viernes, 17 de marzo de 2023


 

MARCELO MOREYRA

 

 

 

¡Mueren niños!

  

Mueren los niños de Siria
fusilados en la indiferencia,
también en la bella Israel
bajo espadas que parpadean,
ahogados en plomo hirviente
agazapados en mil tormentas,
soñando con playas de oro
y chocolates en blancas mesas.

Mueren en tierras lejanas
como parias sin Dios, sin bandera
cual gorriones desterrados
en castillos de sal y de arena,
sobrevolando en penurias
por rancios designios de la guerra.

Mueren niños cada día
allá por las patrias polvorientas
donde misiles del odio
perforan la Paz que nos desvela,
tibia canción de milenios
agonizando en sangrientas cuerdas.

Mueren niños y lloramos
acongojados por hondas penas,
por tantas niñas violadas
en africanías de violencia,
por refugiados del mundo
cuyo calvario nos avergüenza.

Mueren los indios pequeños
en todos los puntos de América,
mueren con manos vacías
sobre la crucificada selva,
mueren niños en las villas
detrás de ínfulas palaciegas,
también después de mi cuadra
sin barriletes y sin escuela.

Por ellos muy pocos lloran
y no hay plegarias que los protejan!!!

 

DANA GELINAS

 

  

 

Ciudad de cal


Yo nací bajo un cielo de cal,
donde la sombra era cada vez
más luna menguante
y la noche sitiaba su propio espejismo.
Ese lugar no era
lo que se dice un vergel
y sin embargo mi abuela y mi madre
–cuando madre y niña–
alcanzaron los racimos maduros
de tanto tiempo que esperaron
bajo el portal.
Ante mí, en cambio,
un día se abrió el suelo de la casa.
Allí brotaron,
uno por uno,
los males que no alcancé a nombrar a tiempo,
en el pecho esa prisa maldita,
un dolor de piedra en la espalda,
un infinito miedo a lo finito
como una sombra que va siempre adelante
y una voz que cortaba, tan amarga,
lo que antes era mi alimento.
Por eso escondo ese pueblo
y oculto su paz de polvo.
Ahora, que en esta rabia recomienzo una cosecha,
vuelven a mí las sombras prolongadas del desierto
y en sueños se desgrana un racimo ácido de insomnio
y un constante porqué, como en sordina.

 

 

ÁNGEL MARÍA GARIBAY

 

   

 

El Oyamel

  

GLAUCA en las cumbres tu ojival cabeza,
cual arpa al viento, sin cesar se mece;
mitos ocultos murmurar parece,
o que, piadosa, sin cansarse reza.

Del huracán se burla tu firmeza,
tu plumígera fronda se estremece,
y, ni al invierno, ni al ardor perece,
azul e inmóvil, muere como empieza.

Todo eres bello: por ti sube el alma
a otras alturas y en la paz reposa
que tu frondoso tremular destila.

Pero es más bella la profunda calma
de un ataúd, hecho de ti, en la fosa
que el dolor abre y el amor vigila.

 

 

ALBERT SAMAIN

 

 

 

Otoño

Para Milciades Peralta

  

Con pasos mesurados por la avenida fría
vagamos taciturnos bajo la paz del cielo;
la tarde otoñal sufre no sé qué nostalgía,
y en una indefinible, brumosa lejanía
pasan mujeres blancas con túnicas de duelo.
Como una inverosímil violeta, en el ocaso
deshójase la hora muriente. En la avenida
cada hoja susurrante y enferma que al acaso
rueda de la arboleda con un fru-fru de raso,
evoca en nuestras almas alguna ilusión ida.
Su corazón ya frío, y el mío, indiferente,
sueñan, aletargados, con un distinto puerto,
pero en la tarde hay una dulzura tan doliente,
tan suave, que olvidamos nuestro vivir incierto,
y en la desesperanza del día que se aleja
hablamos en voz baja, que tiene algo de queja,
de nuestro amor difunto, como de un niño muerto….

 

 

BARRY GIFFORD

 

 

 

Oda seudopindárica a Francis Jammes

 

Por supuesto, Jammes estaba loco.
Su realidad era su imaginación:
allí vivía y hacía el amor
con flores, abejas, árboles, vírgenes perfectas.

Era un católico panteísta,
un soñador grácil, espléndido.
¡Qué delirante delicadeza la suya para incrustar
un riachuelo de abejas solares en un roble altivo!

La muchacha desnuda era su Rima, vibraba
como el brote de un membrillo silvestre en la lluvia;
el refugio del poeta se inflamaba de
estrellas de China, suaves plumas de niebla,
un temblor de arco iris.

¿Qué han hecho los hombres para que sufras tanto?,
pregunta la muchacha, ¿para que tu alma sangre?
¡Han mentido!, chilla el poeta.
A veces he querido irme con mis perros lejos,
muy lejos, a una playa remota donde
sólo se vea el sol y el agua
subir y bajar para morir entrelazados.

Es este el corazón de la locura, como dice ella,
y Jammes lo toca con elegancia.

 

 

ROXANA CRISÓLOGO

 

 


Una conversación de madrugada

  

sobre la leche de cabra y la leche de vaca
cuando nadie escucha
cuando nadie piensa
cuando los olores cavan su escondite a la sombra

Los dedos matan el tiempo cambiando el dial de la radio
buscando sacar manchas
como en el comercial

Un instante feliz
para que cuando amanezca
nadie escuche ni huela
nadie intente excavar
la soledad del vaso

En la madrugada
tomar leche de vaca
porque dormir es quedar en blanco
con el estómago vacío
un estilo de vida

Te remonta a un mundo sin vacas ni cabras
te remonta al mundo
cuando nadie piensa que esto en realidad es un desierto

Mi amiga que también sufre de intolerancia a la lactosa
me confesó que tiene el mismo sueño
sin vacas ni cabras
sin leche ni luz

Cuando nadie escucha
cuando todos duermen
cuando nadie quiere saber a dónde va a parar
tanto dinero
tanto trabajo

Cabras y vacas
devorándose el aire

La proteína
La mala leche.