Regent
Street, 1912
Emmeline
Pankhurst
El
cristal de Liberty’s es un lago helado
donde mi reflejo pacta con la seda.
Veo mi sombrero, mi abrigo burgués,
superpuestos a un maniquí de cera,
la imagen muda de lo que esperan que sea.
Pero bajo mi mano, un amante frío
que aguarda su momento.
Miro mi rostro en el escaparate y me digo:
—Deeds, not words—
El maniquí me sonríe con su vacuidad de lujo.
Yo le devuelvo una mirada de guerra.
¡Crash!
La telaraña blanca se extiende,
y el cristal cae con el estruendo
de un Imperio que se rinde.
A mi alrededor, silbatos y gritos de pánico
abrazando el bullicio de Londres.
Veo a la joven Mary correr, el sombrero torcido,
doblando la esquina perseguida por la ley.
Veo a la vieja Jane inmovilizada, sus piedras
rodando por el adoquín como votos robados.
Yo no corro. Me quedo frente a mí.
Siento el aire frío de la calle entrar en la tienda,
barriendo el olor a perfume y a sumisión.
No hay miedo, solo una paz profunda y eléctrica.
Cuando el primer policía me agarra del brazo,
mi sonrisa es el trozo de vidrio más afilada.
De:
“La memoria encendida”
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