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martes, 28 de junio de 2022

WENCESLAO VARELA

 

  

Tus manos

 

 

Echao p’atrás y muy juancho
iba yo al trote cortón
del que no tiene patrón
ni quien lo espere en el rancho.

Mi tropilla sin apuro
iba laderiando un cerro
atrás del duro cencerro
por sobre el camino duro.

¡Qué lindo el campo!, tenía
bajo cada piedra un grillo
y el sol en cada espinillo
espuma de oro cernía.

Limpio el pincel del cardal
en azul tinta teñido
parecía haber subido
al alto cielo estival.

Y, hasta la planta raída
pobre de aromas y flores
tenía multicolores
aladas flores con vida.

Y el pedregoso camino
por donde lleva el linyera
en un fardo de arpillera
su tragedia y su destino,

camino de los poetas
de los aludos sombreros
que limaron los troperos,
los vientos y las carretas:

¡que lindo estaba! Tenía
oculto tambor sonoro
y, era como un chorro de oro
que por la tarde corría.

Y en esas regiones bajas
dilatadas y serenas
gotiaron mis nazarenas
música por las rodajas.

Era un musical gotero
el monótono sonido,
monótono y repetido
del cencerro madrinero.

Y, por el camino aquel
en repecho y en bajada
tráiba la boca endulzada
con unas coplas de miel.

Vos cazabas mariposas
-o fingías que cazabas-
y plena en gracia elevabas
tus bellas manos hermosas.

Me miraste, te miré
tan alegre, tan sencilla
que di güelta la tropilla
y áhi nomás desensillé.

Y viste por sobre el tul
del cicutal sombrillero
dende mi fogón tropero
alzarse un suspiro azul.

Se jue borrando la güeya
de horizontal lividez
y quedó el día a través
de cada aujero de estrella.

Y sobre el campo desierto
bajo un silencio de arcilla
tocó a “rancho” en la cuchilla
un gran clarín de oro muerto.

Cuando se borra el sendero,
una lechuza se asombra
y une girones de sombra
con un pespunte agorero.

Nunca más te vi. En los llanos
miro en las tardes hermosas
aletiar de mariposas
por ver… si veo… tus manos!

 

miércoles, 22 de junio de 2022

WENCESLAO VARELA

 

 

 

Pa’qué (candiles)

 

 

Nací como los pumas en los pajales
… me crié campiando rumbos de loma en loma
y le robé los trinos a los zorzales
enredaos en cimbrones de las bordonas.

Las rosadas auroras de cada día
adornaron mis sueños desde muchacho
y escribí las primeras estrofas mías
a facón en el tronco de los lapachos.

Muy temprano por cierto me despertaron
los gritos de mandato de mi destino
y locas inquietudes que me tentaron
a pisar las culebras de los caminos.

Y enristrando mi pluma como una lanza
a corazón y brazo me abrí salida
y en el criollo incansable de mi esperanza
en busca de horizontes dientré en la vida.

Y en la vida, mis sueños dejé dispersos
a cambio de experiencias y de dolores,
dolores que en mi pecho se hicieron versos,
y versos que en mis labios se hicieron flores.

Y adorné mi guitarra con mis quereres
y la cinta sonora de su armonía
y libé en los pimpollos de las mujeres
pal camoatí sabroso de mi poesía.

He rendido a mis sueños caro tributo;
aura que nu’hay remedio lo he comprendido…
cultivé mi cerebro pa dar su fruto
y aprendí los caminos pa’andar perdido.

Aura que el desengaño corrió la venda
que apretaba mis ojos como una garra
veo sólo seis cuerdas como seis sendas
que me guían al fondo de mi guitarra.

 

 

jueves, 16 de junio de 2022

WENCESLAO VARELA

 

  

Mi rancho

 

 

Él, es güeno de adentro hasta la puerta,
humanitario de la puerta adentro;
ajuera es otra cosa; punta y filo;
hurañez madurada a sol e invierno

Y no es tan chico que se diga;
alcanza pa formar una cruz de trafogueros
pa tender el recao, y queda cancha,
pa’algun gaucho sin pago y pa mi perro

Como en espera de los cuatro rumbos
su puerta tiene requintao el cuero.
Lo rayan nazarenas sin querencia
y le dentran ventiscas y luceros.

No tiene nada que envidiarle a naides;
es puro como el niño Nazareno.
Duermen en él, con pichonada y todo,
cuanto vicho hay que escarva por los cerros.

