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miércoles, 31 de diciembre de 2025

RIGOBERTO GÓNGORA

 


 

Momentos sin pan y sin dinero


Tomen mi sombra y cobren.
Salgan a caminar por los portales.
Deshagan las últimas gotas de vida en mi silencio.
Desahoguen su lupa de impulsos y
descubran el minuto
ardiente.
Y tú,
desaforada bestia:
diviértete,
duerme en el rebaño y
juega con la hierba.
Después, mucho tiempo después,
despertarás con un grito,
verás que tu espalda se acomoda lentamente
y tumbarás las piedras del sofisma…
sólo entonces hundirás tus dientes…
y cuando lo hayas saboreado todo,
todo,
lo sabrás…
sabrás,
sabrás a pura sangre
que tú eres la bestia.

 

sábado, 20 de diciembre de 2025

RIGOBERTO GÓNGORA

 

 

 

La ortografía de los académicos

  

Bueno, no necesito enfrentarme
a la ortografía
de los académicos
ni mejorar la cortesía
para escribir cartas como de costumbre.
Aquí destrabamos, al menos,
nuestros prejuicios a solas.
Porque el silencio es un espejo
esperamos salir a caminar y
nos atan las costumbres familiares
―sensiblerías, paja y
otras cosas―, pero,
estoy seguro,
en un momento estallará la
protesta de labios
del calcañal.
Estos barcos esperan,
vagan,
esperan.
El calor nos devuelve la realidad
de una América enferma y
nos decidimos a degenerar
milenariamente este sistema.
Pongámosle los cuernos a la civilización.
Espero al día que se acerque a mi fe,
cuando ya no mire de buen modo
las costumbres supremas.
Espero se comprenda esta manera tan mía
de vociferar y
aguantar por un minuto más el silencio…

 

 

domingo, 14 de diciembre de 2025

RIGOBERTO GÓNGORA

 



Eran los días tristes de mi mugre

  

Abrir estas páginas no envilece la piedad del lector que duerme a pierna suelta, con una bomba en la mano.

Nada es oficial en el área en que nos desenvolvemos, todo es algo así como un incendio que quema y purifica los timbálicos metales de la rosa.

Madrugadas tristes como aquella en que mi padre lloró y al día siguiente supo que yo había muerto.

Sonrisas falsas quebraron el pavimento de mi madre y una cosecha de dientes penetraba en el silencio.

Los humos, el humo, el humeante cigarrillo de las moliendas cercanas a mi pueblo dominan a un campesino dormido y comiendo algo así como soles dorados en su espalda.

Rompimiento de bloques que revientan la imaginación y que en un rato de cólera destrozo.

Todo era trastos viejos en el sillón aquel de la esperanza turbada por motivos pueriles, que adolecían de vástagos ingenuos y fetos injertados en la conciencia.

Concavidad craneal la de los perros que duermen acechando el hueso del hartazgo y fenecidos sueños se remolinan en sus alrededores.

Y se creía un héroe aun siendo payaso; le decían el héroe de las risas infantiles de gente añeja y vencida.

Y se creía un hombre arrastrando hasta su cuarto vírgenes húmedas de pan y sexo. Y creía en el poder de los guerrilleros que cortaban caña en los campos de La Habana.

Y un quebradientes creía ser también cada noche de boxeo inesperado, o qué sé yo, un cliente mal pagado que al calor de las copas derramaba lágrimas de versos quemantes en un insospechado movimiento de poeta bastardo.

En fin, era un gran amante.

Amaba las paletas de palitos Foremost para pintar los ojos verdes de su dueña que le hizo creer gran acierto de la burócrata y peluda maledicencia, de la embajada cultural de aquel país chiquito donde vivían las hormigas que picaron muy fuerte, e hicieron derramar la sangre de los muertos que en marzo querían reventar la primavera de aquel año en que los gorilas se hicieron vampiros.

Todos eran bastardos, hasta el sol que desmelechaba sus risas perdidas en el fondo de un barril en el que se destinaban las sobras del ejército.

Todo era temor; aun como la pálida canción de la alegría, o la novena sinfonía de Beethoven.

 

 

lunes, 8 de diciembre de 2025

RIGOBERTO GÓNGORA

 



Testigo es el agua

  

Testigo es el agua
de que me gustan las frutas
después del baño,
después de abrasar las espumas de su fuente,
después de oír la risa de los muertos
que reclaman la siesta
en el florido descanso de los árboles.

Orino en el bosque cuando lloran las piedras.

Testigo es el agua
de que ustedes son los infieles
los buscadores de juventud
a los que les gusta jugar sucio
―culebras, autonombrados genios―.

En fin, los dejo.
No sé nada de intrigas.
Nos vemos. Chao. Nos vemos.

