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domingo, 28 de abril de 2019

EDUARDO ANGUITA





La visita



Espéranos bajo el ciruelo, zagal de los difuntos.
Ábrenos ese estanque, el corral silencioso que la resaca de estrellas y el dorado crepúsculo solar lavan día tras día.
Las hierbas altas acallan a medias las lápidas marchitas;
Mensajes antiguos que debemos leer muy lentamente;
Palabras, tal vez: no para ser pronunciadas,
Sino palpadas apenas con la tibieza del sol.
Así pasan el lagarto moroso, la araña, el saltamontes,
Y hasta el viento del páramo marino sobre ellas se encalma
Como un gran espejo tendido sobre la soledad.

Ábrenos ese jardín que sólo se visita
Cuando alguien viene a vivir de verdad.
La colina que nace y muere al pie de esta capilla, ola petrificada junto a la roca enemiga, ahora ambas perdonadas,
Ni odiándose ni amándose: ¡pasadas!
Los huesos ya llegaron al hueso, la sangre llegó al puro fluir,
Y el tiempo al tiempo vuelve.
Colina de muertos que una invisible corriente
Gasta, acrecienta y purifica.

Fin de estío. ¡Qué sentido tiene decirlo en el Cementerio de Totoral!
Jardín donde los años maduran mejor que los mismos veranos en cualquier huerto terrestre.
Fin de estío en este rincón rural adonde han vuelto quienes siempre debieron vivir juntos.
Allí mismo estaba la eternidad, aquí tan cerca de ellos, tras la tapia y el cerco rústico de Cristián, zagal del pueblo;
Allí, tras de la casa, debían ir los amigos a contarse las nuevas familiares.
Estaba reservado el lugar para cada uno -los forasteros frente a la casa, los forasteros en el atrio,
Parloteando, chanceando, despidiéndose estridentes-; pero
atrás, atrás, en el huertecillo oloroso que los dueños de
casa siempre desearon marchito porque lo marchito es signo de vieja amistad leal,
Atrás, detrás de la casa, tras la verja, la conversación íntima de los amigos eternos.

Fin de estío en este cementerio costero, tierra adentro.
Primera tarde de otoño, sol dorado tan lejano de luz,
Tan próximo por su delicadeza,
Deslízate sobre esta ladera cercada como un huerto.
Tumbas detenidas (los remos dejados a los vivos, los jóvenes y los forasteros):
Entre los filos de la alfalfa, mármol desvanecido, eternidad lugareña,
Lee tú en el aliento del sol otoñal:

MUERTA EL 11 DE MAYO DE 1857.

PRONTO SE REUNIRÁ A ELLA SU INCONSOLABLE ESPOSO.

Oh, juventud impaciente: en esta lápida grabasteis la promesa de reuniros PRONTO.
Pronto:
Y el PRONTO tardó tanto en llegar: demoró, dolió, se ocultó, casi se olvidó, germinó, reapareció,
Maduró interminables años.

Pero a su lado, por fin, como si siempre hubiesen estado juntos, vetas tranquilas del mármol que nadie imagina fueron tempestad, A su lado, por fin!:

AQUÍ VINO A REUNIRSE A SU QUERIDA ESPOSA
EL 6 DE ENERO DE 1902.

1857 – 1902. ¡Cuánto tiempo -45 años- separándolos! ¡Y cuánto tiempo
-48 años- desde que aquel otro tiempo
desdichado cesó: cuánto tiempo entre su reencuentro feliz y ahora nosotros!
¡Y cuanto -93 años- entre la muerte de ella, cuando ESO comenzó a transcurrir, y nosotros ahora!
¡Cuánto tiempo amargo sucediendo y por fin cesado para hacerse feliz:
Más el tiempo dichoso transcurrido y poco a poco olvidado hasta hacerse irreal!
Y, nuevamente sumando desde fuera del seto como si todo esto hubiera sido siempre un pasado, hecho para nosotros, decir: “Esta bien. Todo eso es real”.
Y cuanto tiempo más para quien lea estas páginas tanto tiempo después! ¿Quién, quién ha esperado?
Y el mismo sol besando la colina, las tumbas detenidas.
Y…
Fin de estío.
Estamos en 1950 en un huerto marchito de Totoral, la colina donde resbalan los muertos y las enredaderas,
La colina de los amigos. ¡1950! Tanto tiempo perdido estaba aquí, tierra adentro, adonde hemos llegado sin pensar, agolpados como una ráfaga de niños a una charla grave.

Tanta vena febril, tanta impetuosa lágrima, ¡más que existieron! ¡existen! SON: huellas en el mármol, inmóviles, como se ve el mar desde la altura: un epitafio.
Todo ello rescatado para nosotros, que nada hemos sufrido, a quienes se nos da la lejanía del viento.

