"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
domingo, 23 de abril de 2023
CLAUDIO MARTÍNEZ PAIVA
Que
me perdone la ciencia
Estoy
solito en mi rancho,
me he quedado solo en casa.
Ladran los perros afuera
como si vieran fantasmas,
y alumbran mis pensamientos
candiles de luces malas.
Alones
de pájaros negros
me ponen luto en las mangas,
y es tan grande el sufrimiento
que voy llevando en el alma
que no lo explican las cosas,
ni lo dicen las palabras.
Ocho
años tenía apenas
el gurisito de mi alma
y despertó una mañana
con los ojos encendidos
y el cuerpito echando llamas.
–Me muero mama– decía…
–Me muero tata– gritaba.
–Siento una sed de martirio,
tengo un fuego que me abraza.–
Besé
al cachorro en la frente
y a la madre en la mirada,
y volé en mi caballo al pueblo
siete leguas de distancia,
siete puñales de punta
clavados en mi garganta,
y el grito de mi hijo adentro…
“Agua mama, agua tata”.
Le
expliqué al doctor el caso.
Se acomodó en su butaca.
Me miró de arriba abajo
y me dijo: –Leoncio, ¡lo siento mucho!
Pero el camino que va a tu rancho es malo
y me va a estropear el auto.
Ahí
comprendí yo, entonces
que la ciencia, no es tan ciencia
cuando no tiene conciencia.
¡Porque en esos mismos caminos
donde muchos médicos no andan,
cruza a galopes la muerte
y va y viene la desgracia!
Me
ordenó que le comprara
al pasar por la botica
un frasco de limonada
y que trajese al enfermo
cuando la fiebre pasara.
Yo regresé a mi rancho
como regresaría todo padre
en iguales circunstancias:
El corazón en los labios
y la tristeza en el alma.
El médico no venía… el médico no venía
no porque fuera mala la senda que va a mi rancho
sino porque no tenía con qué pagarle a la ciencia
siete leguas, ¡siete leguas de distancia!
La
fiebre, duró poquito,
se le cortó una mañana
entre un canto de zorzales
y el suave clarear del alba.
La madre abrazada al hijo,
mi hijo, la frente helada.
Y yo sin voz ni presencia
parado junto a la cama.
Poco
después de enterrarlo
se empezó a turbar mi Juana,
Se la pasaba llorando
con las manos sobre el pecho
lo mismo que si acunara
a un niño recién dormido.
Y así se me fue la pobre,
así la tierra la guarda,
con los brazos sobre el pecho
acunando mi desgracia.
Estoy
solito en mi rancho,
me he quedado solo en casa.
Ladran los perros afuera
como si vieran fantasmas.
Y alumbran mis pensamientos
candiles de luces malas.
Y afilo a la media noche
mi cuchillo, cabo de plata
la única plata del pobre
que no le sirve pa nada.
Y
medito mi venganza.
Por eso le grito al mundo:
Que me perdone la ciencia,
no me culpen si mañana,
me dicen que soy bandido.
o un mal hombre sin entrañas.
Nací can y me hacen puma.
fui cordero y me ponen garras.
¡Dios! ¡Dios Todopoderoso!
Haz que despunte el alba
y arráncame de mi pecho
este grito, este grito que me mata:
—“Agua mama, agua… agua tata.”
EZEQUIEL MARTÍNEZ ESTRADA
Quiero
quedarme
Pronto
hemos de separarnos
y de decirnos adiós.
Uno seguirá camino,
el otro no.
Quiero
quedarme y que sigas
como si te fuera en pos;
pero no vuelvas la cara,
mujer de Lot.
Irás
sola, ¿y por qué triste?,
con mi recuerdo y con Dios.
Será posible que encuentres
alguna flor.
Si
en cambio tú te quedaras,
¿cómo podré seguir yo?
Las noches me encontrarían
en donde estoy.
PIERRE LOUŸS
Los
tres amantes
El
primer amante
me ciñó un collar
de perlas nacidas
en ignoto mar;
con él, un palacio
y esclavas sin par
y un templo y un trono
pudiera comprar.
El
segundo amante
dijo en mi loor:
-Si de tus cabellos
el negro esplendor
desatas, la noche
se esparce en redor;
y de tus azules
ojos al fulgor
la mañana enciende
su primer albor .
El
tercer amante
-lo tuve hasta ayer-
de toda hermosura
tenía en su ser;
tan solo mirarlo
era ya un placer
que aún a su madre
hacía estremecer…
Su frente, su boca
-tibio rosicler-
sobre mis rodillas
venía a poner.
Tú,
nada me dices;
tú, nada me das:
ni joyas, ni versos,
ni es bella tu faz;
nunca fina clámide
ceñiste quizás…
Sin embargo, túya
siempre me verás
cual los tres amantes
me vieran jamás.
JULES LAFORGUE
Otra
endecha de Lord Pierrot
¡La
que debe ponerme al tanto de la Mujer!
Primero le diremos, con mi aire menos frío:
“La suma de los ángulos de un triángulo, alma mía,
“Es igual a dos rectos.”
Y si
le sale el grito: “¡Dios de Dios! ¡cómo te amo!
—”Dios va a reconocer a los suyos.” O picada en lo más vivo:
—”Mis teclas tienen corazón, serás mi único tema.”
Yo: “Todo es relativo.”
Y
con sus ojos todos, ¡vamos! sintiéndose de más banal:
“¡Ah! tú no me amas; tantos otros tienen celos!”
Yo, con una mirada que se embala al Inconsciente:
“Gracias, no está mal; ¿y usted?”
—”¡Juguemos
al más fiel!” —”¡Para qué, Naturaleza!”
“¡A que el que pierde gana!” Vamos, otra canción:
—”¡Ah! tú vas a cansarte primero, estoy segura…”
—”Después de usted, por favor.”
Si,
en fin, por una noche, ella muere en mis libros,
Dulce; fingiendo no creerles ya a mis ojos,
Tendré un: “Ah bien, pero, ¡teníamos De Qué vivir!”
“¿Entonces era en serio?”
ANDREA LUCA
Herencia
del fuego
Aprendo,
desaprendo, me prendo
como la chispa sobre la paja.
Alumbro
y me extingo en la posibilidad de la vela.
Devoro y calcino
cuando el fuego es mi hambre,
también ilumino el íntimo rincón
de la alcoba. Soy llama
que a sí misma se nombra.
Llamada
y llamarada en un bosque bajo el trueno.
soy rayo que ilumina y serpentea
con eléctrica convulsión en la noche
de la sangre. Y humo que se alzará
de mi sombra como un volcán durmiente
donde bailan las pavesas.
JOAN BROSSA
El
gran triunfo
Siento
el latido inmenso en la llanura
y lo canto en la altura de la cumbre.
En plena libertad, libres procura
Todas las Cosas. Jamás servidumbre
En
la fuente del gozo, en tu hermosura
He hallado. ¿Ves?, amor, en muchedumbre
Cruzo el dédalo; mas contigo, pura
Naranja que ha crecido de la lumbre,
¡Cuánta
luz salta con la sombra mía!
En plenitud de paz en ti me inclino,
Más allá del amor nada nos guía:
Sendas
y objetos vuelcan el destino
En la hoguera del alba. Noche y día,
La tuya, amor, al tiempo desafía.