 

martes, 2 de diciembre de 2025

RIGOBERTO GÓNGORA

 

 

Testimonio

 

 

Las verídicas piernas de un mamey tierno
me hacen cosquillas en el hueco del hambre
cuando mis padres aúllan por el deseo.

Un dedo pinta innumerables puertas de amistad
en los dominios estrictamente prohibidos
a los netamente naturales peces del aire.

Colándose en las entrañas un dolor tremendo
cunde en estos días que tenemos sarna
y nos acostumbramos a rascar las mentiras.

Esta noche tendré que contar las historias
de las hormigas que preñan a esos hombres
que gustan de tristezas. Este será mi testimonio.

 

 

 

 

domingo, 30 de noviembre de 2025

RIGOBERTO GÓNGORA

 

  

Los actores caminan

 

 

Una manera de decirte adiós,
mi perro vagabundo,
una manera de llorar mirando al cielo,
como si dijeran que la mente
se pudiera meter en el bolsillo.
La desesperación
quiebra cánones,
apariencias,
mitos.
Constantemente estamos en el viaje,
morimos y anclamos.
Aun así nuestro silencio traga historia,
se mete en el rincón más oscuro
a escupir,
orina las flores allí, por ahí,
como quien dice
juguemos una pequeña aventura.
Dicen algunos poseer la verdad,
pero esta no se compara ni se dialoga.
Simplemente los actores caminan
queriendo desquitarse la patada.
Los pantalones vuelan
porque no hubo reloj, desayuno,
golpe de doce ni zope de cena.
Alguien dice: actuamos sólo fuera del escenario.
Cierto.
La piedra duele al mostrarla
y mejor la aventamos,
y escondemos las uñas.
Aullamos, además,
o maullamos, acaso,
pero no somos ni perros ni gatos.

 

sábado, 29 de noviembre de 2025

RIGOBERTO GÓNGORA

 

 

Testimonio del hombre

 

 

Decía mi abuelo:
                               antes los pájaros cantaban
libremente
y el sol alumbraba a las piedras
                                                        y mariposas.
Pero de tiempo en tiempo
cambiaron los vientos
y la tierra nuestra se llenó de extraños
que la mearon y pisotearon.

Los animales se escondieron de los intrusos
y buscaron en los montes piedras
para ocultarse de los extranjeros.

Hoy mi padre dice:
                                   ¡Ya tenemos
mucho lodo en los ojos
y es justo limpiarlos!

Las piedras empiezan a decir malas palabras.
Los extranjeros tienden a desaparecer.

Luego yo, poeta campesino, digo:
¡Es hora de cortar el viejo lazo
que sostiene la carga
y empezar de nuevo
a vivir en la montaña!

Ahora que las piedras vuelan,
¿dónde están los extranjeros?

Aquel gris humano se reía de su pata coja

Amaneció cansado de la vida.
Vaciló.
Rompió el flácido flaqueo de sus piernas
y empezó a caminar
muy lentamente.

          Su dura sombra lloró al ver
          su triste esqueleto
          y arqueó sus largos y suaves brazos.

Caminó, entonces, con sus labios,
con su lengua,
                          gritando:
                                           “El tiempo ya no existe”.

Ajustó los ingentes ojos a la sombra
y en el silencio lloró
                                    espesamente.

Hoy,
          el antiguo humano
                                             se pierde con sus hojas,
                                             con sus palabras cojas,
                                             con sus mudas congojas
                            vestidas
con las grises y melancólicas concavidades de la noche.

 

 

viernes, 28 de noviembre de 2025

RIGOBERTO GÓNGORA

 

  

Teoría de infancia

 

 

Así debiste verme: un enano, calzones lavados
con tirantes;
                      saludando el bahareque tierno
de la casa donde quedó la sombra
de aquel niño precoz;
nadando en charcos dejados por la lluvia.
¡Ah, locuras!
                       Al pedigüeño del lugar
el tiro de gracia:
                              ¡pum!
Así me encaramé a la vida: jugando
escondelero;
                       el hoyo de la güimba;
ladrón librado.
Por eso, cuando me silencian,
quiero robar
                       el carretón de palo
para seguir soñando
a correr y a volar…

 

jueves, 27 de noviembre de 2025

RIGOBERTO GÓNGORA

 

  

Susurro subversivo

 

 

Somos una fiera en el camino de los dioses, una réplica al tiempo.
Se tienden nuestras manos huesudas sobre el sexo.
Soñar, y pensar que hizo estragos la píldora de ayer.
Sentémonos, lloremos junto al tiempo las caricias, vaguemos en silencio.
Un ruido susurrante romperá nuestras carnes.
Hagamos el amor, olvidemos anticonceptivos.
Sigamos empujando gotitas en tu vientre, y después mostrarás tú, guerrillera del parto, al hijo combatiente.