Pastoral
impresionista
Aunque
la estructura de este poemario
tiende a ser una falsificación
de la séptima beethoveniana,
quiero hablar ahora
de la sexta sinfonía,
plena de soles y tormentas,
exuberante como la Naturaleza
por la que un alemán sordo pasea,
encorvado, brazos atrás y luciendo chistera.
He
vivido muchos veranos
plenos de atardeceres,
en los Pirineos de Navarra.
Cuando cruzábamos, ya en mi adolescencia,
los valles y senderos, volviendo a la casa
(era siempre más un caserío)
acababa de descubrir a Debussy,
sus imágenes impresionistas, evocadoras
como reflejos de mares, tormentas y noches,
brillos en el agua a la luz de la luna.
Ya
no había pastores,
la arcadia romántica
estaba ahora en Francia,
en esa captación de luces
y atmósferas, como si un fauno
adormecido pintara.
De
todo ello quedó barnizada
la memoria, mis oídos
imágenes rememoran
y noto la calidez del estío
y de la música
como una gran banda sonora.
De:
“Sinfonía para un solo músico”
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