"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
sábado, 18 de febrero de 2023
OSWALDO ESCOBAR VELADO
Patria
exacta
Esta
es mi Patria:
un montón de hombres: millones
de hombres; un panal de hombres
que no saben siquiera
de dónde viene el semen
de sus vidas
inmensamente amargas.
Esta
es mi Patria:
un río de dolor que va en camisa
y un puño de ladrones
asaltando
en pleno día
la sangre de los pobres.
Cada
gerente de las compañías
es un pirata a sueldo; cada
ministro del gobierno democrático
un demagogo
que hace discursos y que el pueblo
apenas los entiende.
Ayer
oí decir a uno de los técnicos
expertos en cuestiones
económicas, que todo
marcha bien; que las divisas
en oro de la patria
iluminan las noches
de Washington; que nuestro crédito
es maravilloso; que la balanza
comercial es favorable; que el precio
del café se mantendrá
como un águila ascendiendo y que somos
un pueblo feliz que vive y canta.
Así
marcha y camina la mentira entre nosotros.
Así las actitudes de los irresponsables.
Y así el mundo ficticio donde cantan
como canarios tísicos,
tres o cuatro poetas,
empleados del gobierno.
Digan,
griten, poetas del alpiste.
Digan la verdad que nos asedia.
Digan que somos un pueblo desnutrido,
que la leche y la carne se la reparten
entre ustedes
después que se han hartado
los dirigentes de la cosa pública.
Digan
que el rábano no llega
hasta las mesas pobres; que diariamente
mueren cientos sin asistencia médica
y que hay mujeres que dejan
la uva de su vientre
a plena flor de calle.
Digan
que somos lo que somos:
un pueblo doloroso,
un pueblo analfabeto,
desnutrido y sin embargo fuerte
porque otro pueblo ya se habría muerto.
Digan
que somos, eso sí, un pueblo excepcional
que ama la libertad muy a pesar del hambre
en que agoniza.
Esta
es la realidad.
Esta
es mi Patria: 14 explotadores
y millones que mueren sin sangre en las entrañas.
Esta
es la realidad.
¡Yo
no la callo aunque me cueste el alma!
NOVICA TADIC
2
En
un callejón sin salida,
un niño hace rodar el halo
de la santa madre.
De:
“Pequeño catálogo de imágenes”
JUAN RAMÓN MOLINA
Metempsicosis
Del
ancho mar sonoro fui pez en los cristales,
que
tuve los reflejos de gemas y metales.
Por
eso amo la espuma, los agrios peñascales,
las
brisas salitrosas, los vívidos corales.
Después,
aleve víbora de tintes caprichosos,
magnéticas
pupilas, colmillos venenosos.
Por
eso amo las ciénagas, los parajes umbrosos,
los
húmedos crepúsculos, los bosques calurosos.
Pájaro
fui en seguida en un vergel salvaje,
que
tuve todo el iris pintado en el plumaje.
Amo
flores y nidos, el frescor del ramaje,
los
extraños insectos, lo verde del paisaje.
Torneme
luego en águila de porte audaz y fiero,
tuve
alas poderosas, garras de fino acero.
Por
eso amo la nube, el alto pico austero,
el
espacio sin límites, el aire vocinglero.
Después,
león bravío de profusa melena,
de
tronco ágil y fuerte y mirada serena.
Por
eso amo los montes donde su pecho truena,
las
estepas asiáticas, los desiertos de arena.
Hoy
(convertido en hombre por órdenes obscuras),
siento
en mi ser los gérmenes de existencias futuras.
Vidas
que han de encumbrarse a mayores alturas
o
que han de convertirse en génesis impuras.
¿A
qué lejana estrella voy a tender el vuelo,
cuando
se llegue la hora de buscar otro cielo?
¿A
qué astro de ventura o planeta de duelo,
irá
a posarse mi alma cuando deje este suelo?
¿O
descendiendo en breve (por secretas razones),
de
la terrestre vida todos los escalones,
aguardaré,
en el limbo de largas gestaciones,
el
sagrado momento de nuevas ascensiones?
ELISA HUEZO PAREDES
Designio
Para Alfonso
Adherida
a tu ser, a ti adherida
como tu misma piel, como tu acento,
apagada por ti, por ti encendida,
arteria, entraña, fibra, ligamento.
Quién
sabe por qué arcano filamento,
por qué ignoto designio fui fundida
a tu esencia vital en tal medida
que estoy en ti como tu propio aliento.
En
mi se cumple el bíblico suceso
de manera total pues soy arcilla
que salió de tu carne y de tu hueso…
Mi
nombre lo proclama: soy tu arcilla
Y navego en tu sangre como un beso
Sin tiempo, sin distancia y sin orilla.
A. MORALES CRUZ
La
casa llena de agua
La
casa llena de agua. Por los bordes, entraba la agitación de lo lluvioso. Las
hojas de zinc semiquebradas eran un paradero de agua colándose por entre las
ranuras raídas y débiles. Era una casa débil, encima de ti. Tratabas de
incorporarte y volvías a tumbarte en la cama. El frío y el viento también te
hacían débil o frágil. Porque la fragilidad es la mejor condición del vidrio. Y
tú calificas como esa copa de cristal. Un ser vidrioso es un ser compuesto de
melancolía. Ya el agua llegaba hasta un poco más arriba de los tobillos. Yo me
levantaba del agua como un meteorito acuático y miraba el ámbito inundado
contigo en la cama. Charqueaba de un lado a otro, como buscando algún objeto de
oro o un viejo documento personal, tal vez una carta con tus iniciales. Parecía
martes. Porque los martes es cuando más llueve en octubre. Ya me había
acostumbrado a esa rutina. No hay reportes en la radio. Pero la tormenta
persiste y afuera se escucha el zumbido como si tuviera boca o los dragones de
los cuentos se hubieran zafado de las páginas y escurridizos se metieran en la
naturaleza de la lluvia, para darle una expresión pero que le dicen tormenta
para no decir dragón.
Y
yo te cuento, mientras duermes, la historia de los aborígenes que huyeron de la
superficie de la tierra para cavar hoyos profundos y esconderse de los leones y
de los monos de colmillos que atrapaban y desgarraban como presa, mientras
cavaba cerca de la cama un hoyo real. Tú volvías a intentar levantarte pero el
miedo al ahogamiento se transformaba en un terror que por tus ojos se veía.
Pensé que con un alma así, tan frágil, es imposible sobrevivir a una hostilidad
como ésta.
Ahora
te contaba cómo mi padre murió en un tiempo como éste, alrededor de abril,
cuando la humedad se apodera vaporizando y ahogando la respiración mientras uno
quemaba la madera podrida abandonada en la intemperie de las calles.
Entonces
me preguntaste si era mejor morir obstruido por el agua o requemado por la
asfixia del calor incesante que se cierne en abril, cuando aparecen las moscas.
Trepé
al calor de la cama, puse una almohada apretando tu cara y tú jadeando por la
falta de aire te quedaste flotando en la cama de tu abuelita.
Ahora
sí, ya no me preguntarás más por qué hago estas cosas.
De:
“Lejanos parientes indecentes”
RENÉ E. RODAS
Encuentro
Bajo
ese puente te encontré: En tu regazo agonizaba
el verano, y tú eras una isla llena de colinas y sauces.
Cerca había un río y más cercano el río de tu voz.
«Cuéntame un cuento, peregrino» dijiste.
De:
“La balada de Lisa Island”
