martes, 29 de septiembre de 2026


 

IMANOL GÓMEZ MARTÍN

 


 

Sobran las miradas

 

Sobran las miradas

ni qué decir de las palabras

los sonidos, el rumor de las hojas

el extraño olor del río.

Todo sobra,

tan sólo es importante saberlo,

conocer el alcance,

sentir la fuerza, la temperatura arbórea

en presencia del deseo.

Sobra hasta la vida

para que nadie pueda contar

lo grande que has vivido

o el sueño que te fue negado.

 

De: “Taller de ausencias”

 

 

MANUEL NEILA

 


 

Aposentos del aire

 

Está la casa sola, y entra el día
inundando la estancia
de promesas, de imágenes.
Y entra con pie descalzo, como entonces,
ese temblor humano, la algazara
que sube de la calle
donde el vivir arrecia, nos convoca.
Y es luz lo que respiro:
claridad que se ofrece a quien la mira
con el brillo insistente
de los seres en su sola presencia,
como un fuego extendiéndose,
consumiéndolo todo,
por el que todo existe y sobrevivo.
Existir es arder;
vivir, quemarse: ir dándose a la luz
que todo lo transforma y lo enriquece,
si la miras de frente, aquí, en la estancia
donde, árbol de fuego,
tu crecimiento es llama;
su consunción, memoria de la vida.
Y es luz lo que respiro
en estos aposentos donde el aire
no contiene las formas.
Y es fuente de prodigios, pervivencia
de una verdad que dura,
quemadura de sombras,
grabándose en la frente a fuego vivo.

 

De: “La llama y la ceniza: Antología poética” 

 

 

 

MARTIN SEYMOUR-SMITH

 

  

 

El invierno para William

 

El invierno para William, quien vive en una lejana
isla de cielos apacibles ligada al sol,
será más benigno que para nosotros:
desvaneciéndose mientras los tejados calientes desafían
a la escarcha que cae. Pero sus ojos se llenarán
cuando al partir de estos muelles donde el frío se alarga
la sirena del barco aúlla su último adiós;
Y también verá a los pájaros
huir veloces de la nieve amenazante.
Tales son las lágrimas que el horizonte
crea en los ojos de un niño; él siente el viento
y tira de la manga gritando:
¿Dejar la isla? ¡No, no!
La melancolía no abrirá sus puertos
para fijar el movimiento de su corazón.
Pero la nave y los pájaros partirán,
e Inglaterra se hace más lejana,
y él la siente tan fría como la piedra y la lluvia,
a través del siseo del mar y la neblina.
El mar está furioso, fuera de sí.

Nosotros, exiliados en nuestra patria,
recordando sus juguetes y juegos
en jardines más cálidos y verdes que estos,
nos asombraremos con el recuerdo del sol
por el bien de quien no tiene frío.
Pasearemos en un sueño que fue nuestro antes, en estas amargas temporadas
de pesada y envejecida nieve; pasando los inviernos
tan cálidos como los de William.

 

De: “Un rastro de sentido”

 

FRAN PICÓN

 

 

 

YO no quise nacer en agosto,
ni tampoco en una gran metrópoli,
yo hubiera querido amanecer
entre la hojarasca de otoño
en algún pequeño arrabal
de una ciudad discreta
y sin nombre,
más allá de la última esquina,
justo antes del cruce de caminos.
No vine al mundo a la hora acostumbrada,
perdí una saeta en el desagüe del ombligo
y el tiempo entre los lazos del cordón umbilical,
arrastré la placenta hacia el lado salvaje
mientras en el hilo musical de la inocencia
sonaba la voz arrugada de Lou Reed.
Y es que en agosto no había nadie,
me recogieron de oficio en el paritorio del desliz
y en la incubadora de la oficina de empleo
esbocé mi primer poema de llanto.
Nací hombre por casualidad
y no por vocación, tal vez por accidente,
reivindico mi parte femenina desde entonces
y en la piel he facturado los deseos,
en aquel lunar sin órbita ni Selene,
apenas en un rincón escondido de mi cuerpo.
Y es que yo nunca, nunca quise nacer en agosto.

 

De: “Al otro lado del abismo”

 

ANA ROSSETTI

  

 

 

Cuatro

 

Y como Louis comiera de la fruta robada,
los labios rodeando la honda mordedura
de la niña, de súbito ella piensa
en el verde brocado que forra la hornacina
—acuáticos parecen los acantos—
y un niño y una niña de mármol que se abrazan,
las cabezas muy juntas. Su rostro se ha incendiado,
tan violenta inquietud. Ella cree que es temor
por el hurto. No delicia ante el beso

que recuerda.

 

De: “Diminuto cosmos: Antología poética 1980-2022”

 

 

LOGAN FEBRUARY

 

 

 

La esperanza en un cajón de abejas

a la manera de Sylvia Plath

 

Cruzo los dedos quebrados para pedir un deseo:
que las ramas de los árboles me protejan de los dragones

y del mal. Pululan escarabajos por el sillón.
Mi terapeuta dice que la palabra es “trauma”.

Un pájaro caído se hace humo.
Yo revuelvo el azúcar en mi té, parado en la mitad

del vendaval de hojas secas. Espero que
papá me esté esperando donde termina el bosque

pero ya sé que él no existe más.
Me llueven las pastillas que me recetaron.

 

De: “Fuckboys”

Versión de Ezequiel Zaidenwerg.