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domingo, 31 de mayo de 2015

AURORA REYES


 
 

Magnolia

 

Hoy, blanca y luminosa,
naciste Yololxóchitl:
magna flor de las flores.
La luna es tu diadema cuajada de diamantes.
Hoy, blanca y luminosa,
naciste, Yololxóchitl.

 

 

lunes, 25 de mayo de 2015

AURORA REYES


 

Recóndita espiral

 

Aérea faz de roca construida,
suspendida en la noche de la infancia.
Recuerdas idolátricos perfiles
de inarmónica danza.

¿Eres diáfana sombra o luz caída,
anticipada muerte o rescatada,
perímetro de ausencia o invadida
forma de realidad acumulada?

Entre muros de angustia vacilante
y estatuas calcinadas
húndese el horizonte de mi frente
en colérica sal desparramada.
¿Cuál fragmento de espejo
se quedó con mi cara?
El sueño gira lenta, lentamente,
repitiendo sin voz una palabra:

Espiral, espiral,
flor infinita...
¡Cuántas estrellas desprendidas,
cuántas!
No interrogues al cardo,
no te asomes al río,
no llames al secreto.

¿Has oído cantar la tierra húmeda
bajo tu corazón?
¿Has visto la tormenta crecer y hacerse múltiple
en las alas del árbol?
¿Has palpado el amor en el recóndito
ruiseñor de los huesos?

Mira subir la lluvia por los tallos
y retornar al cielo.
Elévate en los pétalos azules,
en las trémulas manos de las hojas,
en la cifra total de los sentidos.
La ascensión te reclama las raíces,
la sombra, la garganta, los cabellos.
¡Líbrate, rompe todo, desángrate, agoniza!
pero que no te ciña el pensamiento.

Los corales del tacto, los corales.
Los caminos del viento...

Una sola palabra de tus ojos
despertará la muerte que perdió tu mirada,
la muerte que circunda tu contorno de niebla,
la que habita detrás de cada párpado
en las cuencas de todas las preguntas
que anidaron las fieras subterráneas.

Crece, silencio. Crece con los barcos,
con el fuego y el mar y la distancia;
trasciende los lamentos impotentes
de las últimas playas.
Crece el cielo más alto
del amor, sin sonrisa,
sin rostro, sin espejo,
sin arena, sin agua...

 

martes, 19 de mayo de 2015

AURORA REYES


 

Estudios en otoño

 
 

Piña,
coronada esmeralda.
¡Clara niña!

Manzana,
rosa-mujer-color.
Pulpa caliente de misterio y amor.

Tejocote de miel.
Amigo rural.
Pecas en la piel.

Fresas, coral camino.
Adolescentes labios del valle
tendidos al rocío.

Naranja,
risa de oro,
en cada poro un sol te danza.

Dulce tiniebla.
Negro zapote.
Labio de crema.

Lima,
verde mujer.
Los varones del viento tienen sed.

Durazno,
terciopelo dormido;
frente, caricia, olvido.

Tuna,
arquitectura de la soledad.
El desierto te dijo la verdad.

Guanábana:
rostro indígena,
carne mágica.

Membrillo, amor escolar.
Saliva dulce, sueño amarillo...
¡Para llorar!

Ciruela,
señorita que se licúa bajo la piel
cuando el aire la roza sin querer.

Higo, jardín interior.
Iris maduro
sin perfume, sin lágrima, sin flor.

Vestido colorado, ojitos negros:
la risueña pitaya.
Muchachita de pueblo.

Cereza:
noche redonda.
Honda mirada de tristeza.

Uva, tierno cristal.
Penumbra. En luz y en sombra
tus ojos dicen el mar.

Estrella granada.
Vientre de rubíes.
Tierra enamorada.

Coco, cerrado caracol.
Un viejo rostro ríe
al agua niña que mece tu interior.

Guayaba,
dama pálida.
Desesperado aroma de cantárida.

Plátano: adámico racimo, paraíso integral,
diversidad del fruto
del bien y del mal.

Pingüicas ¡alegría!
Niñas en recreo:
bailan, ríen, brincan.

Melón,
Fruto de luz, metal
en manos del sol.

Amigo de la infancia: tamarindo,
desde el árbol paterno
dicen adiós tus dedos amarillos.

¡Quince años! Pomarrosa,
fruta o flor.
No importa clima ni color.

Papaya,
hembra de las cavernas,
indefensa, sin brazos y sin piernas.

¡Capulines, capulines!
Entre el verde cuchillo de las hojas
brillan negras pupilas aborígenes.

Nuez,
laberinto de sed,
encerrado infinito que gira al revés.

Pera,
leal construcción:
negra rama, aéreo corazón.

Verde campo abierto.
Sangre a mediodía;
muere, resucita la sandía.

