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lunes, 23 de diciembre de 2024

FRANÇOISE ROY

 

  

 

Fiereza acuática

 


    El guerrero hiende el agua con su espada como una gran libélula que ameriza y no puede volver a levantar su vuelo parecido al nupcial. Crea violáceas salpicaduras que recaen con lancinante elegancia sobre la superficie dúctil del charco
          Tienes un felino en la garganta: sabe nadar, es criatura anfibia. ¿Cómo se llama la habilidad de habitar a la vez el agua y el fuego, como es anfibio él que sabe morar en tierra firme y no firme? Nadie le ha puesto adjetivo, si te conociera nacería la necesidad de ese vocablo nuevo. Al felino, le pondremos tigre. Sus bigotes te sirven de cuerdas vocales. Guarda los embriones de felix pardo en la voz, la voz escrita de los versos. Atraviesa los aros de fuego que le tiendes como pájaro en desplome.
          La cólera mueve las manecillas de tu reloj, tu clepsidra, tu calendario de números, boca abajo, al revés como los peces del último poema, el tictac de las aves que golpean contra los muros invisibles que constelan el aire.
          Las lágrimas son igual de saladas que el mar, un mar muerto donde flotaría tu alma como nenúfar recién florecido con una boca de varios labios de terciopelo blanco.


De: “Si acaso hubiera”

domingo, 22 de diciembre de 2024

FRANÇOISE ROY

 

  

 

El planeta Venus velado

 

 

Levantó la tapa de la doceava casa. Se asomó, cometa con su estela de fuego, floración nocturna que hizo estallar yemas secretas de la noche a la mañana. Surgió del agua estancada como barco que boga en el muro: la popa también está encendida, las llamas corren sobre el casco creando en la espuma el reflejo de lo que el incendiario ha provocado. En aquel año, de unos brotes ocultos en el sótano de la cárcel, le salieron manos que nunca habían tocado; traían en la palma un pequeño bosque en llamas, y de sortija, la alianza de los que saben de cautiverios.

Los mapas del cielo dibujan sus arabescos y órbitas en el recinto del corazón.



De: “A flor de labios (plaqueta)”.

 

 

sábado, 21 de diciembre de 2024

FRANÇOISE ROY

 

 

 

El tragafuego

 

 

A veces, se pegan en la faringe y forman una costra, telaraña gigante que taparía la entrada de anchísimo sendero. Las oigo subir en espiral con un zumbido insectil, arremolinarse, enjambre, estamento de la luz que busca el pasadizo exterior. Entre sus manos callosas jalan un cordel que me forzaron a detener, y henos aquí, cada quien tirando de su lado como cipreses inclinados en una tormenta. Oigo crujir el sisal, nada se rompe, sólo esos puntos cardinales que dentro de mí se apartan de su opuesto. Oh pestaña en el iris. Llave rota en el ojo de la cerradura. Fermento de ese limbo de vocablos que estallan en un disparo. Oh palabras que ostentan su diminuto pabellón como pavesa del fuego mayor.



De: “A flor de labios (plaqueta)”.

 

 

 

jueves, 19 de diciembre de 2024

FRANÇOISE ROY

 

 

 

Eternidad III

 

 

Yo, expectativa de trazo, animal invisible aullando sigiloso en la paciente mirada de la eternidad, inclino la tiara hasta comer y borrar su luz.
          Fracturándose su dolor, los muertos caen como esos pájaros del antes. ¿Qué atuendo espera la noche en su sorbo, su fragor, su frente caída en el polvo? ¿Tomarán el pasado en sus manos equivocadas? ¿Qué viento, qué piedra tragarán? ¿Cómo reducirán ellos el trazo sobre el lienzo, con el viento de aquí, del hoyo, equivocando el solemne ahora?
          Llénenme, que muertos, de paisajes de ahora.
          ¡Qué extraviados! ¡Qué detenidos! ¡Qué esmeril les desvanece el paciente rostro con su atuendo de pañoleta?
          Habrá cómo: lo que pase recorrerá su boca, detenido.