sábado, 27 de diciembre de 2025




 

IVAN POZZONI

 

 

 

Epimilligram


 

No debes enojarte si a veces te nombro,

te he hecho inmortal en el «retrato anónimo».

Mi tinta graba mejor que un tazón de cicuta:

sin que nadie lo sepa, tu reputación ha evolucionada.

 

 

Epimilligramma

 

 

Non ti devi incazzare se, a volte, ti nomino,

sai, t’ho reso immortale come un «ritratto d’anonimo».

Incide meglio il mio inchiostro che una ciotola di cicuta:

senza che nessuno lo sappia la tua fama si è evoluta.

 

 

 

BELÉN OJEDA

 

  

II

Zagreb, 14 de febrero de 1944
 
 

Reconocemos en los tiestos
la mano que suspende la taza
el diálogo que aún tiembla en el silencio
 

 

MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ

 

  

[La sinagoga]

 

 

La sinagoga convertida en matadero,
el pan en estropajo, el Nilo en sangre,
la campana en gemido del ganado,
los libros en ceniza y herradura.

El agua convertida en vidrio enfermo,
la pared en sudor y reservorio
donde tiemblan cordero y matarife,
la sala de oración de las mujeres
en despensa de carne desollada
que gotea despacio su temor.

Y la llave, expulsada de su puerta
–el dintel ojival que abría el mundo–,
expulsada también del yunque ronco
y la herida esponjosa en la que el barro
arrancó su carnaza y compasión,
arrojada a su veta de metal,
carbonato insoluble, enfebrecido
que escribe soledad en otras lenguas.

Umbrales de la llaga. Cerraduras.

en Valencia de Alcántara

en la diáspora

  

De: “Fiebre y compasión de los metales”
 

 

JOSÉ LUIS MORANTE

  

  

 

Nada y todo ocurre en todas partes

Philip Larkin

 

 

Es aquí donde estoy,
entre grietas de un yo parapetado
en las profundidades
de sí mismo.

Habito un cuarto exiguo
donde nada hay detrás,
salvo el triste vacío
de paredes sin lustre.
Soy un plano que muestra,
maltrecho y solitario,
el retraso gastado de caminos
que ya se desvanecen.

Mi reclusión carece de secretos.
En las puertas del frío,
necesito encontrar
en cualquier prisa
el sol en casa;
un cuerpo que sostenga
el temblor de la luz.

 



VÍCTOR MANUEL PINTO

 

 

Juana de Castilla / 1539

El espanto

  

La demente se baña con petróleo,
selva podrida, cachicamo muerto
escurriendo negror venezolano;
llevado en barco, cargado en burro;
gas del pantano, óleo de la piedra.
Quita el reuma, dice, el petróleo es brujo.
Y el pelo se le enrolla como un rabo
que escurre retorcidas aguas negras.

Mi hijo, mi hijo, ¿dónde está mi hijo?

Se mete la mano y no lo encuentra;
se saca pedazos de orquídeas viejas,
cintas y claveles de un entierro.

La demente se echa en la brea;
se pellizca el centro de la areola,
se fuma la colilla del pezón
y las latas del rancho se enrojecen.

Hay sombras que pelean en el rojo.
Hay cuchillos y dientes triangulares:
una mujer que mata a otra mujer
mientras suena el repique del tambor
y el petróleo salpica las paredes.

He metido el trapo en la botella.
He quemado la mecha, humedecida.

 
 

DOUGLAS GÓMEZ BARRUETA

 

 

Futuro Supermarket

  

Una tumba con vista al mar
oculta entre los árboles que no muestran sus frutos.

La casa construida dando la espalda al cementerio.
Allí viven los críticos literarios:
silenciosos como las aves de corral,
lentos como los caimanes escondidos en el lodazal.

Las lagartijas corren apresuradas
en la misma ruta que antes tomaron los dinosaurios.