viernes, 17 de febrero de 2023

A. MORALES CRUZ

 

  

Luz roja

  

Cuando se puede, se come, pero todos los días vemos televisión. Me levanto a las diez. Como no voy a la escul, me rebusco unos cuantos chavos lavando parabrisas en el semáforo de la cincuenta. Antes me paraba por la Rusvel. En realidad este trabajo me duele. Vivo puteado por los conductores que, cuando le tiro a limpiar los vidrios, me dicen de vainas. Todo el día me caen el sol y los aguaceros, para poder llevarme unos cuantos dólares a mi casa, por mis hermanos, por la vieja.

Cuando puedo, descanso debajo de un palo de mango y veo las nubes, oigo el ruido de los carros, y el olor a gasolina me tuerce el estómago, acostumbrado a estar vacío y sonándome.

Tengo 14 años y sólo llegué al quinto de primaria. A veces pienso en una casa grande y un padrastro que me lleve a los juegos de béisbol. Después me doy cuenta que son aguevasones del Resistol que inhalo, como todos aquí lo hacemos, para aguantar este tren, broder.

A veces me voy a la playa y los cangrejos me rodean y puedo ver los barcos como se hunden al final del cielo, allá donde ya no alcanzo a ver. Tengo 14 años y sólo llegué al quinto de primaria.

 

De: “Lejanos parientes indecentes”

 

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