"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
martes, 31 de marzo de 2026
ELAINE VILAR MADRUGA
el
crematorio de la belleza
el
país en cruz
es una urna con las cenizas
a bordo
una hibridación de restos
donde el metatarso propio
se confunde con la fíbula ajena
en la urna que es el país
estamos muertos y dormimos apretados
claustrofóbicos basureros
hechos de carne y sangre
pero es cierto
que la basura puede hablar
incluso cantar arias en la noche bocarriba
incluso cantar arias en el ánfora de la incineración
donde
una mujer
escribe a martillazos
sobre huesos reducidos a hombres.
De:
“Las tarántulas”.
EDUARDO IGLESIAS
No
hagas que el presente
se convierta en otra cosa.
No intentes razonar
lo que va llegando.
Deja que el poso
de lo emocionante
avance y avance.
De:
“La isla que navega”.
JAVIER MATEO HIDALGO
Pastoral
impresionista
Aunque
la estructura de este poemario
tiende a ser una falsificación
de la séptima beethoveniana,
quiero hablar ahora
de la sexta sinfonía,
plena de soles y tormentas,
exuberante como la Naturaleza
por la que un alemán sordo pasea,
encorvado, brazos atrás y luciendo chistera.
He
vivido muchos veranos
plenos de atardeceres,
en los Pirineos de Navarra.
Cuando cruzábamos, ya en mi adolescencia,
los valles y senderos, volviendo a la casa
(era siempre más un caserío)
acababa de descubrir a Debussy,
sus imágenes impresionistas, evocadoras
como reflejos de mares, tormentas y noches,
brillos en el agua a la luz de la luna.
Ya
no había pastores,
la arcadia romántica
estaba ahora en Francia,
en esa captación de luces
y atmósferas, como si un fauno
adormecido pintara.
De
todo ello quedó barnizada
la memoria, mis oídos
imágenes rememoran
y noto la calidez del estío
y de la música
como una gran banda sonora.
De:
“Sinfonía para un solo músico”
LUIS CHAVES
Sobremesa
Se
sabe que el color
púrpura no existe decís
Lo
sabrás vos y el
mundo a mis espaldas me
siento niño que descubre
lo de papá Noel o
sea imbécil
¿Pero
y el mimbre del
día a día traspasado por
el caudal de las vacaciones
incluso un horario laboral
diluido por sol analgésico
que no supo contener?
En
la casa del que
no produce no consume y
encima interrumpe hay
hacha o sombra o fotos.
Mejor dicho, donde
queríamos vivir, pero no
se pudo
Ah
faltaron en la lista
mantel o distancia
De
qué hablo me
desvié intento disimular
Invisible
en el espectro de
luz y arco iris necesita
mezcla unión suma de dos
para darse (el púrpura)
¿Sí
lo ves? No de colores
hablamos de refracción
gotas autónomas que no
retuvo el mimbre, atravesadas
por la luz solar
STEVIE SMITH
Mi
alma
En
la llama del fuego titilante
son pocos los pecados de mi alma,
y los pensamientos en mi cabeza son los pensamientos de una cama
con una vista solitaria.
Pero el ojo de la conciencia eterna
debe parpadear como un murciélago que parpadea en la luz,
antes de que los pensamientos en mi cabeza se aquieten
al borde de la noche eterna.
Oh,
da al pez dorado su huevo
donde flota en su cuenco cautivo,
al gato su cría nacida ciega del vientre,
y al Señor, mi alma.
Nota:
Stevie Smith, seudónimo de Florence Margaret Smith
VITA SACKVILLE-WEST
Amargura
Sí,
fueron amables, en extremo; muy suaves,
aun en su indignación, tomándome de la mano,
como a un niño dócil ante una ley
que no alcanza a comprender.
No
culparon los pecados que mi pasión obró.
No, fueron tolerantes y cristianos, diciendo:
«Solo lamentamos…», diciendo que solo buscaban
ayudarme, fortalecerme, mostrarme amor; pero él,
siguiéndolos
con paso obediente,
manso, hacia su ciudad de dulces cautiverios,
habiendo matado la rebelión, volvía la cabeza
una y otra vez, buscando con sus pobres ojos
su
figura inmóvil en el camino. La canción
seguía sonando entre ellos, campana viva a campana,
llena de joven gloria, fuerte como clarín;
aún valiente; ahora rompiéndose como grito de ave marina: «¡Adiós!».
Y
ellos le susurraban bondadosos: «Ven,
ya te hemos salvado. Sana tu corazón. Olvida;
ella era tu oscuro espíritu rebelde». Mudo,
escuchaba, y ellos creían que asentía. Sin embargo,
(aunque
sabía bien que eran amables),
el recuerdo clamaba en él: «Era libre y salvaje,
magnífica al dar; ciega
al perder o ganar, y amando, solo me amaba —a mí—.
«Valiente
era, camarada y audaz;
de ánimo alto; todos sus pensamientos, un reto,
como naves alegres, aventureras, con tesoro en la bodega.
La encontré y le hablé con razón en los labios,
«ella
inclinó la cabeza, sin argumento,
y cedió en la lucha. Dijo que debía ser libre.
Creo que dijo
que, si se lo pedía, me daría toda su vida.»
Y
ellos seguían guiándole, y él aún miraba atrás
hacia donde ella permanecía; y ellos, contentos,
le elogiaban por hacer su voluntad.
La distancia los escondió, y ella se volvió, y se fue.
