lunes, 24 de abril de 2023


 

CLAUDIO MARTÍNEZ PAIVA

 


 

Testamento Gaucho

  

Bueno mijo, según la ley,
ya somos casi, casi iguales.
Ya le ha entregado el juez el documento
que lo acredita como hombre.
De hoy en más, lo que haga,
lo que piense y lo que sienta,
tendrá que sustentarlo con su nombre,
su brazo, su plata y su conciencia.
Todita esa es la fortuna
con que a la lucha de la vida le entra
y usted sabe bien el empeño que hemos puesto
pa que al llegar a mozo las tuviera.

Mientras nos vamos acercando a casa,
onde estará su mamá, como clueca;
¿loca de ganas de abrazar al hombre
con que el cielo al final la recompensa?
le voy decir mijo las última palabras
que le guardó pa esta hora mi experiencia.
si le estorban: las oye y las olvida.
en cambio mijo si le sirven, las oye y las recuerda
pa que en esta forma
le ayude a encontrar el rumbo de este viaje largo,
bien largo que le espera.

Ser hombre, no se creerse más varón que cualesquiera,
ni de andar de reja en reja, en una dejando fama de borracho,
y en otra de manchar honras ajenas.

Las de la cantina, son pa por si acaso,
las que hay en la ventana, pa querencias;
son las que pone Dios
pa que resguarde su propio nombre en la custodia de ellas.

Ser guapo, no es andar golpiando gente
ni tampoco deshaciendo fiestas,
guapo mijo ¡es el domador!
que ve la muerte sobre al animal que muenta;
más valiente es toavía quien junto al arado, abre una velga
o se queman los fríos del invierno
o se abraza el sol de media siesta.

Cuando le toque ofertar algún servicio
que llegue su mano antes que su oferta.
La palabra y la firma no se niegan,
así le cueste soportar la vida
en lo más desgraciado de la pobreza.

Ser honrado mijo es el mérito más grande,
como no serlo: la mayor vergüenza.

Cuando le toque votar atienda bien,
cuando le toque votar, tenga presente
que en ese papelito que usted deja
deja lo más sagrado que tiene un hombre,
porque ahí deja usted su honor, su libertad y su conciencia;
y no vaya pensar que yo lo he creado a usté pa flojo,
no mijo… y escuche bien, escuche bien esta sentencia
que fue la condición de sus abuelos:

Aquel, aquel que no sabe ofender, no admite ni acepta ofensas,
nadie muere un día antes según la ley de Dios,
ni tampoco hay sangres de gallina en nuestras venas.
Pa defender la vida es el cuchillo,
pa castigar agravios la zotera,
y si un día, un extraño de su tierra
le perdiese el respeto a su bandera
¡ay si dinchalovarón! nunca más hombre,
nunca más firme el brazo ni la conciencia.

Americano, americano por raza o por orgullo,
americano a las buenas o a las malas
¡caiga el que caiga!
así llamen a su padre pa levantar el mismo su osamenta.
que el que mata, que el que mata o perece por su patria
ha cumplido las leyes de su tierra.

 

EZEQUIEL MARTÍNEZ ESTRADA

 

 

 

Tejes

  

Tejes. Callamos. Yo leo,
que es mi modo de tejer.
La casa empieza a tener
frialdad de mausoleo.

 Hace frío.
 Sí; hace frío.
 Pon otro poco de leña.
En el cuadro un
árbol sueña
y frente a
él corre un río.

 Rafael no viene más.
 Ya no viene más Irene.
 ¿Y Dora?
 ¿Y Pedro?
 ¿Y Tomás?
 Ya ninguno de ellos viene.

Además, ¡cuántos se han ido
por éste o aquel sendero!
Otros nacieron, pero
también los hemos perdido.

Transcurren unos minutos
en una quietud tan pura
que el tejido y la lectura
son perfectos y absolutos.

