lunes, 28 de agosto de 2023




 

ALBERTO NESSI

 

 

 

Conversación con el ángel

 

“¿Y tú que recibiste, qué diste?”
me pregunta uno sentado bajo el carpe
frente a la mesa de piedra envuelta por la hiedra,
un ángel con un zapato solo, me parece,
y un ala agujereada, tal vez le dispararon,
un contrabandista de dios, un Ícaro caído
entre las zarzas fulminado por el sol
“¿qué te queda, por qué vives escondido?”

“No sé. Pesan los muertos sobre los hombros
sus figuras me salen al encuentro
luminosas, dibujan sombras en el prado:
yo soy un poco todos ellos, me trepo a la higuera
pierdo cabello, tengo el mentón de mi madre.
¿Qué recibiste? Ya más años que mi padre
y di más de un abrazo a las nubes.
Vivo apartado como hace el corzo
caracoleando entre carpes y hayas
pero a menudo me pierdo en la hondonada,
hablo solo, persigo a más no poder
la belleza que huye a primera vista.
¿Qué me queda? Un poco de asombro
por el carrizo, de pena por los dementes
que crían serpientes en el corazón,
me queda el placer de pelar una naranja
dar vuelta una página, rozar el viburno
seguir rastros de animales en la nieve
rosazulada si la enciende el sol,
escuchar el silencio de su canto
el contrapunto de los hayucos en el blanco
la urraca descarada que se embosca
con un vuelo borracho. Y de golpe
un guante negro se me planta delante
a orillas del sendero, una calavera
resurge en el sotobosque. Pero terco
yo pongo un pie detrás del otro, en vilo
sobre las simas, como hace el cazador furtivo”.
“¿Tienes remordimientos, retornos, represalias?”

“Regreso cada día a los fuegos de estación.
Y me retuerzo contra el tiempo que me tuerce
el cuello: hoy se vuelve de pronto ayer
hoja de diario que se arremolina
en la alcantarilla, nieve hecha
del mismo material que los sueños”.

“¿Y todos esos renglones que vas trazando?”

“Nada, sólo hormigas, patitas
de miriápodos, restos de menudencias
aires de un musicante de pueblo
rezagado después de la fiesta, flabelos
de vinca contra los soplos del viento
diagramas en fuga sobre los barrancos escarpados
discursos divagantes, rezos. Pero tú ¿quién eres?
¿Me llamaste? ¿Ya es la hora? ¡Qué rápido!
Guardo la corneta en el estuche
preparo la valija: voy y saludo
a las mujeres las hojas la luz
que amé”.

 

Versión de Pablo Ingberg

 

DIANA GARZA ISLAS

 

  

 

alímberes envueltas y aloído
debajo de colinas, su lava latente
la tierra bebería
la tierra en ámbitos fetales
en los tiempos indicados

ninguna experiencia
o capaz
en las peleas tatuadas
andaba el alerón, que me decías
y que yo, tan ida, tan escente
llené con varios ojos
aquella madrugada
de lo alto en mí

gramáticas molidas
del agua habilitar, la mano
empapelada, antónima
dos lluvias, éstas, antes del estío
donde la horizaban ya
en otra infancia así

pozo suficiente
alto en su flúor

¿y qué significa
morir?

enormes colibríes, su hilo vibratorio
dorados de grana si alevosa

esferas sin derecha y sin izquierda
nodrizas no, tampoco

que un solo grano a su casa
en las afueras la llevó

o eso otro que no sé

variando al esgrimir
y triceversa—

 

KIMI ISHIWATA

 

 

 

Casa

 

No es que ya haya perdido el lugar adonde volver,
más bien
me he vuelto este lugar de regreso.
El anochecer huele
como si todo mundo tuviera un poco de ganas de llorar
y los días de primavera también anochecen gradualmente.
Abrazando a mi bebé
entro a la casa en media penumbra
y en la entrada exclamo “ya llegué”
y en el instante en que enciendo la lámpara
cierro los ojos.

 

Versión de Yaxkin Melchy

 

DANIEL MEDINA

 


 

IX

 

¿SABÍAS QUE…?
en general se asume que cualquier forma de vida extraterrestre estará basada en nuestra química fundamental, ya que los cuatro elementos primordiales (carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno) también son los elementos más comunes del espacio.

