El invierno para William
El
invierno para William, quien vive en una lejana
isla de cielos apacibles ligada al sol,
será más benigno que para nosotros:
desvaneciéndose mientras los tejados calientes desafían
a la escarcha que cae. Pero sus ojos se llenarán
cuando al partir de estos muelles donde el frío se alarga
la sirena del barco aúlla su último adiós;
Y también verá a los pájaros
huir veloces de la nieve amenazante.
Tales son las lágrimas que el horizonte
crea en los ojos de un niño; él siente el viento
y tira de la manga gritando:
¿Dejar la isla? ¡No, no!
La melancolía no abrirá sus puertos
para fijar el movimiento de su corazón.
Pero la nave y los pájaros partirán,
e Inglaterra se hace más lejana,
y él la siente tan fría como la piedra y la lluvia,
a través del siseo del mar y la neblina.
El mar está furioso, fuera de sí.
Nosotros,
exiliados en nuestra patria,
recordando sus juguetes y juegos
en jardines más cálidos y verdes que estos,
nos asombraremos con el recuerdo del sol
por el bien de quien no tiene frío.
Pasearemos en un sueño que fue nuestro antes, en estas amargas temporadas
de pesada y envejecida nieve; pasando los inviernos
tan cálidos como los de William.
De:
“Un rastro de sentido”
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