Sin
resguardo
Ya
no puedo correr a ningún resguardo
ya no hay más que presidios
que no ocultan el miedo
que me fractura la espalda/ de frente
a este sitio donde la sed
duele en todos los rincones del hombre
en cada región donde las manos esconden el oro
de la noche/ el abrazo ciego al lamento
aullido que repta en los cráneos
como un eco que tiembla
de rodillas
ante el disparo.
Me
encarcela lo atroz:
ningún amparo preserva esa inocencia todavía tibia
que cubre el rostro de los moribundos.
(Se los lleva el río púrpura hasta su borde erosionado
corriendo aún/ antes de esta captura
repetida en los hornos
tan próximos
a este baldío llamado
Tierra).
De: ”Figuras
de la asfixia”
No hay comentarios:
Publicar un comentario