[Nadie sospecha que ahora mismo, en Kepler-78b, la depresión no existe: sus pobladores toman el sol como martinetes colorados.]

 

De: “XVIII” (a partir de los XVIII Cantos de Barnett Newman).

 

 

OUAJD KARKAR

 

 

 

Los umbrales del socorro

 

I
Llegó el tiempo, aire de montañas,
sombra de los huertos y el sol brillante
perfecto para el encuentro.
Soy el que espera, he salido del pueblo.
El cielo cubierto por las nubes, la tierra vestida con ellas.
Algunas veces el camino que lleva hacia ti,
se olvida de mí, 
no me encuentro en ninguna parte,
solo el tiempo hace lo que quiere.
Así es nuestra situación; enredada en sí misma,
como el arcoíris.
—Nuestro An
ar¹ ya no tiene compañera,
ahora es viudo.  

 

II
Hace mucho que mis pensamientos no concuerdan conmigo.
Me asomé para mirar el día, la luz y lo mucho que florece,
la luz es roja, es verde, es amarilla.
Algunas ramas se movieron, por un instante
creí que era la revolución de las aves.
Pero toda esta esperanza maldita no me encuentra en ti
y yo no sé dónde reposar.
En la revoltura de la tierra, el día enmudeció entre nosotros.

 

III
La sombra, ¿por qué cayó de las ramas? ¿Otra vez los muros? ¿De nuevo los cercos?
Rostro sin rostro, frente a este espejo te escribo, elimino lo escrito,
escribo y envío mis palabras:
“Terrazas de la Infancia”, “Manantial de los Poetas”, “Rio del Lobo”, “Cruce del Otoño”…
 Frente al haz de luz, la puerta del cielo se desplaza.
En la lejanía, sobre los umbrales del socorro,
levanto las enaguas de mi sueño que camina
tras la subida y la marcha que cojea.
De mí mismo huyo desnudo como la hoja de los vientos.
Estoy así en un mundo que actúa como si fuese un mendigo.

 

IV
A distancia de las hojas, la tierra bajo el cielo, las cuevas bajo la tierra,
no he encontrado la salida.
Toco algunas puertas, pasó el tiempo y aun sigo tocando el pandero
—aunque la pandereta es más dulce.

¿Dónde está la salida? ¿Hacia dónde mirar? 
¿A dónde te diriges? ¿Cuál es mi camino?
La noche es ciega, solo ve su oscuridad.

Entristecido, terminé como si no existiera, seguiré sin ida ni retorno.

 

V
El insecto se acurruca en mi regazo.
¿Acaso hay una fogata en mi interior?

El aquí es lejos del allá, hacía frío antes.
Algunas veces juntos, otras veces me separo.
La he visto en el silencio de las pavesas,
caigo al fondo.

 

VI
Desde y donde caí, la montaña está en su tamaño, el cielo es movimiento, 
álamo sobre la orilla, los ojos son lágrimas.
Tras de ti voy, persiguiendo un pájaro que no vuela.
 Su preocupación es grande, la caída sobre sí mismo, hasta que me dijeron:
—¡Se ha quedado sin alas!
 
VII
“Pasé por acá y por allá, me di cuenta de que no he cruzado por ahí”,
casas de piedra y tierra.
Sí, sobre el mirador en donde nos encontramos, el cielo se inclinó, cayó,
sólo la media luna se recogió, como feto, como errante entre las nubes.
Alma ancestral, lo que anhelamos es como vapor sin esencia,
la separación de los días, gotas de lluvia.
Retumbó el trueno en las tiniebla, como el borde de un tejado. 
La mariposa que esperó por ti aún está lejos,
estoy distante de lo que veo. 

 

Versión al español del autor.

 

1.- Este término significa lluvia en bereber/amazige, y en la tradición local es el dios de lluvia, consorte del arcoíris, conocido como taslit n unar, “la novia de la lluvia”.

 

BÁRBARA ALÍ

 


 

Desaparecido suena a alguien
que se va caminando
que cruza una línea
y es tragado por la niebla
como un Triángulo de las Bermudas
nadie que pueda dar cuenta del paradero
desaparecido suena
a ser envuelto por una nube blanca
a alguien que pregunta dónde está
y otro que responde en otro idioma
desaparecido suena a correr
y correr sin saber hacia dónde.