martes, 19 de mayo de 2026


 

RÓMULO AUGUSTO MORA SÁENZ

 

 

El yerbatero

  

Por mi, Patrón yo podía
decile sin tanta labia,
que manque soy yerbatero yo nunca he tau en la jábrica,
onde jabrican los títulos de mis colegas,
se tanta mas edecina que
llos porque yo sé mas
gotanica.

 

 

 

ISAAC ROSENBERG

 

 

 

Caza de piojos

  

Desnudos — duros y brillantes,
gritando en lúgubre alegría. Rostros sonrientes
y miembros furiosos
giran sobre el suelo en un solo fuego.

Por una camisa infestada
aquel soldado la arrancó de su cuello, entre juramentos
ante los que la divinidad se encogería — pero no los piojos.
Y pronto la camisa ardía
sobre la vela que había encendido.

Entonces todos saltamos y nos desnudamos
para cazar la prole infestada.
Pronto, como una pantomima de demonios,
el lugar rugía.

Mirad las siluetas abiertas,
las sombras balbucientes
mezcladas con los brazos en combate en la pared.
Mirad los dedos gigantescos, ganchudos,
arrancar en la carne suprema
para aplastar lo ínfimo.

 

REYNALDO LACÁMARA

 

 

 

Estaciones y regresos

  

No…
no he podido llegar más lejos…
Lo caído
alcanza estaciones
Los durmientes juntan siglos de sueños verdes.
Sobre los rieles,
el humo de las aveniencias.
Soy el amor que vuelve a cada paso…
Cada durmiente es un minuto de eternidad.
Se acaba la línea
¿Te acuerdas,
hace muchos siglos,
cuando tocábamos la bandera?
Polvo en los ojos, lluvia…
Puedo relatar un pájaro o dos
a veces pasa una formación de gaviotas, o el
viento tras nubes o distancias ampliamente azules.
Te lo cuento desde aquí,
desde el rostro de los días incontables.
un día desde el polvo
el viento
enarbolará
otra Bandera

 

FÉLIX LUIS VIERA

 

 

 

Poema para dos soledades

  

Aquí en la piscina de este hotel qué triste
descubrir a este hombre solo
que mira como una vaca enferma a las
muchachas
al agua a la cerveza a los objetos
Qué triste me parece este hombre señoras y señores
qué triste su pulóver su bolígrafo
su cabellera rota en las entradas
qué triste sus sandalias sus botones su vaso
detenido en un gesto vacío detenido
en un gesto parecido a la muerte.
Qué ganas de buscarle compañera.
Qué ganas de pedirle a esa muchacha
que se siente junto a él en la mesita
y le diga “no sufra más compadre míreme las
carnes
míreme el vientre y verá en él una estrella
calientica
míreme compadre qué dulce qué ardorosa qué
tibia puedo ser y soy
vamos no se ponga así hombre tomemos más
cerveza
y no piense que el mundo se está acabando si al
contrario
aquí en mis piernas brilla como si ahora mismo
lo estuvieran descubriendo”
Que le dijera la muchacha “vamos señor
olvide las penas olvídese de la ingrata o del mal
que la parió
olvídese en fin de lo que sea:
del amigo traidor o del caballo muerto vamos
póngase la trusa y no le estropee la vida
a los demás
instalándose semejante cara en pleno público”
Que le dijera la muchacha: “Vamos en fin yo lo
acompaño
a lanzarnos del trampolín a zambullirnos vamos
que yo lo ayudaré
a contentar esa vida que parece tan
maltrecha”.
Pues de verdad qué triste
me parece este hombre señoras y señores.
Qué ganas de llamar a esa muchacha…
O bueno… creo que es mejor llamar a dos
muchachas.

 

JOSÉ PARRILLA

 

 

 

Señoras, retratos

  

Ha empezado la fiesta,
La fiesta llega al fin,
el fin llega a la efe,
yo aparezco desnudo
yo sonrío navaja,
yo tropiezo cabello(…)
Leo:
Abajo la idea y el pensamiento,
abajo de nuestro pie lo que ellos sienten,
abajo de nuestra orina, el
te quiero, tus manos, etc.,
porque las momias son ceniza
porque las naranjas son crepúsculo
porque alguien debe decir que todo ha terminado
porque va todo a empezar
por una letra.
Aquí hay luz,
por mucho negro que pongamos
porque esto es el recuerdo y el origen de la poesía
porque no tenemos otra bandera que los dientes
azulados,
cinc, cocina, bosque.

Puedo hablar ahora
que estoy muerto
y nadie va a pedirme
que jure la bandera (…)

 

URIEL CASSIANI

 

 

 

El sonido de lo necesario

  

Debemos hablar del rastro donde el destino acomoda los pasos,
de la llama que nos vive,
y el silencio que aprendimos a escuchar tarde.
De la voz que confirma:
“existe el tiempo para demostrar que somos relámpagos” seriamente fugaces.
De la voz que ahora es grito.
De Parker, que ejerció con devoción desde el leño de la ciencia,
su oficio de cenzontle y petirrojo.
De la eternidad que reclama el hueso, y el ciruelo que conoce el reposo que trajo el día.
De Obeso, Ártel y Guillén: que respiran bajo la tierra.
De las lluvias que aún no caen.
Del camino que pregunta por sus primeros viajeros, de mi huella y tu pie,
del hombre que empieza la vida con cicatrices ajenas,
y el imperio que con calma se disuelve.
De los rubíes que nos tocan, y esperamos como se espera, un milagro irrepetible,
de las palmeras que nuestro suelo nutre con sal,
de Pelé, Maradona y Di Stéfano, que fabricaban joyas.
De la noche, efímera muestra del infierno,
de Pizarnik, Raúl y Baudelaire entregados desde sus exactos principios,
al sopor y la agonía.
De Bopol, Makeba, Dibala y Fela Kutty,
volviéndonos con palabras cantadas al eterno principio.
De la madera con que Crusoe construyó la balsa para llegar a nuestras manos.
Del metal que humillado fue becerro, del lumbalú,
del hombre que recibió semen de perro,
y ese otro que a paso decidido abandona toda embriaguez,
del anciano padre, de Pizarro León Gómez y ese agujero conmovido a la altura de la frente, de Antonio Cervantes regresando al juicio.
De la contradicción, esperanza y avaricia puesta en cada individuo.
Para descifrar lo elevado:
es justo observar el mar y hablar de tantas cosas, que jamás llegarán a nuestras manos.