domingo, 28 de mayo de 2023


 

AITANA ALBERTI

 


 

Amazona en la Centella

 

Amazona en la centella
amazona en el aire
y en el halcón dorado
que rasga en dos la tarde
creyendo ser la flecha

Te ceñiré con brazos de agua reposada
cabalgaré tus vientos
libre seré en tu carne
No impongas
un vuelo corto al canto de mi boca

Ámame como soy
tan amorosa como la llama del hogar
y tan lejana como la Cabellera de Berenice

Ámame como soy
te entregaré multiplicado el cielo

 

De: “Crónica familiar”

 

ROSARIO LOPERENA

 

  

 

Ornitología

 

Toda la noche estudié el fenómeno del cambio de voz en los pájaros
causado por motores. Los Dodge, los Mitsubishi, los han hecho barítonos;
quedan ya pocos sopranos y son los indigentes de los abedules.

Su nueva conciencia de tenor es para atraer gusanos
y alimentar hijos que pían como criaturas pop.

Bajo las ramas, los oráculos más precisos son las caricaturas.

Vivo en Iztapalapa, trabajo para el hombre más rico del mundo,
odio esta democracia y mi código ético me hace evitar las hamburguesas.

Hoy los árboles son casi tan hostiles como las ciudades.

Los altares son para los que sobreviven.

 

 

IRENE SELSER

 

 

 

El álamo Carolina


El ferrocarril todavía pasa por el pueblo de Chacabuco
donde, solitario y sin estacas, nació el más bello de los árboles.
Fue creciendo hacia arriba y por debajo,

llenándose de preguntas como de pájaros¹.
Sueña el álamo Carolina con el siguiente verano cuando todo resplandece,
pero aún es mayo en el sur otoñal.
Por fin ve aproximarse al hombre a lomo de un caballo exhausto
–¿dónde estaba el desaparecido?
Él se quita el sudor de los párpados con la manga de la camisa,
aspira el verde y se recuesta en el tronco.
Entonces Haroldo se duerme y sueña que es un árbol.

 

De: “Don de la ausencia”

1.- Haroldo Conti.

 

LAURI GARCÍA DUEÑAS

 

  

 

II

Retornados

 

Me fui hace 15 años
volví por razones que no puedo explicar a través del lenguaje
no todavía.
Era un pendiente conmigo misma
y con mis hijos.
Volver.
Hubiese querido que fuese por otras razones
menos apremiantes
pero heme aquí
henos aquí.
Llegué al aeropuerto monseñor Romero
con una cantidad irrisoria de dinero
que se multiplica gracias al trabajo de este cerebro
y estas manos de uñas recién cortadas
para todo lo que la crianza impone.
Fructificar, pienso, mastico.
Fructificaré, lo sé.
Floreceremos.
Las primeras tardes que salí a caminar quería llorar
todo el tiempo.
No sé por qué.
Sí sé por qué.
“No vayás caminando, no andés en bus”.
Máscaras.
Mascarillas.
Una mujer desconocida me habla en la parada como si
yo, ella, toda la vida.
He vuelto a casa. Yo soy mi casa y la casa de mis hijos.
He vuelto al cubil.
Me abraza y me duele todo.
¿Cómo nos dicen a los que volvemos del norte a El Salvador
después de tantos años?
Retornados.
Soy un fantasma de hace 15 años
pero me siento tan cómoda
como alguien que tenía mucha sed
y luego bebió.
Me gusta la música que ponen en la radio.
“No le cambie”, quisiera decirle al chofer de la 46-C,
pero solo guardo silencio.

 

De: “Más allá de la aureola marrón y núbil”

 

ELIZABETH PÉREZ TZINTZÚN

 

 


 

Cantador

 

Andas
buscando por todas partes la canción
aunque tus pies no lo sepan todavía.

Como al árbol de durazno
miras así tantas flores en sus ramas.
Y cuando comienzan los duraznos a madurar
das vueltas y vueltas a su pie
con la gana de cortarte el mejor fruto.
Después
ansioso lo muerdes.

Andas buscando a veces
estar solo
y el canto del gallo, del pájaro, del búho
y del grillo te acompañan.

Si tienen tus ojos
dónde mirarse,
si habla tu boca
y suena la guitarra,
habrá de estar contigo
una flor de durazno.

 

La versión original del poema está escrita en lengua P’urhepecha

 

 

LOU PARRA

 


 

Mancha 2

 

Por tu presencia mítica,
cuerpo estriado
es mancha
de/mente.

Ha salido y vuelto
a tu madriguera
con motes aciagos
y una parábola en su cuerpo.

Plomizo abandono
que sabe lo que pasa
y como giróscopo
corrompe la tierra.

Animal de prueba
con veneno regulado
avanza y retrocede
para beber su agonía.

Vedeja perdida,
niega el fuego
que otros prenden
en su cabeza.

Del espacio cavernoso,
Safo y Platón le despiden,
y sin pre/texto
se vuelve tinieblas.