"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
jueves, 19 de marzo de 2026
SARA TEASDALE
Después
del Amor
Ya
no existe la magia,
Nos conocimos como otras personas,
Tus ojos ya no obran milagros,
Tampoco mis besos en tus manos.
Tu
has sido el viento y yo el mar,
-¿Esplendores? Nunca más-
He crecido apática como el lago
Que duerme junto a la orilla.
Y
aunque el lago esté a salvo de la tormenta,
Y del caprichoso baile de la marea,
Aquello que todos ven en mi como Paz,
Es tan amargo como la oscuridad del mar.
JULIO TRUJILLO
Un
calcetín es un ñu
Un
calcetín es un ñu.
Se borda lerdamente frente al ojo,
con las manos,
para el pie.
Un
calcetín es un ñu que alza el cogote
y entonces es también
un periscopio
que tapia el peroné.
Un
calcetín es un ñu cariñosísimo,
una amable geología
entre el zapato
y la piel.
LAURI GARCÍA DUEÑAS
II
qué es la tierra
qué son las piedras
qué son los siglos y los siglos
Toqué
la tierra
y era la muerte de mi madre
y era mi deseo de honrarla
al colocar con mis manos
la tierra sobre su ataúd.
Estuve de rodillas sobre la tierra
y comprendí
que había sido soberbia.
No lo seré más, le prometí.
Pasó un año o más.
Toqué la tierra
y era la Muralla China
en un viaje iniciático o final
un regalo de la abundancia
que también recibí de ella.
A pesar de los miles de kilómetros de distancia,
de las 14 horas de diferencia,
del tiempo transcurrido entre hitos,
al tocar la muralla, lo juro,
era mi madre en su sinestesia
eran el cielo despejado y las piedras.
Lloré.
Como tocar un cuerpo amado,
pero en trasmutación.
Nadie puede decirme que no son mi madre, la tierra y las piedras
de todos los continentes.
Yo lo sé. Y eso es suficiente.
JUAN TOMÁS ÁVILA LAUREL
XXV
Juan
Calvino, amigo mío,
rebélate,
no dejes que Dios te afeite
si fuiste lampiño desde siempre.
Y lo digo por el bien tuyo
y el nuestro por los dineros
que pastores legos
arrancan de los ingenuos,
intuyo,
que anhelan lo venidero.
No hay tregua, pastor dilecto,
pues ni el mundo de los poderosos
se achanta ante el saqueo.
A Dios gloria eterna
y al grito de su nombre
vuelan las alforjas preñadas
para el hurto vociferante
de cualquier simple hombre
que abraza lo preponderante.
De:
“Nuestros amigos los nautas”
ALDO OLIVA
Verano
Para
la ascensión de mis ojos,
déjame apenas
la violencia solar.
Mi
fe se llama
azulamiento atroz que canta:
ciclos que ciñen
la sumisa tierra de oro.
La
sombra velocísima del fruto
que sostengo quebrándome
me alimenta de pájaros.
Para
el prestigio de mi destrucción
déjame apenas
los alcoholes frenéticos del aire.
Por
mi sangre descienden
a su único sueño,
reunido, fervoroso, que se tumba
y muere.
Suben
entonces mis niños ágiles,
destruyendo, a tu vientre.
Mucho
más lejos, una vibración entre dos saltos,
—esta lejanía es todo mi pecado—
la ulterior población dulcemente desnuda
danza en la luz.