 ¿Oyes? Salen de la escuela
los chicos.
 Pues, ¿qué hora es?
Hablan y cantan. Despu
és
s
ólo queda una estela.

 ¿Han llamado?
 Sí, han llamado.
Nadie ha llamado a la puerta.
Est
á la calle desierta
como un camino olvidado.

El reloj marca una hora
cualquiera en la eternidad.
Esta sí es la soledad.
Nunca la sentí hasta ahora.

 Es tarde.
 Es tarde.
Cerramos
la llave de luz. Salimos.
 Hasta luego.
Y nos dormimos.
Y despu
és despertamos.

 

 

JULES LAFORGUE

 

 

 

Lamento de esta hermosa luna

 

Se oyen Estrellas:
En el regazo
Del patrón
Todos bailamos en corro
En el regazo
Del patrón,
Bailamos todos en corro.

Vamos, señorita Luna,
Desechemos nuestros rencores;
Entrad en la danza y dispondréis de
Un collar de dorados soles.

Dios mío, es muy honesto por su parte,
para una pobre Cenicienta;
Pero me basta con el medallón
Que me regaló mi hermana planeta.

¡Por Dios! vuestra Tierra es simple secuaz
Del pensamiento! Venid a la fiesta;
Con la seguridad de que volveréis la cabeza
A los más excelsos astros.

Gracias, gracias, sólo tengo a mi amiga del alma,
¡Ahora mismo la oigo gemir!

Os equivocáis, ¡es el suspiro
De las químicas universales!

¡Malas lenguas, callaos!
Debo velar. Hatajo de mujerzuelas,
¡Seguid con vuestros picos pardos!

-¡Dejadnos, pues, virtuosa doncella enharinada!
¡Eh, Nuestra Señora de los ebrios,
De los duendes y rateros!
¡Ponedora en celo de los viejos gatos!
¡Cucú!

Salen las estrellas. Silencio y Luna. Se oye:

Bajo el techo
Sin fondo,
Bailamos y bailamos,
Bajo el techo
Sin fondo,
Todos bailamos en corro.

 

PIERRE LOUŸS

  

 

 

El viejo y las ninfas

 

Un viejo solitario habita la montaña.
Hace muchos inviernos se cerraron sus ojos
por mirar a las ninfas -peligrosos antojos-.
Desde entonces el recuerdo de tal visión lo baña.

Vive de ese recuerdo. -Sí, las ví, me contesta.
Helopsikria y Limnantis, las de cabellos lisos.
Estaban en la orilla como para una fiesta,
junto a las aguas verdes del estanque de fisos.

Inclinaban sus frentes eróticos instintos
bajo la cabellera. Las uñas transparentes.
Los pequeños tesoros de los senos ardientes
eran maravillosos cálices de jacintos.

Paseaban sus largos dedos sobre las linfas,
engarzando nenúfares de tallos elegantes.
y en redor de los muslos ágiles de las ninfas
formaba el agua círculos cada vez más distantes.

 

 

ANDREA LUCA

 

 

 

Hay que vivir la vida como un sueño

 

Hay que vivir la vida como un sueño.
Respirar el fondo profundo de la pesadilla
sabiendo que hay un despertar.
Hay que vivir la vida como si tuyo
fuera el guión y otro el protagonista:
la calle en un día de lluvia
contemplada desde la ventana.
Vivir es el humo del cigarro
que se consume entre los dedos.
Sólo la ceniza perdura, Ave Fénix
en metamorfosis.

Vivir es una maravilla con Alicia
en el país del cuerpo, y un naipe
en la mano que se deshoja
igual que las margaritas.

 

 

JOAN BROSSA

 

 


 

El último hombre

  

A pesar de las apariencias y las teorías, dice
que tiene miedo de la soledad; se siente distanciado
de los objetos; tiene miedo de no ser más que una
cosa entre las cosas, entre objetos sin nombre:
tiene conciencia de no estar aquí.