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domingo, 28 de diciembre de 2025

MARTÍN LORENZO PAREDES APARICIO

 

 

Natalia

  

Dejas atrás el aire de la noche.
Y hallas el límite en otro lugar.
Y los pasos que rompen invisibles
la quietud de la acera sin un alma.
Y sola con el viento que te empuja
llegas a descender por el sendero
para buscar la plaza donde existe
el sueño que al principio creías
que no era tuyo, o no quisiste vivirlo.
Ahora llega ya, sin importarle,
alguien con la noticia, con el nombre
que nunca deberías de saber.
Eres la luz, de las noches espejo.
Eres la nada, lo claro, la ausencia.

 

De: “Vivir en tu invierno”

 

 

lunes, 22 de diciembre de 2025

MARTÍN LORENZO PAREDES APARICIO

 

 

 

Camino

 

 

La primavera cruza las postrimerías del invierno y los vencejos
reniegan de su condición de emigrantes. Como todos los días,
desde aquellos de Lisboa, vas al hospital.
Los pasillos ya saben tu nombre y la luz filtrada por las
ventanas escolta la paciencia de tus ojos.
Vas contenta, con tu traje de enfermera.
La devoción al Dios, que tú admiras, empieza en la sala
de quimioterapia.
Los primeros pacientes del día se encomiendan a la habilidad
de tus manos y al consejo de la experiencia.
“No tengan miedo, todo va a salir bien. Pronto volverán a la
ternura de sus hogares. La llama de la victoria destruirá las
células del miedo”. Les dices.

 

De: “Vivir en tu invierno”

 

 

martes, 16 de diciembre de 2025

MARTÍN LORENZO PAREDES APARICIO

 

 

 

IV

  

Cuando la guerra de Ucrania estalló,
yo estaba celebrando
el cumpleaños de mi hija.
La imagen de la llama de la lucha
se mezclaba en el cristal
de la mesa, con las velas.
La tarta, también, iba a explotar.
Pero, existe otro conflicto.
En la plaza de abajo,
reos de la belleza de las hojas,
malviven los otros,
esperando el nacimiento
del sol. Natalia acaba de descubrirlos.

  

De: “Vivir en tu invierno”

 

 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

MARTÍN LORENZO PAREDES APARICIO

 

 

XLIII

A mi hija de cuatro años

 

 

Acuérdate, Julia,
de la luz del
Mediterráneo.
Con dos años, ya lo habías visto.
Eras valiente, tocar siempre el mar
querías.
Todavía sigues haciéndolo.
Salvar vidas en el azul
es el hilo de tu destino.
Las primeras palabras de este poema
son muy ciertas.
Sin embargo, tus veranos son cuatro.
Sé que tu ventura
será entrar en el mar de tu infancia,
donde las olas
pronuncian con alegría tu nombre.

 

De: “Vivir en tu invierno”

 

jueves, 4 de diciembre de 2025

MARTÍN LORENZO PAREDES APARICIO

 

  

XVII

  

Antes, las noches eran invisibles.
Apenas, un ruido,
un murmullo.
Ahora, son coto privado
de las niñas.
Sus desvelos aciertan y te apresan.

Madrugadas sin dormir.
Y las calles, con sus cielos abiertos,
el secreto descubren
de tus pasos.
Y tu mañana empieza en una sala
de quimioterapia.