Metempsicosis
Del
ancho mar sonoro fui pez en los cristales,
que
tuve los reflejos de gemas y metales.
Por
eso amo la espuma, los agrios peñascales,
las
brisas salitrosas, los vívidos corales.
Después,
aleve víbora de tintes caprichosos,
magnéticas
pupilas, colmillos venenosos.
Por
eso amo las ciénagas, los parajes umbrosos,
los
húmedos crepúsculos, los bosques calurosos.
Pájaro
fui en seguida en un vergel salvaje,
que
tuve todo el iris pintado en el plumaje.
Amo
flores y nidos, el frescor del ramaje,
los
extraños insectos, lo verde del paisaje.
Torneme
luego en águila de porte audaz y fiero,
tuve
alas poderosas, garras de fino acero.
Por
eso amo la nube, el alto pico austero,
el
espacio sin límites, el aire vocinglero.
Después,
león bravío de profusa melena,
de
tronco ágil y fuerte y mirada serena.
Por
eso amo los montes donde su pecho truena,
las
estepas asiáticas, los desiertos de arena.
Hoy
(convertido en hombre por órdenes obscuras),
siento
en mi ser los gérmenes de existencias futuras.
Vidas
que han de encumbrarse a mayores alturas
o
que han de convertirse en génesis impuras.
¿A
qué lejana estrella voy a tender el vuelo,
cuando
se llegue la hora de buscar otro cielo?
¿A
qué astro de ventura o planeta de duelo,
irá
a posarse mi alma cuando deje este suelo?
¿O
descendiendo en breve (por secretas razones),
de
la terrestre vida todos los escalones,
aguardaré,
en el limbo de largas gestaciones,
el
sagrado momento de nuevas ascensiones?
No hay comentarios:
Publicar un comentario