martes, 3 de octubre de 2023


 

VÍCTOR CABRERA

 


 

Dos versiones

con este signo vences, con el otro
te acuchillan…
Ángel Ortuño

 

Mi sabotaje es reactivo,
expansivo,
notorio por lo burdo de sus bordes,
deshilvanado de recursos.

Es visible,
insostenible
como una granada que luego de explotar
enunciara las razones de su daño
sin detenerse a observar
su magnitud ni sus alcances.

Mi sabotaje se filtra
por las cornisas de un discurso balbuciente.

Hay otro, callado,
subterráneo,
que mina lento en lo profundo del deseo,
instaura en las planicies de la calma
una región de hielo y duda
y erige su noción de honestidad
entre brumas de sospecha.
Y medra y merma:
matiza su misterio.

Cada uno derruye a su manera
el muro de las posibilidades:
uno corroe desde adentro
mientras que el otro explota afuera.
En el centro, sus enunciados construyen un vacío.

Como el amor de los deshabitados,
que reparte a cada hambriento
su dádiva de hambre.

 

 

DIEGO VÁZQUEZ

 

 

 

I ain’t got the blues

 

Sólo a los lengua larga
les interesan las causas detrás de un suicidio

Lo que nadie puede reconocer en un espejo

I ain´t got the blues
y en las manos se escurren lentamente
mis excesos


VALERIA SANDI

 

  

 

Arte poética/Palabras

  

Llevo dentro

una luciérnaga

herida

sobre las palabras

cómo sostener su luz

sin condenarla

al dolor.

 

Mi escritura

busca zurcir la carne.

Mientras la aguja

va cosiendo

los piquetes de la memoria.

Son mis ojos

esperando tinta

como la lluvia

aguarda su arena.

 

Desde las entrañas

del lenguaje

me va creciendo

la luz de luciérnaga

 

Se prepara

éste cuerpo

 

Quiere

hilar todo el fuego

de las palabras

y hacer pasar

sobre la sangre

toda la poesía.

 

 

MARÍA NEGRONI

 

 

 

—What happened?
—Small accident. The road curved but I didn’t.

 

todo lo que tiene
es una imagen

callejones nocturnos
para atrapar al animal
más traicionero del mundo

tacos altos
cosidos al asfalto
mojado por la lluvia

es decir cicatrices
de un bar de mala muerte

e inmundas melodías
que confunden
lo real
           con lo real

y después ya es tarde
el cadáver vino y se sentó en el sueño

y el deseo abrió las piernas
en ese hogar vacío

 


SAÚL ORDOÑEZ

 

 


 

PERO no siempre fue así. En tiempos, este castillo no era tumba, sino hogar.

En los bidones de miel venía el sol del verano —la piel tatemada, el olor a sudor infantil y pasto verde.

También, el olor de la leche bronca hirviendo, derramada sobre la hornilla, quemada. Leche de nata espesísima, gruesa, amarillenta, con que hacíamos pan y mantequilla.

El olor del nixtamal y el de las tortillas al inflarse, el de los huacales y costales de fruta, el del pescado fresco. Un universo de olores. Los olores de la vida.

Y el sol, el sol que se derramaba por la casa toda, limpiándola, entibiándola, y jugaba con nosotros niños en el corredor, bajo la mirada de Dios Niño de las palomitas.

 

De: “El castillo de la impureza”

 

NATALIA GÓMEZ

 

  

 

 
SOY CASA deshabitada.
Aquí los niños juegan
las señoras platican desde sus aceras
como un adagio que no se detiene
y lo escucho todo
aunque apenas asome
y a diario tenga cerrada la puerta
las ventanas

Soy silencio en esta calle
como lo seremos siempre
los que sufrimos en sigilo
mientras nuestro cuerpo consume
el esfuerzo de quien no duerme
por tres turnos de trabajo

Soy balada consumida por el eco de mi colonia
donde sueño que los lamentos de mi madre
caen como caricias sobre mi cara agobiada
y yo la escucho sollozar
en estado vegetativo