¡Aquel lejano, largo PRONTO,
Para nosotros, importunos, es PRONTO otra vez!

Ambas vidas, ambas muertes, las dos aquí próximas, sin mediar ni una hierba.
Esposa y esposo cara a cara,
El tiempo hendido, la llaga que debía cerrarse
(Las aguas que una mano fugaz -45 años- separó un breve instante).
La palabra está ahora reunida,
Y el tiempo plácido, lúcido, admirable.
Esposa y esposo, dos extremos vacíos
Para dar vida a la separación.

¡Juntos aquí dos labios de tiempo formando un sólo beso Viejo y nupcial!


lunes, 22 de abril de 2019

EDUARDO ANGUITA





Mi muchacha se va a casar



Como un espectro de duración indefinida
como el aliento del caballo que se ha quedado merodeando
en torno al hocico
como la desaparición engañosa del mundo
permaneces, rocío de senos blancos
rocío de risa sin miedo, pero profética
Mi niña que te vas a casar con un ser demasiado presente
mi nieve que en la noche se levanta
con ojos tan terribles que parecen
la mirada de alguien que ha naufragado bajo el té
mi fuego que te avecinas por los firmamentos de la memoria
Oh corazón que siempre desea una temperatura exagerada

Niña, mi nieve intranquila, mi fuego dominante
te vas a casar con una piedra segura
¿Qué va a ser del dulce vapor irreal de tu existencia?
Y tus piernas como sorpresas nacidas a medianoche
y tu vientre como sol guardado
¿Qué van a ser al golpe de esa piedra o ese hombre?

Me necesitas a mí que soy tu plumaje justo
tu arco por donde debes pasar zumbando al delirio
tu selva en donde debes extraviarte
tu mar de amenazas
tu continente flexible

Nadie ha olvidado tu fantasma
que parecía existir a ciertas horas de calor
ni tus palabras lanzadas para empañar las frutas y las frentes
pero que hacían un ruido que recuerdo
de escritura antigua sobre piedra de escritura seca
ni tu sangre hecha para servir de cortina al pensamiento

Te vas a casar con una decoración tenebrosa
con un hombre que es una decoración regulada
una decoración con una decoración adentro, como arterias
deshojándose, deshojándose

Pero me necesitas, hermoso humo de senos blancos
te hago falta, fosforescencia querida
deseo estar contigo para dudar de mí
porque el amor es una irrealidad
apta para comprobarnos


martes, 16 de abril de 2019

EDUARDO ANGUITA





Recuerdo de infancia



Los mendigos escapan del tallo de las plantas                                                                      
 en gruesas gotas de dignidad y mármol.
Vuelan por el día como los primeros leños
En el monumento espeso del aire de los suspiros.

Sobre los techos crecen a toda hora ciegos presuntuosos,
pero los hilos de un muerto extraño a la casa
los enredan y enseñan a caminar despacio.

Paciencia: mañana el difunto será convaleciente
y partirá desde su cuerpo
hacia la simplicidad de una voz
en la tiniebla endurecida.


miércoles, 10 de abril de 2019

EDUARDO ANGUITA





Tránsito al fin



La puerta puede abrirse,
puede entrar el ladrido del perro,
sin que necesitemos saber nada.

Mientras no entre el viento en nosotros
cuando tenemos los ojos viajando entre los muebles
de la diversidad de los miedos de cada muerto,
podemos reír entre la espuma de lo oscuro.

La seguridad del que abre su vestido privado,
dejando mostrar las huellas blancas de los delirios,
con un poco de fuerza se logra concentrar la ceniza invisible,
la sombra, mi muerte particular.

Piedras en la mirada, ya sólido su silencio,
pasos de las manos solas en el cuerpo.
Es así como amamos el aire de la estatua,
el aire que nos empuja a la vejez.

El hombre camina a una habitación semejante
y se coloca el traje que lo conduce para siempre.
  


jueves, 4 de abril de 2019

EDUARDO ANGUITA





¿escucháis madurar los duraznos?



¿Escucháis madurar los duraznos a la hora
del estío?
a la venida del sol, mientras un príncipe danza
en vísperas de su coronación?
Yo pienso en el gusano.
¿Oís podrirse los duraznos en el granero
al atardecer, mientras las fechas del reino
caen de los tronos
y el viento las amontona, las dispersa y olvida?
Yo pienso en el gusano.
Si veis montar el agua en la noria,
con un niño fi jamente asomado al brocal
frente a frente al abuelo,
Y se siente el beso de los amantes como una
hoja seca
que el pie del tiempo aplasta crepitando:
¿los amantes están muertos? No preguntéis son
torpeza.
Pensad en el gusano.