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martes, 12 de abril de 2016

MICHÈLE NAJLIS




Tu rostro buscaré, Señor



Oigo en mi corazón:
“busca mi rostro”
Tu rostro buscaré, Señor.
En las altas estrellas,
en el aire inasible
en el agua que calma mi sed.
En las olas del mar y en los hondos abismos,
en las blancas esferas que giran,
en los siete colores del alba,
en las notas sagradas del prisma
Tu rostro buscaré, Señor.
En mis manos
en mi vientre fecundo,
en el fondo de esta víscera vacía
llamada corazón
Tu rostro buscaré, Señor.



miércoles, 14 de mayo de 2014

MICHÈLE NAJLIS



 

Poema Yo, Mujer

  

Yo, mujer,
terca habitante del planeta
  veo llegar el día en que el otoño
  bese feliz la primavera.
Espero la vendimia de mi sangre.
Veo tomarse ocres las verdes hojas de mis manos.
Siento crecer la vida que sembré con loco amor
e insensatas alegrías,
mientras fueron pasando, uno a uno,
soles, constelaciones y planetas.

Aprendí a pronunciar los nombres de mis hijos
que me fueron revelados poco a poco
cuando ellos eran apenas
dulces astronautas de mi vientre.

Conocí los secretos de la vida.
Bebí con avidez rachas de viento,
embriagué mi piel con la salobre espuma
dorada por el sol.
Conocí la tormenta en el océano
la perfecta oposición de los astros sobre el mar,
y sentí la pequeñez indómita de este cuerpo que ocupa
apenas un fragmento del tiempo y del espacio.

Yo, mujer,
terca habitante del planeta
he dejado mi huella amorosa en la nube
que pasa ligera.

Ahora espero,
gratia plena,
el día en que el otoño bese feliz la primavera
para compartir
gozosa
este jugo fermentado que es ahora mi sangre.

 

 

martes, 13 de mayo de 2014

MICHÈLE NAJLIS



 

Quiero un poema sencillo y bueno

 
 

Quiero un poema sencillo y bueno
como el pan,
caliente y oloroso
con ese olor de gente,
de harina,
de manos amasando
y de un gran fuego rojo en el cielo del horno.

Quiero decirte: Ven,
mi pan es tuyo
¿no ves qué manos lo amasaron?
¿no ves que un mismo amor lo ha cocido
y que mis manos y las tuyas
estuvieron juntas en la panadería?
¿No ves que venimos amasando pan
desde el primer grano que sembramos?

Ven:
compartamos el pan y la esperanza
aunque el dolor sea largo
y la angustia infinita.

 

 

lunes, 12 de mayo de 2014

MICHÈLE NAJLIS



 

Ya tú sabes que murió

 
 

Ya tú sabes que murió

y sabes dónde está la tumba del hermano,

aquel hermano que no tuvo sepultura.

Tú lo sabes

porque tu corazón es tierra que lo cubre

y nuestros días flores nuevas para florecer su tumba.

 

 

 

domingo, 11 de mayo de 2014

MICHÈLE NAJLIS



 

Ahora que andas por los caminos de la Patria


 

Ahora que andas por los caminos de la Patria

con el corazón en todo el cuerpo.

Ahora,

con las piernas en el barro

y el fusil —más tarde arado—

junto a tu espalda fuerte.

Ahora,

tal vez de día

tal vez de noche,

piensa que el pueblo es tu victoria

y lucha contigo.

Ya

 

jueves, 8 de mayo de 2014

MICHÈLE NAJLIS




 

Cuando todo hiere en lo hondo

 
 
 

Cuando todo hiere en lo hondo

y solo, frente a tu imagen,

la encuentras deformada por espejos ignorados;

cuando las cosas viven ante tu sombra,

cuando tu palabra te parece ajena

y el ritmo de tu sangre huye de tu cuerpo;

cuando tus manos te son lejanas

y no reconoces las huellas de tus pies;

cuando casi olvidas el rostro que se acerca;

cuando no percibes más que superficies muertas;

entonces,

como el salmón,

remonta la corriente

con toda la furia de tu ira.

No desesperes

el agua romperá las piedras.

 

 

sábado, 3 de mayo de 2014

MICHÈLE NAJLIS


 

 
 

El eterno canto de las sirenas

 

A Daisy, Ana Ilce, Vidaluz y Gioconda

 

  

¿Qué decía, Ulises, el canto de las sirenas que tu pobre

astucia

no se atrevió a escuchar?

¿Qué fue de la armoniosa perfección

que tus naves esquivaron?

¿De qué sirvieron tus viajes, para qué las arenas de Troya,

la victoria a traición,

la embriaguez de Polifemo?

¿Para qué la gloria de los siglos, insensato,

si, hombre al fin, tuviste el milagro al alcance

de tu mano

—más importante que la gloria

más efímero que la fama, y por eso

sólo por eso, terno—

y te negaste, cobarde, a descifrarlo?

 

Pero las sirenas, Ulises, son eternas.

Otros son los que escuchan ahora nuestros cantos.