Poema
para dos soledades
Aquí
en la piscina de este hotel qué triste
descubrir a este hombre solo
que mira como una vaca enferma a las
muchachas
al agua a la cerveza a los objetos
Qué triste me parece este hombre señoras y señores
qué triste su pulóver su bolígrafo
su cabellera rota en las entradas
qué triste sus sandalias sus botones su vaso
detenido en un gesto vacío detenido
en un gesto parecido a la muerte.
Qué ganas de buscarle compañera.
Qué ganas de pedirle a esa muchacha
que se siente junto a él en la mesita
y le diga “no sufra más compadre míreme las
carnes
míreme el vientre y verá en él una estrella
calientica
míreme compadre qué dulce qué ardorosa qué
tibia puedo ser y soy
vamos no se ponga así hombre tomemos más
cerveza
y no piense que el mundo se está acabando si al
contrario
aquí en mis piernas brilla como si ahora mismo
lo estuvieran descubriendo”
Que le dijera la muchacha “vamos señor
olvide las penas olvídese de la ingrata o del mal
que la parió
olvídese en fin de lo que sea:
del amigo traidor o del caballo muerto vamos
póngase la trusa y no le estropee la vida
a los demás
instalándose semejante cara en pleno público”
Que le dijera la muchacha: “Vamos en fin yo lo
acompaño
a lanzarnos del trampolín a zambullirnos vamos
que yo lo ayudaré
a contentar esa vida que parece tan
maltrecha”.
Pues de verdad qué triste
me parece este hombre señoras y señores.
Qué ganas de llamar a esa muchacha…
O bueno… creo que es mejor llamar a dos
muchachas.
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