lunes, 13 de abril de 2026


 

BRITA HELENA CAMERO

 

 

De eso que cae con la lluvia 

Las mismas aguas de espejo
en las que no he de beber;
y en el borde de esas aguas
el mismo muerto de sed.
Octavio Paz

  

Necesito un poco de tiempo,
un poco de eso que cae con la lluvia
para no dejar que se sequen los pensamientos
y caiga en el vértigo de no reconocer mi voz.

Con el paraguas sólo se escurre la vida simple
el agua no calmará mi sed.
Pido tiempo para observar la caída
de las indómitas palabras del cielo.

Un poco más de espera, por favor,
el tiempo es la esperanza de su autodestrucción.
Estoy sedienta, seca a la muerte
y quiero volver a casa.

Lluvia a mi sendero,
huellas para mi extravío,
tiempo de imaginarse
el llanto de niña que tiene la poesía a la deriva.

 

 

 

MARÍA BELÉN MILLA ALTABÁS

 

 

Lucrecio, amigo

Para Jerónimo

 

Un mundo festivo es un poder que no merecemos
hubo un amor como un rebaño herido en el futuro: aquí
el vínculo,
                   la yegua y el pelo
de yegua en el método más firme de las cosas
he de llorar por
                     un motivo hermoso colocado
como un premio entre las personas
hubo un amor y hubo soberanía
y lenguajes como metrópolis estallando los pechos
y hubo lo pequeño
el amor se traslada igual que murmuraciones entre
las repúblicas llenas de jardines
desbordándose como un dios menor sobre
la historia del mundo: criaturas, gozos
naturales, noticias,
noticias
la historia del mundo es un verso peruano
hiriendo a los elementos
hubo un amor            hubo un pensamiento gritando
no la masa, no
el poder
lo que amo me atraviesa como un aceite azul
en la gimnasia de los fragmentos y las cosas
un verso peruano daña distinto:
                                                          yegua y este amor
pelándose suave como una callada matemática.

 

 

LUIS ERNESTO GONZÁLEZ SOTO

 

 

 

¿Cuántos sueños, yo?

  

¿Cuántos años tienes, rama?
Hoy no conté tus pájaros.
La luz anidada,
el viento en tu cántaro
suena tu voz, bálsamo.
Tierra devastada.
Tú su luz resguardas
en tu copa, párpado
del dios del relámpago.
Bienhechora, cantas.
¿Cuántos años tienes, rama?
Hoy no conté tus pájaros.

 

 

STEPHANIE ALCANTAR

 

 

 

Arte poética

  

La quise
intocable
como la llama de una vela.
La quise
con todas sus aristas
y su ojo esférico
que lo miraba todo,
en cualquier dirección,
en todos los tiempos.
La quise
precisamente por eso,
por su cualidad monstruosa,
por sus propiedades inconstantes.
Nunca fue la misma,
nunca,
como no es nunca
la palabra nunca definitiva.
Así como era de la belleza
y del castigo
no era de nadie,
y a todos nos miraba así,
con una lujuria semántica,
con un placer semiótico
con un temblor que apagaba significados,
A ratos era relámpago,
un quieto relámpago
cautivo en una bombilla.
A veces era la única bombilla
encendida en la habitación,
y era la habitación
donde cabían todos los nombres de la casa.
La palabra era una casa,
por eso todos asistíamos a ella
como se va a un templo y a un estadio,
donde se adora y donde se admira
el juego de las letras
persiguiendo al significado.
La quise
como a todas las cosas que habité,
con toda la nostalgia de una casa sola
y con la inútil certeza
de un hogar que es mío.

 

Versión de Ilana Luna

 

CLAUDIA HERNÁNDEZ

 

 

 

Matar

 

Mato por rabia, por odio, por despecho; mato por celos,
por venganza; mato para hacer (me), hacer (te) justicia,
para que entiendas de una vez y para siempre, para descansar
de ti; mato por miedo, para robar, para huir, para defenderme;
mato por hábito, para divertirme; mato por reacción,
para que no me mates, para que no me violes. Mato porque
ya no aguanto, porque quiero morirme pero no me atrevo,
porque hasta los niños matan, porque estoy enfermo, porque
estoy loco, porque estoy triste, porque ya nadie me quiere.
Mato en nombre de mi religión, en nombre de mi pueblo,
de la libertad, de la democracia. Mato en nombre de Dios.
Y también mato porque se me da la gana, aquí, en la chabola,
en el barrio, en el antro, en la carretera, en tu casa, en la mía.
Mato por droga, porque me excita, porque me ejercito, porque
un día a mí me van a matar. Mato perros, gatos, puercos, gente.
Mato al que va en la calle, al que duerme, al que se divierte.
Mato con armas para que haya sangre, para que corra la sangre
como mi rabia, mi hartazgo, mi injusticia, mi fealdad, mi sexo,
mi gordura, mi diabetes, mi cirrosis, mi cáncer, mi retraso mental,
mi estupidez, mis pesadillas, mi vida sin remedio.

Te mato a ti pero puedo matar a tu hermana, a tu padre, a tu mujer,
a tus hijos, a tu amante, a tu abuela, a tu perro. Te mato hoy pero
no confíes porque puedo matarte mañana, cualquier día,
con las balas que van a perforar tu pulmón y tu estómago
y que se alojarán, muy calientes, en tu cuello, en tus ingles,
en tu cabeza. Y lo tuyo no será de nadie, ya ves, lo que pregonaste,
lo que hiciste, lo que sabías, lo que tanto te gustaba: tus mañanas,
tus noches acompañado, tus recuerdos, tus planes, todo se lo comerá
el acero. Bullets, hermano, bullets; qué tragedia, qué dolor,
van a gritar los que te conocieron, y tú ya en cenizas, hombre,
mujer, niño, feo, bonito, bruto, genial, pobre, rico, qué importa.
¿Mataste alguna vez? ¿Lo has intentado?
Dispara, le dice el maleante al muchacho,
¿o es que no te atreves?
Nunca ha habido un arma en mi casa, nunca la hubo,
nunca he disparado.

 

 

ARTURO BORRA

 

 

Sin resguardo

  

Ya no puedo correr a ningún resguardo
ya no hay más que presidios
que no ocultan el miedo
que me fractura la espalda/ de frente
a este sitio donde la sed
duele en todos los rincones del hombre
en cada región donde las manos esconden el oro
de la noche/ el abrazo ciego al lamento
aullido que repta en los cráneos
como un eco que tiembla
de rodillas
                ante el disparo.

Me encarcela lo atroz:
ningún amparo preserva esa inocencia todavía tibia
que cubre el rostro de los moribundos.
(Se los lleva el río púrpura hasta su borde erosionado
corriendo aún/ antes de esta captura
repetida en los hornos
tan próximos
a este baldío llamado
Tierra).

  

De: ”Figuras de la asfixia”