antes de la noche



El viento
desmoronaba el barro,
vértigo, dolor era ese viento
en su descenso:
                   el encuentro
                   con la primera voz:
la muerte.

El muro de raíz sedienta
rasga cielos
de aquella hora.

De nuevo brotarán
salmos
palabras destejiendo
sobre el espejo.

Apenas el agua circundó la tierra
en su centro
se abrieron cavidades:
el viento devoró las copas de los cedros,
los nidos, el rostro de aquella voz.

Creer, crear la oración
que nombre su presencia,
el misterio
de su alma desprendida.

Cielo esta boca, hojas
la orilla,
el río congelado
y la tierra del recuerdo
evaporando
su fragmento de piel.

Mi ser,
mi ser errante,
mi ser,
miseria entrando,
mi ser
             silueta.

Lo que no fui, siendo
afina su sombra.

Ceguera: ahí estarás.

Desde lo hondo
al viento
la dispersa ruina.

Morir, morir dentro
del árbol
al aire y lumbre
florecido.

              Hija del hambre,
tus pasos segará
la pétrea luna.

Voces, voces distantes,
espejos,
palabras piedra:
Todo antes de la noche.

Hay una luz
en su aliento
de árbol,
pájaros
de aquella tarde
en fuego revestida
sobre los huertos.
Luz
el aliento del árbol.
Pájaros,
hombres,
en esa estancia herida.

Amar la luz
de aquella nube de ceniza,
los once túneles,
las huellas de las bestias,
caminos que entre las humaredas
caen del cielo.

Tierra dispersa de semilla,
guarda la salvación,
el silencio en la piedra,
la mirada del río en su sollozo.

Tierra dispersa de ceniza,
guarda la salvación,
ama la luz de aquella nube,
los límites,
                        el alba.

Van los hombres y las cosas
hacia la estancia primera.
La travesía es la voz.
Del monzón de arenas
emerge lo olvidado,
el polvo se levanta
en pequeños círculos.
Van a la entrada
del silencio.
A lo largo
la quietud,
la sagrada quietud
del sueño que los sueña.


viernes, 23 de marzo de 2018

JEANNETTE CLARIOND





In requiem



Estoy cansada de amar, y de vivir,
y de morir.
Estoy cansada de pensar que amo, y que vivo,
y que muero.

Quiero salir del mundo
y entrar en mi casa.

Estoy cansada de vivir la orilla del amor.

Busco la cercanía del pez,
sus grandes ojos subterráneos.
Mis manos recorrerán su cuerpo,
hablaremos en burbujas,
óvalos serán nuestros besos.

Comeremos, dormiremos, nos abrazaremos al fondo
de las rocas.

Pero no basta ser pez. Oro en el ojo.
Es origen dar pasos en la niebla,
caminar la tempestad
y ropas y cabellos y cuerpos
se deslían, silentes, en la imagen.

 

sábado, 17 de marzo de 2018

JEANNETTE CLARIOND




  
Desnudo frente a un espejo



El azul sargazo de tu desnudez,
las tristes cosas ante el espejo,
viejas cosas que se resisten, en su nostalgia,
contra las nuevas cosas:
los muslos firmes de las muchachas,
trazo perfecto de Delvaux.


domingo, 11 de marzo de 2018

JEANNETTE CLARIOND





Estancias



Oscuridad
del mar en el que habito,
oscuridad, niebla,
mar
y furia en este vuelo,
oscuridad
y ni gaviota lejana,
ni certeza…
sólo pasos de muerto en mar abierto.



lunes, 5 de marzo de 2018

JEANNETTE CLARIOND





En las aguas de lo oscuro



Rompe nave y orilla
y se sumerge.
Da de sí
lo que de sí no tiene.
Corazón náufrago:
desatas nubarrones
y sumerges
               oscuramente
el Alto Techo.


domingo, 31 de diciembre de 2017

JEANNETTE CLARIOND




Génesis



Como un espejo que sangra,
como una herida que escurre,
resbalo.
Desfallezco y resbalo por la boca del volcán,
resbalo entre tus piernas,
tiemblo ante la vacilación.
Tiemblo,
procuro sostenerme.



lunes, 25 de diciembre de 2017

JEANNETTE CLARIOND




Transcurrir



Déjame sentir, ancha hora,
la extendida lentitud de sus brazos,
descubrir en la flama de sus ojos
jardines de turgentes anturios:
pistilos que recorran mi piel
y abran paso hacia vías encendidas
donde jóvenes amantes ríen
y sus vasos llenan.
Quiero cantar entre tus hojas
que de elevadas ramas descienden,
llorar entre tus flores,
en tu seno de tierra
–néctar, ojos, selva–
cuando el dolor de tu partida
mi juventud alimenta.


martes, 19 de diciembre de 2017

JEANNETTE CLARIOND




La tarde



Si es cierto que al crepúsculo todo tiene su hora, entonces vi
un ánsar borrarse en la niebla, cegar las crestas el brillo, el águila
perderse en su silencio, infinita.

El mar, el mar, don de nuestra falta. Y en el pretil, el jaspeado
verdor del grillo. Oh Dios, abraza este cuerpo, es mi lengua, es
el fluir de mi sangre entre olivos.

(Sus ojos miraron el principio, amaron la duración de la flor,
pero el dolor cubrió el oro silencio de Sainápuchi.)

Arde en su soledad la piedra.


miércoles, 13 de diciembre de 2017

JEANNETTE CLARIOND




Astillada claridad



Una tierra devota, madre,
un vientre para la miel de lo perdido,
tierra de todos
en el insbrik, cobre esbelto donde la espuma
multiplicaba tu rostro.
Busco la duración y no aparece.
Veo desplegarse la oscuridad
labrada
desde un brillo solitario.

Surgen en mi incertidumbre,
muertas, un puñado de hojas grises.

Las formas ceden a lo inmóvil:
humo obstinado en engarzar
las perlas.

Sangra en el vidrio, astillada,
la claridad.


jueves, 7 de diciembre de 2017

JEANNETTE CLARIOND




He de llorar



He de llorar
a mitad del río,
a mitad del puente
el fuego del amor.
Es la pregunta de la carne,
alas y caricias
de lumbre hasta los huesos, he
de llorar.


viernes, 1 de diciembre de 2017

JEANNETTE CLARIOND




Fría llama



Como si palpitara un silencio
el oro de las luciérnagas
entre abetos llameaba.

Su luz caía sobre el agua y tú
desaparecías
como quien sale de una escena
sin su cuerpo.

Lumbre en el centro del agua,
trazabas una estela sin saber
que el sol te miraba

por vez primera.



jueves, 23 de noviembre de 2017

JEANNETTE CLARIOND

  


Astillada claridad



Una tierra devota, madre,
un vientre para la miel de lo perdido,
tierra de todos
en el insbrik, cobre esbelto donde la espuma
multiplicaba tu rostro.
Busco la duración y no aparece.
Veo desplegarse la oscuridad
labrada
desde un brillo solitario.
Surgen en mi incertidumbre,
muertas, un puñado de hojas grises.
Las formas ceden a lo inmóvil:
humo obstinado en engarzar
las perlas.
Sangra en el vidrio, astillada,
la claridad.


domingo, 6 de enero de 2013

JEANNETTE CLARIOND





Caricia que dispone


a Santiago


Quiero empaparme de tu lluvia,
que corra sobre mi cuerpo
y se desparrame hasta mojar mis pies desnudos,
lento llegues
hacia donde la hierba canta y se ladea
luz
de tu caricia
que dispone el fruto,
boca arriba espero
el gozo de lluvia que revienta.

(Mujer dando la espalda, 1995)