Mamey: tono profundo,
labio maduro,
carne del mundo.

Jícama: “chata de agua”;
un vientre de piñata —cacahuates y cañas—
te dio nombre y presencia de fruta mexicana.

Mango: grito azarcón al aire azul.
Corazón esencial.
Trópico varón.

Pitahaya: materia de la niebla.
Hidra, sueño. País de rosa y gris.
¡Acuarimántima! Poeta...

miércoles, 13 de mayo de 2015

AURORA REYES

 

La palabra inmóvil

 

Amor, fuera olvidarte como perder los ojos,
cegar frente a los verdes más claros de la vida,
caer en el invierno con un sueño encerrado
sepultando los brotes de la flor del prodigio.

Desconocer las formas que anidaron el tacto,
ignorar la sonrisa que prepara la aurora
en los húmedos labios terrenales;
no haber sentido nunca ese punto celeste
en el que culminaron los pasos de la sangre.

Amor, fuera olvidarte como abrazar un río desde su
    nacimiento,
y sólo rescatar para la muerte una frente de polvo,
una carta perdida o el cadáver de un árbol.

En el pecho inocente del amor cabe todo:
ángeles y demonios, rosas y lejanías,
resurrecciones tristes y el crimen y el milagro.

Todo cabe en su hondura,
menos esa palabra de sueño sin columnas,
—desierto sin arenas, mar sin agua—
palabra inmóvil de vacía muerte:
ni ausencia, ni dolor, ni abismo...¡nada!

El olvido, amor mío, es palabra maldita,
que retorna a lo informe, al origen de sombra,
disolviendo la huella de la luz traicionada.

¿Cómo olvidar el aire y el agua de tu nombre?
¿Cómo olvidar la tierra y el fuego de tus manos
y el rostro de la piedra de tu rostro?

No importa la presencia, la soledad no importa,
ni los arcos de niebla que crucé por hallarte.
Amor, el victorioso latido de tu esencia
desde lo más profundo de mi ser se levanta.

jueves, 7 de mayo de 2015

AURORA REYES


 

Danza en la playa

 

Yo seré la sirena de barro:
una cinta de niebla en las piernas,
una estrella de mar en la mano.

Tú serás arcoíris de luna:
un camino de siete cristales
en la luz de una curva desnuda.

De tu amor he de ser caracol.
En mi casa girando la rosa,
el retorno girando en tu voz.

Tú serás una danza inocente
deslizando medusas de sueño
en la playa de pálida frente.

Yo seré aquella nube callada:
mis cabellos azules de cielo,
mis pupilas caminos del agua.

Tú serás una noche de negro:
terciopelo caliente los brazos,
constelada de peces los senos.

Yo seré la canción olvidada
levantando espirales blancuras
en revuelo de líquidas alas.

Tú serás una barca de espejos
en un viaje de lunas quebradas
hasta el último azul del silencio.

Yo seré caballito marino:
a galope, galope las olas,
a galope tendido el abismo.

Tú serás un lucero diamante:
en el agua tus labios azules,
una flor de infinito en el aire.

viernes, 1 de mayo de 2015

AURORA REYES


 

A veces hago un viaje

 

Ciego pie de tiniebla, vacilante,
avanza en el desierto de mi pecho.
Seguramente es el infierno.

Aquí dentro, convulso,
desbordando metales por mis ojos abiertos,
levantando mareas de veneno,
girando mariposas de cal y de ceniza;
frías caricias lentas estrellando mis huesos.

No sé si será el grito anudado al origen
que ha crecido gigante y le ha trascendido,
no sé si aquella niña en asombro que llevo
o una fotografía de lo que nunca he sido.

El ángel de la ausencia preside la agonía.

Tal vez sean los árboles que viven en mi sangre
o colores inéditos,
o voces que no quieren apagarse conmigo.

Si hubiera luz, ascendería.

Mano de sombra danza por mi frente
más allá de la sed y del sueño.
Me protege un paisaje de pájaros inmóviles.
Si supiera tu nombre... ¡te llamaría silencio!

Cruzan desnudos ríos inconcretos,
pasos de arena fina, sal quebrada.
Me protege una cifra solitaria y geométrica.
Si mirara tu rostro... ¡te llamaría distancia!

Seguramente esto es el infierno:
en muda dimensión desconocida
una sombra cayendo en pozo negro.

Si pudiera decir palabra limpia
de amor o de miseria, de olvido o de recuerdo.
Si pudiera sentir sobre mis párpados
mirada pura, voz indudable, firme transparencia,
sobre mi sien amarga...

¡Qué ala tendería!

Y pronunciar tu nombre impronunciable,
circundar tu inasible firmamento.
Imagen desolada del abismo,
sólo soy una forma sin espejo.