"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
domingo, 9 de abril de 2023
VICENTE MULEIRO
Hernán
Le
hemos dicho que no y ha jurado matarnos
con su espada invencible.
Confinado
a su cuarto balbuce enfurecido las terribles
verdades de los viejos poetas:
Todo deseo es impostergable –clama en su media voz-
dice que no soporta el rigor de la especie
que lo aplasta al planeta.
Se
ha agotado llorando y hay
silencio en la casa.
No
hagan ruido señores.
Nuestro
asesino duerme.
MIGUEL ÁNGEL MORELLI
Una
temporada en el infierno
la
bruma y el incienso ocultan el horizonte
confundiendo a los viajeros de la muerte
algunos
creen estar en el paraíso | y cantan
otros gimen y maldicen al infierno
como
un ángel furioso | rimbaud
se arranca los ojos y comprende:
dios y el demonio llevan la misma máscara
CARLOS GERMÁN BELLI
¡Oh
Hada Cibernética!, ya líbranos
con
tu eléctrico seso y casto antídoto,
de los oficios hórridos humanos,
que son como tizones infernales
encendidos de tiempo inmemorial
por el crudo secuaz de las hogueras;
amortigua, ¡oh señora!, la presteza
con que el cierzo sañudo y tan frío
bate las nuevas aras, en el humo enhiestas,
de nuestro cuerpo ayer, cenizas hoy,
que ni siquiera pizca gozó alguna,
de los amos no ingas privativo
el ocio del amor y la sapiencia.
ENRIQUE VERÁSTEGUI
Poesía
para señoritas
a Vanessa, mi hija científica
Cuando
leas poesía
aprende a distinguir lo Verdadero de lo Falso.
No todo lo que está bien escrito es Verdadero
y todo lo mal escrito es necesariamente Falso.
El Criterio de Verdad es lógica impecable.
Falsedad es absurdo más allá de cualquier palabra.
Así, si distingues Verdad de Falsedad
serás una Princesa consorte, comerás uvas frescas
y acertarás cuando leas poesía.
BILLY COLLINS
Consejo
para escritores
Aunque
te mantenga en vela toda la noche,
lava las paredes y friega el piso
de tu escritorio antes de componer una sílaba.
Limpia
el lugar como si el Papa estuviese por llegar.
La pulcritud es la sobrina de la inspiración.
Mientras
más limpies, más brillante
será tu escritura, así que no dudes en salir
a campo abierto para restregar la parte oculta
de las rocas o para limpiar los nidos llenos de huevos
en las ramas más altas de la negra floresta.
Cuando
encuentres el camino de regreso a casa
y guardes las esponjas y los cepillos debajo del fregadero,
contemplarás en la luz del alba
el inmaculado altar de tu escritorio,
una superficie limpia en el medio de un mundo impoluto.
De
un pequeño florero, en centellante azul, saca
un lápiz amarillo, el más puntiagudo del ramo,
y llena páginas con oraciones diminutas
parecidas a largas hileras de devotas hormigas
que venían siguiéndote desde el bosque.
JULES LAFORGUE
A un
cráneo que había perdido su mandíbula inferior
¡Hermano!
-¿Dónde vivías? ¿En qué siglo? ¿Cómo?
¿Qué vivió el cerebro alojado en esta caja?
¿El infinito? ¿La locura? ¿O el limitado pensamiento
Que permite al hombre pasar y morir sin asombro alguno?
Casi
todo el mundo, cierto es, fatalmente sigue todo,
Sin soñar más allí del círculo que explota.
El tan conocido y recto sendero del instinto,
También lo seguiste tú – hasta el postrer instante.
¡Ah,
ese instante lo es todo!¡Es la hora solemne
En que, en un supremo y despavorido salto, partiste
Maravillados tus ojos de lejanos paraísos!
¡Oh!
Tu vida es bien poco, ¡Ve! ¡Por muy negra que fuera!
Hermano, creíste ascender al eterno festín
y ¿quién puede despertar tus traicionados átomos?
