"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
sábado, 12 de agosto de 2023
VALERIA SANDI
Manchas
Hoy
soy
un cúmulo de vocales
que
ni la noche
enciende
mi
mano se quedó
con
el silencio
que
dejaste
porque
te gustan
las palabras fugaces
las
que te dejo mojadas
las
sueltas en el camino
se
lastiman mis palabras
por
ahí deambulan cortadas
y
las hienas que andan sueltas
reconocen
el olor de mi sangre.
DIEGO L. GARCÍA
peinados
de otra época en un bar para no ser nada.
para entrar en la parte ambiental como quien deja enfriar el café.
la mueca de una camarera que sirve un vaso
con la historia congelada en sus movimientos.
es todo nuevo y viejo a la vez.
hay una fascinación por empujar la materia
hasta los bordes de su lectura.
nadie observa los mejores detalles:
el juego de dislocar aquello
que cumple una función a su renta
para no pagar de más esas torceduras
en las caras menos familiares. fuman.
se trata de poner en relieve una minoría
pero solo para que el paisaje sea sustentable.
un imperio puede ser un pequeño error en una escena
que sale en primera toma.
así: colonizar cualquier juicio sin proteínas o arder
en una pila de cartas mal enviadas
De: “Las
calles nevadas”
DIRA MARTÍNEZ MENDOZA
La
noche
La
noche es un diluvio en las entrañas
columpiándose.
La
noche es en el soñante
una
esfera deshaciéndose
vociferando
en el silencio
su
canto.
Fallecimos
como astros,
violentísima
radiación sideral.
KANEKO MISUZU
Tierra
Tucúm tucúm:
la tierra que es golpeada
deviene buen sembradío
del que nace buen trigo.
Desde la mañana hasta la noche
la tierra que es pisada
deviene un buen sendero
donde los carros pasan, ¡eh!
¿La tierra que no es golpeada…
la tierra que no es pisada…
es tierra que no se necesita?
No, no: ahí es donde
las plantas sin nombre
tienen un lugar para hospedarse.
Versión de Mario A. Palacios López
VALERI VERGILOV
Lumpen-precariado
Unos a los otros se preguntan
acaso no oyen
cómo los martillos francmasónicos
fijan su destino,
acaso no vislumbran
las sombras sísmicas
en la carne de su tierra,
no hay quien interprete
esta luna llena sobre sus rostros
pálidamente desvanecidos, algo alocados,
no hay quien mire
a lo largo de esta última ribera,
¿no están los miedos humanos fluyendo?
Así se preguntan los unos a los otros,
apocadamente ensimismados
en el horrible ritmo
de este adivinatorio batir del destino,
de estos cuatro compases de Beethoven,
aquellos que agrietan el hormigón
de las corrientes de miedo,
miedo, miedo, miedo,
por eso solo preguntan,
no se atreven siquiera a intentarlo,
no se atreven siquiera a contar
con sus hermanos del precariado:
los pobres, los débiles, los desgraciados
eternos herederos terrenales de Mateo:
inalterablemente ellos caen los primeros
en esta ya posiblemente
póstuma realidad,
en la que ellos ven y oyen
llorando al forjador
y cómo este golpea levantando su martillo
por su propia calavera,
y de los millares de sus trocitos,
como del oído de una diosa antigua
un nuevo mundo está naciendo
y en él ellos vuelven a ser
catastróficamente pobres,
los miserables.
Versión de Marco Vidal González y Katya
Gérova
VALERIO MAGRELLI
El silencio permanece entre
una página y otra
El silencio permanece entre una página y
otra.
La larga extensión de la tierra hasta el bosque
donde la sombra recolectó
un sí sustraído a la mañana,
donde las noches aparecen
separadas y preciosas
como frutas en las ramas.
En este delirio
luminoso y geográfico
no sé todavía
si ser el país que cruzo
o el viaje que emprendo.
Versión de Roberto Bernal
