jueves, 3 de septiembre de 2026

ALKAÍD MARINO

 

 

 

Teorema de la tristeza

 

De niño me levantaba
por las noches
a revisar que las llaves del gas
estuvieran cerradas.
Vigilaba la calle desde la ventana
de mi cuarto; salía a la zotehuela
a alborotar con ruidos
a los perros
de los vecinos.

Soy de esas personas
que evitan las líneas divisoras
en los pasos peatonales;

que se lavan las manos
más de tres veces
cuando van al baño;

que dicen la palabra cerrar
cuando están
por apartarse
de alguna puerta.

Mi siquiatra sabía cómo llamarle
a todo esto.
No me interesa recordar
sus palabras.

Conté 65 azulejos
en aquel baño público.

Yo le llamo tristeza.

 

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