Pa que no se me juera con los pájaros,
le planté cerca el patio un tronco seco
que volvieron palenque mis baguales
de tanto zamarriarlo del cabresto.

Jamás, en la tirada que llevamos
hermanaos, él y yo, cubrió su techo,
la vergüenza de un robo; una mentira,
el amor lujurioso, envidia o miedo.

Nada que pueda avergonzarlo mancha
la divina pobreza que hay adentro:
y a él no le gusta que la luna vea
las gastadas cacharpas de su dueño.

Tiene a un costao del lomo una bastera
de tanto y tanto jinetearlo el tiempo
y por ella se cuela, cuando esparce
la luna sus plumones dende el cielo.

Y a él, no le gusta. Se le va ladiando
como quien a un mirón le saca el cuerpo;
amontona la sombra en los rincones,
y pa mancharla se la pasa al ceibo.

Yo soy un convencido que mi rancho
es güeno y manso, de la puerta adentro;
ajuera es otra cosa – como digo -:
nunca ha podido basuriarlo el viento.

Y siempre con mis cosas de muchacho,
cuando un negro vellón ensucéa el cielo
y escriben las centellas sus mensajes;
apuntalo el palenque y lo contemplo.

Si lo llena de luz un rejucilo,
al ver todo chorriao el firmamento
del oro redetido en las alturas,
tranquilo espera el sacudón del trueno.

Y adonde vea balancearse el monte,
sacude las plumitas del alero:
se eriza todo, se estremece, tiembla,
si le silban las clines al pampero.

Y ansí feo como es, tiene hasta música:
si a chicharra por flor se luce el ceibo
en durante la siesta, por la noche,
a grillo por terrón canta su alero.

Con sus tacuaras fabricaron quenas
zumbones mangangaces, barreneros,
pa que la brisa musiquera cante
en las horas de paz, sus tristes ecos.

Endulza su amargura cimarrona
una pera de miel de un esquinero,
y en espirales las avispas bravas
le cuelgan sus violines al silencio.

Alzó con la testuz de la cumbrera
la constancia redonda de un hornero,
pa que no se le queme la techumbre
si posa la luz mala su desvelo.

De tanto carroñarme las desgracias
me auyentaron del pago: me juí lejos,
a ver si le ponían las distancias
una venda de olvido a los recuerdos.

Cuando volví, me lo encontré como antes;
con menos quincha, pero más agujeros.
Desdentada la puerta, cáido el tuce,
de guampiarlo los toros y entrar tiempo.

Cuando el camino los acerque, hermanos,
lleguen nomás si necesitan techo;
que él, es huraño de la puerta ajuera,
pero es un santo de la puerta adentro.

 

 

viernes, 10 de junio de 2022

WENCESLAO VARELA

 

  

Modestia aparte

 

 

Como vanguardia aguerrida

traigo mi poco saber,

aprendido al recorrer

los caminos de la vida.

De humilde cuna, mecida

bajo techo de humildá,

que aguantó la tempestá,

los años y la pobreza,

traigo: valor, entereza,

y amor a la libertá.

 

Y soy, de poncho y espuela

sobre cualquier redomón,

uno más de mi nación

con la vida por escuela,

el que a versos y vigüela

con nudos y disonancias

en poblados o en estancias

se cortó solo, a lo entero,

con modestia o altanero

asegún las circunstancias.

 

Cuando encuentro un reserváo

d’esos que ninguno ensilla,

es, pa’mi, cosa sencilla

dejarlo, a espuela, charquito.

Cuando topo un mal habláo

con fama de aguantador,

le hablo a solas “con amor”

qu’es bueno pa’dominar,

y, si no quiere aflojar,

lo sé llamar al rigor.

 

En rueda’e “monte”, prefiero

apuntar a la menor,

y si salgo ganador

rescato cuando yo quiero.

En la taba soy certero

y muy cebao a ganar,

durísimo de aguantar

cuando el güeso es de mi gusto.

De ver plata, no me asusto,

cuando me afirmo a “clavar”.

 

Jamás, con mi moro, arrollo

si d’entro en una carrera;

con “rastras” no armo cuadrera

porque teng’orgullo criollo.

Salir “de abajo” es un “bollo”,

cuando quiero corto luz,

“fiador”, “pescuezo”, “testuz”

los saco justo, pues no!

siempre que lo corra yo,

que me hago un ñudo en la cruz.

 

Y pialando a medio lazo

en un rodeo parao

soy seguro pa’l “volcáo”

y pa’l “revés” segurazo!

