Conversación
con el ángel
“¿Y
tú que recibiste, qué diste?”
me pregunta uno sentado bajo el carpe
frente a la mesa de piedra envuelta por la hiedra,
un ángel con un zapato solo, me parece,
y un ala agujereada, tal vez le dispararon,
un contrabandista de dios, un Ícaro caído
entre las zarzas fulminado por el sol
“¿qué te queda, por qué vives escondido?”
“No
sé. Pesan los muertos sobre los hombros
sus figuras me salen al encuentro
luminosas, dibujan sombras en el prado:
yo soy un poco todos ellos, me trepo a la higuera
pierdo cabello, tengo el mentón de mi madre.
¿Qué recibiste? Ya más años que mi padre
y di más de un abrazo a las nubes.
Vivo apartado como hace el corzo
caracoleando entre carpes y hayas
pero a menudo me pierdo en la hondonada,
hablo solo, persigo a más no poder
la belleza que huye a primera vista.
¿Qué me queda? Un poco de asombro
por el carrizo, de pena por los dementes
que crían serpientes en el corazón,
me queda el placer de pelar una naranja
dar vuelta una página, rozar el viburno
seguir rastros de animales en la nieve
rosazulada si la enciende el sol,
escuchar el silencio de su canto
el contrapunto de los hayucos en el blanco
la urraca descarada que se embosca
con un vuelo borracho. Y de golpe
un guante negro se me planta delante
a orillas del sendero, una calavera
resurge en el sotobosque. Pero terco
yo pongo un pie detrás del otro, en vilo
sobre las simas, como hace el cazador furtivo”.
“¿Tienes remordimientos, retornos, represalias?”
“Regreso
cada día a los fuegos de estación.
Y me retuerzo contra el tiempo que me tuerce
el cuello: hoy se vuelve de pronto ayer
hoja de diario que se arremolina
en la alcantarilla, nieve hecha
del mismo material que los sueños”.
“¿Y
todos esos renglones que vas trazando?”
“Nada,
sólo hormigas, patitas
de miriápodos, restos de menudencias
aires de un musicante de pueblo
rezagado después de la fiesta, flabelos
de vinca contra los soplos del viento
diagramas en fuga sobre los barrancos escarpados
discursos divagantes, rezos. Pero tú ¿quién eres?
¿Me llamaste? ¿Ya es la hora? ¡Qué rápido!
Guardo la corneta en el estuche
preparo la valija: voy y saludo
a las mujeres las hojas la luz
que amé”.
Versión
de Pablo Ingberg
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