"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
lunes, 18 de diciembre de 2023
WILLIAM JOHNSTON
Respuesta
Mi
abuela encendía las lámparas al atardecer
para que sus muertos visiten la noche.
Y
ella, antes de que se fueran,
les preguntaba
por qué mi vida es atravesar un bosque
como
en una fábula.
De:
“Paisaje”
ANDRÉS NEUMAN
Huérfano
subjuntivo
Te
diría que la haces sentir vieja
y te hipnotizaría
pronunciando tu nombre.
Habrías
conversado con su voz,
como un par de perfectos adultos,
desde tus primeros balbuceos.
Más
que pasear con ella
te habría convertido en visitante
de cafés y auditorios,
peregrino sentado.
La
habrías descubierto
humeando por la boca,
con más vino que noche,
maltratando su cuerpo
y hablándote del alma.
Habrías
conocido
los callos solfeadores de sus manos,
la marca del vampiro musical
a la izquierda del cuello.
Te hubiera regalado su violín.
Como
no tengo madre
vos no tenés abuela.
Me estás dejando huérfano de nuevo,
hijo, por puro amor.
SANDRA DOLORES GÓMEZ AMADOR
Sobre
el dolor
11.- Nací
con el llanto de mi hermano atorado en los oídos. Y en la garganta, un grito
suspendido por la ausencia. Sentí la angustia de quien abandona el primer
hogar.
22.- Quizás
solo existimos a partir del dolor.
33.- Dice
la abuela que hablar del dolor es hablar de lo invisible. Que el dolor es una
semilla transparente que te crece por dentro hasta que tu sangre se vuelve un
agua cristalina que atraviesa tu piel implorando regresar al mar.
44.- Yo
creo que el dolor es el aro fino color gris que rodeaba el iris del abuelo días
antes de que muriera.
55.- Mi
primer dolor: el fantasma que habita mi cuerpo desde que te fuiste.
NICHITA STĂNESCU
Emoción
de otoño
Ha
llegado el otoño, cúbreme el corazón con algo
con la sombra de un árbol o mejor con tu sombra.
A
veces temo que no volveré a verte,
que me vayan a crecer alas afiladas hasta las nubes,
que vayas a esconderte en un ojo ajeno
y este se cierre con una hoja de vid.
Entonces
me acerco a las piedras y callo,
tomo las palabras y las ahogo en el mar.
Subo a la luna y salgo y la transformo
en un gran amor.
De: “Derecho
al tiempo”
Versión de Germán A. de la Reza.
MILAGROS PÉREZ MORALES
Oda
a los varones que sí bailan
Because i’m still in
love with you
I wanna see you dance again
Neil Young
En
las fiestas,
mientras un pie sigue
al otro en una
declaración de amor
por el pequeño
movimiento, minué
moderno que le hace
el juego a la canción
que suena, pide que
se mueva ese
varón frente a la falta,
oscile con la letra
vana, se desprenda
del pudor.
Que
permita
la conversación de
fuerzas, la travesía
intensa que lleva al
cuerpo hacia la música,
ese hechizo torpe para
que digan lo que de otra
forma no se sabe
decir, ritmo de la
conmoción pública: ya
no se esconde un varón
bailarín.
Un
chico atravesado
por el temblor alegre
del piso: pajarito
enamorado, convulso,
que se deje
acompañar por su propia
indecisión, ya no
en un pogo de cachorros
negados sino exento
del rechazo por los demás:
ahora sí un varón que
se presta con fervor a
la ligereza de las radios
modernas, sin
la
pose fruncida
del que mira desde
afuera, entregado a
la pista y sin pedirle
nada más.
Varones aferrados no
a versiones de manual
sobre la compostura sino
unos a otros, amantes
del desplazamiento, esa
sensación pura
y total: la desolación
de las discotecas en
su risa, ellos la desarman,
se proyectan en ese
candor, sus pupilas
grandes, fijas
en el espacio
nuevo que late.
Dionisos
afeminados, hermosos
hasta el cansancio, cabeza
y corazón al unísono
en el pulso irrefrenable
del por qué no.
MARCO ANTONIO MURILLO
Imitación
de la muerte
Alguien
dijo: somos breves aquí en la tierra y en esa brevedad, hermosos. Lo dijo, pues
sabía que después moriremos, o tarde o temprano ya nadie se interesará en saber
nada nuevo de nosotros.
Voy
a ser sincero: los apuntes del cuaderno de Julia apenas me despejaron las dudas
sobre mi jardín, pero aprendí que es valioso morirse: bajo tierra la muerte de
las personas se parece a la historia de una raíz que se va conectando con otras
para abrirse paso por la vida. Julia lo supo, por eso su cuaderno incluye como
apéndice una pequeña selección de salmos que ella misma tituló La siega del
asfódelo.
Traducidos
del griego, fueron escritos en una época en que los creyentes comenzaron a
soñar el infierno como un sitio presente, que se diluía en las conversaciones
diarias. La propia Julia escribió:
Cuando
un familiar moría los griegos aseguraban que su destino era culpa del asfódelo.
Decían tres de los nueve salmos conocidos. Si la poesía lírica desarrolla la
vida de la naturaleza en toda su plenitud, puede decirse que estos salmos son
un bosquejo del mundo. Se cantaban a la intemperie, con la convicción de quien
por la noche camina con una lámpara de aceite y despeja la bruma en las cuencas
de los muertos.
De:
“Tal vez el crecimiento de un jardín sea la única”
