"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
jueves, 3 de septiembre de 2026
ALKAÍD MARINO
Teorema
de la tristeza
De
niño me levantaba
por las noches
a revisar que las llaves del gas
estuvieran cerradas.
Vigilaba la calle desde la ventana
de mi cuarto; salía a la zotehuela
a alborotar con ruidos
a los perros
de los vecinos.
Soy
de esas personas
que evitan las líneas divisoras
en los pasos peatonales;
que
se lavan las manos
más de tres veces
cuando van al baño;
que
dicen la palabra cerrar
cuando están
por apartarse
de alguna puerta.
Mi
siquiatra sabía cómo llamarle
a todo esto.
No me interesa recordar
sus palabras.
Conté
65 azulejos
en aquel baño público.
Yo
le llamo tristeza.
SANTIAGO MAQUEDA
ESTUVO
LLEVADERA LA CHARLA con mi padre
anécdotas varias
cuando me enseñó a andar en bici
me carreteó y soltó y mis pedaleadas
impulsaron las ruedas sin caerme
y no pude frenar el movimiento hacia adelante
llegó la noche
seguía nuestra charla
cada vez que a los ojos lo miraba en la penumbra
su cara menos clara se veía
indistinguible de la enredadera que crecía atrás
todo oscuro sin temas de conversación
generalidades
creo que no lo veo o veo este recuerdo
pero charlamos
ojalá la juventud pudiera
transferirse a otro cuerpo y prolongar su movimiento
creería que seguís ahí
no te veo en lo negro
no sé
oigo tu voz intacta al conversar
tan sólida
sigo a ciegas la charla
llevadera
tu voz desde lo negro
imagino tu cara puede ser que tenga
menos piel
MARLON PV
Caída
libre
Te dejo la ciudad sin mí,
me voy a andar el mundo sin ti.
Te dejo el corazón también,
donde iré no estarás
corazón, ¿para qué?
Los Ángeles Negros
Tengo
miedo de que una tarde cualquiera
nos caigan cuerpos encima como balas
o peor aún, como poca cosa;
como sacos de carne, sangre y huesos
como visceralidad humana
con sello certificado de explotarlos hasta el cansancio o la muerte
Duele
pensar en que la soga que ató la vida
abarató el costo de la obra de un edificio de lujo
sumó números a los arquitectos y a los empresarios
restó en nosotrxs algo que no siempre está en la superficie
Por
ahora el silencio de rodear un cuerpo
de verlo desde la falsa tranquilidad y pensar en el alivio de no ser él
Inerte, con los ojos abiertos
o torcido por el impacto contra el suelo;
sentir ante esa escena gore que estamos mejor acá
Tengo
miedo de presenciar el derrumbe de La City,
de que los andamios comiencen a latir
a agrietar esta infraestructura ruidosa
que no hace más que jugar con nuestra lengua
Tengo
miedo de que nos lluevan cuerpos
pero más miedo la extensa sombra
que proyectan los edificios encima nuestro:
quedar atrapada en su frío de opulencia
y nunca despertar.
KATYA VÁZQUEZ SCHRÖDER
Los
estertores
Decía
que la empleada le había choreado.
No le gustaba su hacer desprolijo
la leche le quedaba fría
siempre quedaban restos en el tenedor.
Se descosía en gritos
llamándola a cada rato
para que le trajera
con manos lavadas
la taza llena de agua.
A la
noche
en un colchón
a los pies de la cama
cuando la oscuridad permitía borrar las figuras
la empleada le tendía la mano que la abuela
sostenía con vehemencia.
Aún en el calambre del brazo alzado
la abuela se despertaba con la mano callosa
en su pecho flácido.
Prendía la tele y alzaba su voz
por encima del volumen máximo del aparato
para que le trajera una servilleta
no ves, nena, que no me puedo levantar.
Rigurosa
la mano que le limpiaba la mugre
de entre los pliegues de la flacura
se entrelazaba con la de ella
para pedirle a Dios
que perdone sus ofensas.
En
su último segundo
profirió un grito
que nadie en la sala entendió.
Mónica se quedó esa noche
sentada a su lado
mientras notaba
cómo su mano encogía.
KAMILA RUBERO
cómo
cambian las rutas y el cuerpo cuando no los transito
pensar
que la costumbre se escapó sin avisar,
sin echarme de menos.
la
nostalgia se esconde
junto al cabello que acomodo detrás de mi oreja.
espero que este cuerpo
nunca se sienta extranjero en las calles que transitó.
las
manos
además de ser caricia también son brújula.
las
manos casi siempre salvan.
MARY WROTH
Su
ardor, gozo; y sus lazos, honda fuerza;
no hay mancha aquí, sólo el blanco más puro,
ni una nube que pueda obviar su luz,
ni marca que la pena no corrija.
Hay aquí pasión por el amor probado,
oro en el fuego y negro urdido en blanco;
error hecho verdad; tiniebla, luz;
donde la fe es ganada en las caricias.
Satisfácelo, gloria en su poder,
y él será como la blancura límpida,
cálido y claro como el sol y el aire,
deleite, fe y verdad en recompensa.
Así, amor, cede y cumple su mandato,
sé, en corte osada, una luz espléndida.
