Hernán
Le
hemos dicho que no y ha jurado matarnos
con su espada invencible.
Confinado
a su cuarto balbuce enfurecido las terribles
verdades de los viejos poetas:
Todo deseo es impostergable –clama en su media voz-
dice que no soporta el rigor de la especie
que lo aplasta al planeta.
Se
ha agotado llorando y hay
silencio en la casa.
No
hagan ruido señores.
Nuestro
asesino duerme.
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