miércoles, 15 de noviembre de 2023


 

ANDRÉS PIÑA

 



 

Una introducción
de la esperanza
[escrita para el mundo]

 

De: Pops¹

 

1.- Nota: Jack Kerouac pensó que la asimilación natural de los haikús a la literatura estadounidense podía residir en sus pops, los cuales mostraban una suerte de inspiración mística del mundo que lo rodeaba. Así que, tomando esta idea, escribí estos poemas en ladino, que conservan la estructura clásica de tres líneas creada por el autor de En el camino.

 

LUIS ARMENTA MALPICA

 

 

 

6

 

Beber
es regresar a la neblina
al vientre apolillado de mi padre
al origen del mosto.

Allí mis lentos pies desnudos retumbaban muy grandes cada paso.
Todo un andar de viñedo a barrica, cava, aorta;
siempre menos mi piel
y más sus dedos.

Estuve atada a golpes con mi padre.
Sin que nadie supiera, él me nombraba suya; yo lo nombraba todo.
Qué de palabras se quedaron pendientes de una soga
lavadas y exprimidas.
Qué de pinzas hicieron de mis párpados
un húmedo y muy frágil tendedero.

Cortina tras ventana mi madre vigiló
que mi vocabulario excluyera palabras amorosas.
Todavía las pronuncio
y el recuerdo del jabón de lejía hace un poco de espuma por mi lengua.

Pero fui descubriendo que el jabón de lejía no hace espuma en el vino.
Ni hace espuma la muerte.

 

 

MARTÍN TONALMEYOTL

 

 

 

Desplazamiento

 

Desplazar todo:
los oídos, la boca, el silencio.
Desplazarse a sí mismo de la tierra-madre.
Jalar el ombligo hasta reventarlo.
Desplazar los sueños,
las ansías, el hambre.

Amarrarse la boca para no resbalar la lengua
y así no perder las manos,
los pies y los hijos de éstos.
Alejarse de la tarde como
los pájaros asustados por las balas.

Dejar sola a la madre con sus animales:
su guajolote, su olla de nixcontle, su escoba.
Dejar las palabras, la lengua,
los tíos, los hermanos, los amigos.

Enseñar a los hijos
a reconocer el miedo
para no ser carne de caza
o perros vigilantes.

Desplazarse para vivir lejos de sí,
lejos de las máscaras de tigre.
Para no mirar los pasos del perro flaco,
para ponerle otro nombre a las creencias,
para olvidarse de los narcocorridos,
para llegar a tierras desconocidas
donde el hambre tiene el mismo color y nombre.

Alejarse de la quietud de los sombreros,
dejarlo pegado en la pared de carrizo,
dejar la lluvia y las huellas del venado,
los rastros de la flor morada
cercado con espinas de fierro.

Esconder la palabra del padre
y de la abuela hormiga.
Conocer nuevas palabras
para la sobrevivencia de uno.
Alejarse de las calles de sol,
tatuados con tu niñez.

Desplazar las risas por algo de comer.
Preocuparse por el niño
para no dejarlo desnudo
ante los ojos de los perros.  
Desplazar el rostro,
el sudor de miedo.

Dejar de ser animal manso
para convertirse en salvaje.  
Cuidarse de las perras.
Aprender a escuchar
para no volver a morir.

No traicionarse a sí mismo,
ni a los otros,
porque traicionar es vender tu destino.
Correr para no ser alcanzados por las sombras,
por policías vestidos de aves rapiñas.

Tratar de huir sin levantar sospechas,
llevarse el veneno del alacrán rojo
por si se necesita.
Caminar buscando a los árboles de vida
que no sequen el cuerpo ni los sueños.

Buscar alguna flor que retoñe,
de preferencia que no sea morada
para que vista luz y esperanza.
Caminar sobre las hamacas de palos
para que nuestros pies puedan volar sobre el viento.

Buscar la serenidad de la tarde,
hallar una flor blanca,
la vida,
otra mirada del alma.

 

Versión del náhuatl al español del autor.

 

 

C. E. FEILING

 

 

 

32

 

Sustantivo y gramático declinan.
Hoy yo vendo los libros de mi ruina,
a Calímaco y Píndaro y los otros.
Soy un «mal caso», pobre como pocos.
Doroteo me deja sin trabajo
y luego me calumnia por lo bajo.

Ayúdame, Theon, pues ya no hay
entre pobreza y yo sino una &.

 

Nota: Carlos Eduardo Antonio «Charlie» Feiling, más conocido como C. E. Feiling.

 

EDGARDO DOBRY

 

 

 

Hacia una lógica del festejo

 

El día en que Argentina le ganó a Nigeria,
J. y su hijo J. se unieron al repentino
festejo en el Monumento a la Bandera.

Al final de la semana se jugaba
la eliminatoria contra Francia. J. y su hijo J.
se pintaron guiones celeste y blanco,
mandaron iconos de euforia y optimismo.

Argentina perdió y, en un rincón del living,
J. escondía la cabeza entre los brazos.
J. (hijo) preguntó por qué no iban al Monumento:

le resultaba incomprensible que,
con lo lindo que es festejar,
solo esté bien visto si se gana.

 

 

MAR CARRILLO DE ALBORNOZ

 

 

 

 

Oscilar

  

Miro tu cara y digo

anémonas

que hoy

se han abierto del todo.

Brilla en lo alto

como un hilo de voz

el mar inmóvil de la noche.

Quiero que sea contigo

en la transición

entre dos niveles de energía

finísimos

de un átomo de cesio

ciento treinta y tres.

Inmersos

en un segundo.