Luz
roja
Cuando
se puede, se come, pero todos los días vemos televisión. Me levanto a las diez.
Como no voy a la escul, me rebusco unos cuantos chavos lavando
parabrisas en el semáforo de la cincuenta. Antes me paraba por la Rusvel.
En realidad este trabajo me duele. Vivo puteado por los conductores que, cuando
le tiro a limpiar los vidrios, me dicen de vainas. Todo el día me caen el sol y
los aguaceros, para poder llevarme unos cuantos dólares a mi casa, por mis
hermanos, por la vieja.
Cuando
puedo, descanso debajo de un palo de mango y veo las nubes, oigo el ruido de
los carros, y el olor a gasolina me tuerce el estómago, acostumbrado a estar
vacío y sonándome.
Tengo
14 años y sólo llegué al quinto de primaria. A veces pienso en una casa grande
y un padrastro que me lleve a los juegos de béisbol. Después me doy cuenta que
son aguevasones del Resistol que inhalo, como todos aquí lo hacemos, para
aguantar este tren, broder.
A
veces me voy a la playa y los cangrejos me rodean y puedo ver los barcos como
se hunden al final del cielo, allá donde ya no alcanzo a ver. Tengo 14 años y
sólo llegué al quinto de primaria.
De:
“Lejanos parientes indecentes”
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