Los
umbrales del socorro
I
Llegó
el tiempo, aire de montañas,
sombra de los huertos y el sol brillante
perfecto para el encuentro.
Soy el que espera, he salido del pueblo.
El cielo cubierto por las nubes, la tierra vestida con ellas.
Algunas veces el camino que lleva hacia ti,
se olvida de mí,
no me encuentro en ninguna parte,
solo el tiempo hace lo que quiere.
Así es nuestra situación; enredada en sí misma,
como el arcoíris.
—Nuestro Anẓar¹
ya no tiene compañera,
ahora es viudo.
II
Hace
mucho que mis pensamientos no concuerdan conmigo.
Me asomé para mirar el día, la luz y lo mucho que florece,
la luz es roja, es verde, es amarilla.
Algunas ramas se movieron, por un instante
creí que era la revolución de las aves.
Pero toda esta esperanza maldita no me encuentra en ti
y yo no sé dónde reposar.
En la revoltura de la tierra, el día enmudeció entre nosotros.
III
La
sombra, ¿por qué cayó de las ramas? ¿Otra vez los muros? ¿De nuevo los cercos?
Rostro sin rostro, frente a este espejo te escribo, elimino lo escrito,
escribo y envío mis palabras:
“Terrazas de la Infancia”, “Manantial de los Poetas”, “Rio del Lobo”, “Cruce
del Otoño”…
Frente al haz de luz, la puerta del cielo se desplaza.
En la lejanía, sobre los umbrales del socorro,
levanto las enaguas de mi sueño que camina
tras la subida y la marcha que cojea.
De mí mismo huyo desnudo como la hoja de los vientos.
Estoy así en un mundo que actúa como si fuese un mendigo.
IV
A
distancia de las hojas, la tierra bajo el cielo, las cuevas bajo la tierra,
no he encontrado la salida.
Toco algunas puertas, pasó el tiempo y aun sigo tocando el pandero
—aunque la pandereta es más dulce.
¿Dónde
está la salida? ¿Hacia dónde mirar?
¿A dónde te diriges? ¿Cuál es mi camino?
La noche es ciega, solo ve su oscuridad.
Entristecido,
terminé como si no existiera, seguiré sin ida ni retorno.
V
El
insecto se acurruca en mi regazo.
¿Acaso hay una fogata en mi interior?
El
aquí es lejos del allá, hacía frío antes.
Algunas veces juntos, otras veces me separo.
La he visto en el silencio de las pavesas,
caigo al fondo.
VI
Desde
y donde caí, la montaña está en su tamaño, el cielo es movimiento,
álamo sobre la orilla, los ojos son lágrimas.
Tras de ti voy, persiguiendo un pájaro que no vuela.
Su preocupación es grande, la caída sobre sí mismo, hasta que me dijeron:
—¡Se ha quedado sin alas!
VII
“Pasé por acá y por allá, me di cuenta de que no he cruzado por ahí”,
casas de piedra y tierra.
Sí, sobre el mirador en donde nos encontramos, el cielo se inclinó, cayó,
sólo la media luna se recogió, como feto, como errante entre las nubes.
Alma ancestral, lo que anhelamos es como vapor sin esencia,
la separación de los días, gotas de lluvia.
Retumbó el trueno en las tiniebla, como el borde de un tejado.
La mariposa que esperó por ti aún está lejos,
estoy distante de lo que veo.
Versión
al español del autor.
1.-
Este término significa lluvia en bereber/amazige, y en la tradición local es el
dios de lluvia, consorte del arcoíris, conocido como taslit n unẓar,
“la novia de la lluvia”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario