Cuando creí
Cuando creí
que iba a perder la razón ante
tanto sufrimiento.
Así descubrí
que un ser humano no puede vivir
sin creer.
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
Cuando creí
Cuando creí
que iba a perder la razón ante
tanto sufrimiento.
Así descubrí
que un ser humano no puede vivir
sin creer.
La
exorcista
Mi
vida parece sin misterio y
monótona
a quienes me ven
de paso a la oficina
en las mañanas apuradas.
La verdad es muy distinta.
Cada noche debo salir a pelear
contra un espíritu malvado
que, valiéndose de
disfraces -perro, grillo,
nube, lluvia, vago,
ladrón- trata de
infiltrarse en la ciudad
para estropear la vida humana
sembrando
la discordia.
A pesar de sus disfraces yo
siempre lo descubro
y lo espanto.
Nunca ha conseguido engañarme
ni vencerme.
Gracias
a mí, en esta ciudad
todavía es posible
la felicidad.
Pero los combates nocturnos me
dejan exhausta y magullada.
En pago de mis
refriegas contra el enemigo,
les pido unas sobras
de afecto y amistad.
Aunque dicen
Aunque
dicen
que sólo los imbéciles son felices,
confieso que me sentía feliz.
Compartir mis días y mis noches con la
niña mala
me llenaba la vida.
La única identidad
La
única identidad admisible es aquella
que significa autocreación,
un continuo esfuerzo del individuo soberano
por irse haciendo.
Vale la pena vivir
Vale
la pena vivir,
aunque fuera solo porque sin
la vida
no podríamos leer ni fantasear historias.