"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
domingo, 11 de febrero de 2024
DELFINA ACOSTA
Por
ti
Por ti me vuelvo
medianoche y día.
Te escribo cartas que
jamás te llegan,
cartas sin fechas,
donde te confieso
que aguardo desde
siempre que me quieras.
Nace un rumor de
lluvia inesperada,
crece la niebla fría
de la espera,
mas no estoy triste.
Me subió a los ojos
el estupor fugaz de las violetas.
La muchacha que fui
dejó el columpio
y va a tu encuentro,
amor, si tú la dejas
imaginar caricias,
levantar
la hojarasca caída,
escrita y muerta.
Desvisto tus
silencios, pero te amo
como la noche en
calma, sin estrellas.
Déjate amar. Yo solo
sé escribir
ruido de hojas
pálidas y secas.
De: “La canción que nunca
cesa”
CARMEN AGUIRRE
Olvido
Cuando la desmemoria
del olvido
se desprenda del peso
que le lastra,
regresaré otra vez a
los recuerdos
de esas habitaciones
olvidadas.
Ahora, mi memoria no
recuerda
donde puse el
sombrero y el paraguas
y remiro por todos
los lugares
en busca de las
llaves y las gafas
que dejé en algún
sitio, no sé dónde,
cuando me las quité
por la mañana,
o tal vez fuese ayer,
o el mes pasado…
¡El tiempo en mi
cerebro se enmaraña!
Lo malo de buscar
pequeñas cosas
es que se hacen más
grandes las que hallas…
El olvido me vuelve a
la niñez
y siento que mi madre
a mí me abraza.
ÁLVARO ARRIAZA
Quién
soy
¿Quién soy, en esta
trama transitoria,
en este pasatiempo
despiadado?
¿Qué hago yo aquí,
tan súbito y prestado,
soplando una fugaz vela irrisoria?
¿Quién soy, en esta
línea divisoria
que va de ningún sitio a ningún lado?
¿Qué hago yo aquí,
vertiéndome al pasado
sin que haya otra posible trayectoria?
¿Qué es este mar que
llaman existencia,
que un día se evapora de improviso?
¿Un lapsus de la
nada? ¿Un breve inciso?
¿Un fallo es esta
vida? ¿Una incoherencia?
¿Quién soy? ¡Decid!
¿Quién soy? ¡Cuánta impotencia!
¡¿Cómo he acabado en
este compromiso?!
LEIRE BILBAO
Tengo invitadas en
casa. Se sientan a la mesa de la cocina, saco una
botella de vino de la bodega. Tengo sed.
—No aceptaré ningún
compromiso social —dice Jane Lazarre—. Mientras no esté con los niños,
solamente debería escribir. Tengo que aprender a dormir menos.
Anne Sexton le sonríe
con malicia, mientras enciende un cigarrillo.
—¿Es lícito sacar a
los niños de la habitación para escribir sobre ellos? —pregunta Tillie Olsen,
tímida.
—La primera tarea de
toda mujer consiste en resultar agradable —dice Simone de Beau- voir
desafiante, mientras se atusa el moño— . Y las más de las veces una mujer
desagrada por el mero hecho de escribir.
—Tuve que comprender
que mi lucha por ser escritora era un lujo —reconoce, en su turno, Adrienne
Rich.
—¡Las madres no
escriben, están escritas! —le interrumpe Helene Deutsch.
—Ser mujer, actuar
como se espera de una mujer, es una actividad inmemorial… Yo con mi tercer hijo
sentí por primera vez la responsabilidad de la maternidad —suelta Doris
Lessing.
—No existe ninguna
relación humana en que se ame al otro en todo momento —prosigue Rich.
—¡No os pongáis así,
queridas! El propio Roland Barthes ya dijo que un escritor es aquel que juega
con el cuerpo de su madre —azuza Sylvia Plath.
—¡Por lo menos no lo
dijo tu marido!
Y alzan sus copas:
—¡Por nosotras!
—¡Por nosotras!
—¡Por nosotras!
De: “Aguas madres”
Versión de Ángel Erro
MARIBEL ANDRÉS LLAMERO
la felicidad de los
enfermos
Los muy vivos tienen
pena de nosotros,
la pena de los que habitan el tiempo
y no lo sienten.
Tres años he
registrado en tu agenda
la próxima revisión, mirando de reojo,
tres años,
cómo te vistes para ir al hospital,
aspirando el perfume que usamos,
tres años,
para convocar buenas noticias,
tu sonrisa, ¿estás?
estar es siempre el verbo,
yo estoy, papá,
y tú estás.
Tenemos horas por delante
en esta sala de espera para conversar
de cualquier cosa —dime
si esto no es vivir y la mejor noticia—;
no me beses tanto aquí,
qué pensará la gente,
pensará que te
quiero.
Y somos dichosos
juntos de vuelta a casa,
porque estamos juntos volviendo a casa.
Los muy vivos sienten pena de nosotros,
porque no entienden que aquel
al que se le pone la noche
en los ojos descubre el sol
de una manera nueva,
que no percibe la repetición,
ni lo sobreentendido,
que escucha una armonía
que solo pueden oír
los que saben
estar en silencio.
El sentir es
incomprensible
y nadie puede negar que rozamos
pese a todo contigo
la felicidad.
Hemos vivido, papá,
tan cerca del final
que después de mirarle el rostro a la sombra,
nos hemos topado con toda la intensidad
de la deslumbrada alegría.
De: “80.000 soldados
de terracota”
MANUEL FRANCISCO REINA
La
voz de Asfalto
La ciudad tiene en su
entraña sirenas varadas.
Mujeres centenarias
que vinieron nadando
en el líquido del
mito, inmersas del amor
de hombres que ya no
recuerdan,
deshechos en la brea
del tráfago de siglos.
Extinto el deseo, sus
cuerpos menguan;
tan sólo la excusa,
la coartada de la urbe
les quedó como
asidero posible
y ahora son el alma
de sus calles.
Apenas un hilo de voz
les queda,
traslúcidas al humo y
a su propia sustancia
que es el sueño, y el
canto, y el reclamo loco
de marineros
náufragos del mundo.
Por eso llegamos con
las mareas,
a tus puertos ajenos
marineros perdidos,
buscando en tus
escollos la patria del regreso,
atraídos por el hechizo
de la voz del
asfalto.
De: “Musa insumisa”
