martes, 19 de mayo de 2026

URIEL CASSIANI

 

 

 

El sonido de lo necesario

  

Debemos hablar del rastro donde el destino acomoda los pasos,
de la llama que nos vive,
y el silencio que aprendimos a escuchar tarde.
De la voz que confirma:
“existe el tiempo para demostrar que somos relámpagos” seriamente fugaces.
De la voz que ahora es grito.
De Parker, que ejerció con devoción desde el leño de la ciencia,
su oficio de cenzontle y petirrojo.
De la eternidad que reclama el hueso, y el ciruelo que conoce el reposo que trajo el día.
De Obeso, Ártel y Guillén: que respiran bajo la tierra.
De las lluvias que aún no caen.
Del camino que pregunta por sus primeros viajeros, de mi huella y tu pie,
del hombre que empieza la vida con cicatrices ajenas,
y el imperio que con calma se disuelve.
De los rubíes que nos tocan, y esperamos como se espera, un milagro irrepetible,
de las palmeras que nuestro suelo nutre con sal,
de Pelé, Maradona y Di Stéfano, que fabricaban joyas.
De la noche, efímera muestra del infierno,
de Pizarnik, Raúl y Baudelaire entregados desde sus exactos principios,
al sopor y la agonía.
De Bopol, Makeba, Dibala y Fela Kutty,
volviéndonos con palabras cantadas al eterno principio.
De la madera con que Crusoe construyó la balsa para llegar a nuestras manos.
Del metal que humillado fue becerro, del lumbalú,
del hombre que recibió semen de perro,
y ese otro que a paso decidido abandona toda embriaguez,
del anciano padre, de Pizarro León Gómez y ese agujero conmovido a la altura de la frente, de Antonio Cervantes regresando al juicio.
De la contradicción, esperanza y avaricia puesta en cada individuo.
Para descifrar lo elevado:
es justo observar el mar y hablar de tantas cosas, que jamás llegarán a nuestras manos.

 

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