En elogios a mi brazo

se ha gastáo gente campera,

pues pa’guampiar campo ajuera

soy cosa que “ni d’encargo”,

aunque tengo un lazo largo

como legua brasilera.

 

En ruedas de pericón,

como en versos, no me achico;

echo, apenas abro el pico,

pa’mi láo un corazón.

La endulzo a conversación

porque mi labia no es poca,

y si una “taura” me toca,

d’esas que andan coqueteando,

me l’arrincono bailando

hasta que “le copo en boca”.

 

En amores, nunca dejo

que naides me pida cuenta;

que los “quince a los cuarenta”

me dio por remedio un viejo.

Voy ‘end’entonces parejo

sin faltar a mis deberes,

pues en cuestión de quereres,

da más la fama qu’el oro…

He dejáo “lunanco” el moro

de tanto cargar mujeres!

 

A todo el mundo respeto,

dende chico he respetáo,

pero cuando estoy mamáo

mejor que me dejen quieto.

Ande me apretan, aprieto,

y soy duro p’apretar.

Van a tener que aguantar,

y es maña vieja que tengo:

a malas ni voy ni vengo

ni me dejo “coroniar”.

 

Que se abra cancha el caudillo

con las púas como gallo

y los baguales con callo

Del bocáo sobr’el colmillo…

Le saco el cuerpo al cuchillo,

tranquilo paro el “hachazo”,

a las mujeres… a abrazos

–hijo de bárbara escuela-

a los baguales… a espuela,

y a los malos… a ponchazos!

 

 

sábado, 4 de junio de 2022

WENCESLAO VARELA

 

  

Confianza

 

 

Es reducido mi rancho
Pero se le empaca al viento.
Mientras le quepan recaos,
Que desencillen viajeros!
Lo alcé pa mí y pal que llegue
Sin mirar si es blanco o negro:
Techo pal gueno y pal malo,
Fogón pal malo y pal gueno.
Yo nunca tuve enemigos,
Ni los tendré ni los quiero:
Me suebra con mis baguales
P’andar armao de recelo.
Y aunque me gusta estar solo
Pa madurar en silencio,
Se lo agradezco al camino
Cuando me alcanza un viajero.
Pa él siempre el primer amargo
El mejor sitio en el juego,
Y en cuanto está el churrasquito,
Que corte siempre primero.
Jamás le pregunto el nombre,
tan mal costunbre no tengo
Si es oriental, si es bayano…
Si es entrerriano o portenio.
Si viene mojao, pa cama
Alguna pilcha l’empriesto:
Aunque suelo andar de pobre
Que me lloran los pelegos.
Que soy de mal ensillar
Les dice mi caronero,
Y al costao de un asesino
Como junto a un santo duermo.
PA mejor, soy como el gato,
Y estando dormido siento
Cuando a una tela de arania
Se le revienta un cabresto.
Ya al tender, de una bajera
Dejo una orilla pal perro…
Y al pobre las cicatrices
Le hablan bien de su mal genio.
Pa saber quién es, de entrada
De extremo a extremo lo observo.
Ya ni me importa como antes
Qué color tiene un panuelo.
Pa saber si miente o no
Cuando conversa lo atiendo:
Preguntarle, es prevenirlo
Al que aprendió pa embustero.
Por las pilchas sé si doma,
Si es desertor o tropero:
Si ha estao en un batallón
Se lo conozco en el cuerpo.
Si ha tarjiao el arriador
La carona o el cabresto:
Me suebra pa colejir
Si es crudo del todo o léido.
Lo duro de cada oficio
Queda en las manos impreso:
Cuidao con los callos mochos
En la punta de los dedos.
Aunque hay callos que se llevan
Al revés y muy adentro:
Las manos del gaucho pobre
Las pule el robo o el juego.
Pa comprarse ropa guena
No siempre alcanza el dinero:
Pero habiendo voluntá,
PA lavarla hay siempre tiempo.
El que es muy conversandor
Muestra el revés sin quererlo:
Pero al hombre muy callao
Hay que andar pa conocerlo.
Que desencille el que quiera
Churrasco, fogón y techo
Y al alcance de la mano
Todo lo poco que tengo.
PA mi confianza me basta
Con haber sido y ser gueno:
Yo nunca tuve enemigos,
Ni los tendré, ni los quiero.
Y mi rancho tiene-el pobre-
Mucho de nido de hornero,
PA los tordos y pa mí,
Abre sus alas lo mesmo.
Y en él recibo a Mandinga
Sin sentir remordimiento.
Dios, que tiene autoridá
Se encargue de hacerlos guenos.