La
esperanza es del hombre
Desesperado,
lleva consumidos cuarenta crudos inviernos
y está agotado tras otras doce horas de trabajo.
Pero
aún no tiene sueño
o al menos no quiere dormir,
porque dormir
es echar a perder la poca libertad que aún le queda.
En
un cuarto desbordado,
ebrio de vino barato
y con la vigésima quinta sinfonía de Mozart
sonando en una radio que no sintoniza del todo,
aporrea
con todas sus fuerzas,
aporrea enloquecido
una vieja máquina de escribir.
Sus
dedos
son martillos que golpean un yunque.
Cada
pulsación es un rugido,
verso a verso
construye su música.
No
son poemas, es una vida.
Es su sangre la que está impresa en cada hoja sucia.
Hojas que condensan toda su historia.
Las
amontona y las envía una y otra vez.
Gracias a Dios,
la esperanza es del hombre,
redime al hombre,
y
acumula cartas de rechazo,
lágrimas y derrotas a partes iguales,
aunque tal vez, aún no sea demasiado tarde,
no,
mientras
siga golpeando las teclas de su vieja máquina de escribir
no, mientras su corazón siga latiendo
.
y cada noche,
. una gota de esperanza
. siga
alimentando su espíritu.
De: “Incierta
belleza del viento”