viernes, 17 de febrero de 2023


 

OSWALDO ESCOBAR VELADO

 

 

La iguana

  

La iguana sola. Sobre la piedra, sola.
En pleno mediodía
apenas mueve su dorada cola.
Cola con sol y cola con poesía.

Sola. Sola. El sol la tornasola.
Se vuelve pedrería.
Su cresta en la cabeza es una ola
de fina alfarería.

Junto a los cactus, lejos de la hoja,
la iguana está sobre la piedra roja.
Sobre la piedra roja. Roja y dura.

Sola. Sola. El sol la tornasola
y cuando mueve su dorada cola,
la cola le fulgura.

 

NOVICA TADIC

 

  

1

Un pueblo fantasma.
Los perros hurgan
entre perros muertos.

  

De: “Pequeño catálogo de imágenes”

 

 

JUAN RAMÓN MOLINA

 

  

Pesca de sirenas

  

Péscame una sirena, pescador sin fortuna,

que yaces pensativo del mar junto a la orilla.

Propicio es el momento, porque la vieja luna,

como un mágico espejo, entre las olas brilla.

 

Han de venir hasta esta rivera, una tras una,

mostrando a flor de agua su seno sin mancilla,

y cantarán en coro, no lejos de la duna,

su canto que a los pobres marinos maravilla.

 

Penetra al mar, entonces, y escoge la más bella

con tu red envolviéndola. No escuches su querella,

que es como el canto aleve de la mujer. El sol

 

la mirará mañana —entre mis brazos loca—

morir bajo el martirio divino de mi boca,

moviendo entre mis piernas su cola tornasol.

 

 

ELISA HUEZO PAREDES

 

 

Alma en pena

  

Yo tengo que decir mi palabra.
La que me corresponde.
La que es mía.
La que todavía guardo
porque se está forjando
en la recóndita fragua.
Aún está informe, en gestación.
Su timbre es opaco, sordo, oscuro.
Pero yo tengo que decir mi palabra.

No sé en qué yunque se forja.
No sé dónde está la fragua.
La soledad habrá de pulirla.

El silencio la hará sonora
como la campana que despierta a los dormidos.
Ante todo a mí debe despertarme.
Duermo.

Y es doloroso dormir tan largamente
sin haber escuchado su eco.

Está bien descansar, dormir
y hasta morir si se está en posesión de la palabra:
Pero… si no se ha dicho y uno muere
pasará a ser un alma en pena
porque seguirá buscándola.
Yo la busco desde hoy en el vacío,
en el inenarrable hueco abismal…
Desde ahora soy el alma en pena
que quiere encontrar su Palabra.

 

San Salvador, 1980.

 

A. MORALES CRUZ

 

  

Luz roja

  

Cuando se puede, se come, pero todos los días vemos televisión. Me levanto a las diez. Como no voy a la escul, me rebusco unos cuantos chavos lavando parabrisas en el semáforo de la cincuenta. Antes me paraba por la Rusvel. En realidad este trabajo me duele. Vivo puteado por los conductores que, cuando le tiro a limpiar los vidrios, me dicen de vainas. Todo el día me caen el sol y los aguaceros, para poder llevarme unos cuantos dólares a mi casa, por mis hermanos, por la vieja.

Cuando puedo, descanso debajo de un palo de mango y veo las nubes, oigo el ruido de los carros, y el olor a gasolina me tuerce el estómago, acostumbrado a estar vacío y sonándome.

Tengo 14 años y sólo llegué al quinto de primaria. A veces pienso en una casa grande y un padrastro que me lleve a los juegos de béisbol. Después me doy cuenta que son aguevasones del Resistol que inhalo, como todos aquí lo hacemos, para aguantar este tren, broder.

A veces me voy a la playa y los cangrejos me rodean y puedo ver los barcos como se hunden al final del cielo, allá donde ya no alcanzo a ver. Tengo 14 años y sólo llegué al quinto de primaria.

 

De: “Lejanos parientes indecentes”

 

RENÉ E. RODAS

 

 


Desnuda

  

Apareces silenciosa y blanca
en mitad de la noche
como llega la primera nevada
al final de otoño.

 

De: “La balada de Lisa Island”