Busco
en el viento
la
consciencia de las plantas.
Noto
que lo que se eleva
tiene
raíz. Retrocedo mil años
para
afirmar: ¡mil años!
Y
conquistar
¿el
silencio? Adelante.
Si
está en algún lugar
la
experiencia de los dioses
habita
en las frutas.
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
Busco
en el viento
la
consciencia de las plantas.
Noto
que lo que se eleva
tiene
raíz. Retrocedo mil años
para
afirmar: ¡mil años!
Y
conquistar
¿el
silencio? Adelante.
Si
está en algún lugar
la
experiencia de los dioses
habita
en las frutas.
Mi
vida fue a parar a otra galaxia
y escribo para rescatarla.
Pero entre yo y la vida
había quien creyera
que las cosas que piensa
piensa por si mismo.
Sería
un obstáculo.
No dijera yo que nadie piensa
por sí mismo
no tenía que hacerme explicar
con mis pantalones rojos
mi abrigo monocromado
R. de resentimiento
picando mi lengua.
Es
la explicación el origen
del hoyo negro
en que estamos.
En el hoyo negro
se deslizan las paredes
si las intentamos agarrar
cuando llegamos a eso
que no hay.
¿Cómo
llegamos allá?
Al morir. Tú mueres
y tu materia
se queda en la tierra, ¿cierto?
O se
disipa en el fuego
la materia de tu cuerpo.
Aquello en ti que te anima
el perro de tu respiración
la daga que son tus ojos
tus cabellos, tus cuervos
aquello que muerde tu dentadura
y vibra fibra músculo en fin
tu alma por igual
y todo aquello que es invisible en ti
es tragado (invisiblemente)
por el hoyo negro.
Las caries, los pergaminos egipcios
Las cucharas que doblaste abriendo latas
no. Eso se marchita en la tierra.
Siete palmos.
De
la palabra salir
habitar
otros mundos
la
espina dorsal del pez
lamer
hasta limar los dígitos.
Dar
los tímpanos
al
vibrar los grillos
reconocer
la llegada del trueno
en
el desplazar de la sangre
y al
anteceder terremotos
¡subir!
En lo alto del árbol
y
caer con el rabo
enredando
un gallo
colgarse
en la bóveda celeste
soplar
el rumbo de los polos
y de
las mareas que vienen de los polos.
No
conocer despedida
viaje
o culpa
código,
símbolo o cuchillo.
Nunca
alterar la ruta del fuego.
Ser
selva, veneno. O fruto.