"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
domingo, 5 de febrero de 2023
ADRIENNE RICH
Poder
Vivir
en los sedimentos de tierra de nuestra historia
Hoy un azadón reveló de un terrón de tierra desmoronada
una botella ámbar perfecta un remedio centenario
para la fiebre o la melancolía un tónico
para vivir en esta tierra en los inviernos de este clima
Hoy
leía sobre Marie Curie:
debe haber sabido que enfermaba de irradiación
su cuerpo bombardeado durante años por el elemento
que ella había purificado
Al parecer negó hasta el final
la fuente de las cataratas en sus ojos
la piel quebrajada y supurante de la yema de sus dedos
hasta que no pudo asir una probeta o un lápiz
Murió
como mujer famosa negando
sus heridas
negando que
sus heridas provenían de la misma fuente que su poder
MONTSE ORDÓÑEZ
El
mar de los adentros
En
este momento de la vida
Vivo en el filo del horizonte
allá donde las palabras
mueren en confrontación
con la guerra.
En
este acantilado
me queda pan para un amanecer,
unos sorbos de agua
para sobrellevar la noche
y una flor mustia
para ofrendar al alba.
Observo
desde aquí
la memoria del agua,
las branquias de los peces,
sal y alguna orilla
tan desolada como la mía.
En
el filo de este horizonte
la escarcha llega sin los inviernos
y en su inclemencia entierro
los pies con mis olvidos.
Aquí
nunca viene nadie,
el faro no ilumina,
la oscuridad aterra al curioso
como la prisa a la vida,
con ese miedo combativo
similar al de los cielos rotos.
Estoy
en ese momento de la vida
en el que alquilo el horizonte
para quedarme con el filo
y con lo poco que me den
me compraré una cuerda,
enamoraré a un equilibrista
y haremos de nuestro filo
una trinchera de pan,
sorbos de agua,
flores mustias
y algo de amor
con el que mirar al alba
la memoria del agua,
las branquias de los peces.
De:
“Siempre es de noche en Pyongyang”
JOSÉ CARLOS BECERRA
Las
reglas del juego
Cada
uno debe entrar en su propio degüello, cada uno retocando su respiración,
cultivando sus excepciones a la regla, sus moluscos solares,
haciendo sus abstinencias más inclementes y más diáfanas
porque la luz debe romperse allí, la eternidad debe dejar caer un guijarro en
ese gemido.
Recuerden
la niñez de vuestra madre, la niñez de vuestra muerte;
solitarios del mundo y de todos los deseos,
inoculados por el lagarto y el pájaro que se enfrentan en todas las intenciones
de la sangre.
Ustedes han sentido la máscara y la falsificación de la máscara: el rostro
en los invernaderos de las pequeñas, inútiles ceremonias que todavía nos
conmueven.
Bajo
la luz de una luna parecida a la desnudez de las antiguas palabras,
escuchen este ritmo, esta vacilación de las aguas,
la noche está moviendo sus ruedas oscuras, estas palabras llevan ese
significado,
y yo me dejo arrastrar por aquello que quiero decir: aquello que ignoro,
y he aquí que la frase delibera su propio silencio.
Oh
noche casual de estas palabras,
oh azar donde la frase regresa a su silencio y el silencio retorna a la primera
frase,
en el lenguaje aparecen de nuevo los primeros caracoles, las primeras estrellas
de mar,
y las bestias de la niebla ponen su vaho en los nuevos espejos.
Aquel
que diga la primera palabra dejará caer el primer vaso,
aquel que golpee su asombro con violencia verá aparecer el fuego en sus
cabellos,
aquel que ría en voz alta será el primero en guardar silencio,
aquel que despierte antes de tiempo sorprenderá a su esqueleto haciéndole señas
extrañas a los árboles;
y el mar, como un síntoma interrumpido, vuelve de nuevo a oírse a los lejos
y en su respiración otra vez escuchamos el ruido de esa puerta
que bate azotada por el viento del infinito.
Nace
la luna sobre el mar como una antigua mirada del hombre.
En
el puerto se van encendiendo las primeras luces.
PIA TAFDRUP
Recreo
macrocolectivo
En
una sociedad dentro de una sociedad,
ahí
vivo. Con una cinta de cuero
trenzada
y sin mucha ropa.
Me
despierto hacia mediodía
con
los tímpanos temblando
por
las notas de rock que retumban
entre
las tiendas de campaña del lugar
y
los pájaros del terreno
deben
abandonar sus marcas.
Igual
que yo en las noches estrelladas
me
tambaleo, me balanceo y caigo
dormida
con las oleadas
de
conciertos de alta frecuencia.
Uso
la ducha portátil
común.
Hago la compra
en
la tienda provisional. Me como
un
revoltijo planificado
de
verduras biodinámicas
y
arroz sin procesar. De agrio
y
dulce equilibrado
con
amargo y salado. Paso
pocas
horas sobria a pleno día
en
happenings espontáneos
en
la arena. O escucho
discusiones
de las reuniones conjuntas.
Sobre
anarquía. Sobre utopía. La vida
fuera
de las leyes existentes
se
muestra caracterizada por otras
leyes.
Me tumbo en la hierba y río
hacia
el sol después de la borrachera. Una
risa
infinita. O participo
descalza
en una fiesta. Con costo,
priva
y caricias colocadas. Las ideas
se
propagan. Con desenfreno.
Un
espíritu pionero ha levantado
un
tiovivo con coloridas
cabañas
y tiendas. Hecho
sitio
para las hogueras. Construido
las
calles de pueblo. Montado
los
tenderetes cojos
de
las calles del Colocón y de Nepal
junto
con un cobertizo para astromasajes
no
muy lejos de la calle del Solano.
Una
carrera de conejos y niños
educados
gnósticamente entre
las
tiendas. Por perros, cabras,
personas
pintadas. Con
y
sin pantalones. En un continuo
y
mutante alucine común.
Soplo
a soplo me levanto
a mi
propio ritmo tranquilo.
Las
vibraciones se expanden. Solo
la
pura fantasía puede transmitir
fuerza
dinámica desde la fricción
del
mar de vuelta a la luna.
Me
levanto mareada del campamento
de
Thy. Donde nada se detiene
cuando
ha terminado. De vuelta
para
el último año de colegio.
Equipada
con necesarios
conocimientos
de primera mano de
un
recreo macrocolectivo
en
un planeta extraño.
Donde
apenas pude vivir
más
de una semana de mi vida.
De:
“Sol de salamandra”
MIGUEL ÁNGEL CURIEL
Tela
de lino
de
la
que
sale
hierba.
He
caminado mucho
con
el rostro
hacia
abajo
en
busca
de
conchas.
[Tela]
De:
“Trabajos de ser sólo hierba”
CHRISTIANE DIMITRIADES
La
existencia del poeta será engullida por el
olvido. Ningún libro, ni siquiera el amor resistirá
su embate. Quizás algún desconocido pronuncie
sus palabras y les devuelva por un instante la voz.
