"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
viernes, 2 de junio de 2023
DAVID FUEYO FERNÁNDEZ
Nicotina
y versos
En
el momento más inoportuno llegan las hadas
secuestran el pedazo de ciudad que ocupas
lo congelan y no existe nada más que ese tintineo que llama al verso,
cigarros apagados en nuestros cubículos del mundo
aspiramos ceniza cuando dormimos
y desde nuestra insignificancia nos sentimos plenos
como una droga barata que cristaliza en los párpados.
Hemos de escribir y no dejar de hacerlo,
hemos de hacerlo, compañeros.
EDGAR AGUILAR
Canto
del marinero
a José Luis Rivas
¡Oh alma errante e inestable de la gente que vive
embarcada,
de la gente simbólica que pasa y con quien nada dura,
porque cuando el barco regresa al puerto
hay siempre alguna alteración a bordo!
Fernando
Pessoa
He visto el mar.
Le he visto correr sobre mis venas.
¡Ingrato mar!
¡Agolparse sobre mí de esta manera, frenéticamente!
Verle
así, ensimismado, meditabundo,
sondeando las aguas que lo cubren,
azul turquesa, añil, metálico, translúcido,
bajo el influjo de las sales marinas que aguardan bajo su seno…
¡Quién dijera que me causéis tantas desgracias!
He
visto asir la bandera de vuestra gloria.
He visto caldear tus fuentes marítimas
a la menor tropelía de vuestros navegantes…
¡Así conmigo! ¡Así vuestro desprecio!
Verle
estallar en momentos de relativa calma,
de relativa aspereza… ¡Es como para volverse loco!
Así este mar indescriptible, faraónico, tumultuoso,
que abre sus fauces para engullirlo todo… Y que anida en mí…
He
visto el mar arder
y levantar humaradas desde el fondo de sus abismos.
He visto el mar no ceder ni un palmo de su territorio;
he visto, en cambio, decrecer su nivel como un manso ogro
tras la primera luna intermedia que se avizora en los cielos…
Mas, sin embargo, le he visto rugir su marea tras el magnético influjo
de las propiedades eólicas que refleja la circunferencia exacta desde lo
alto…
¡Y no comprender nada! ¡Y padecer siempre el vértigo de su opresiva calma!
¡Y ceñirse a los turbios designios de su inequívoca empresa!
Verle
cubierto de escamas como un animal silente
dueño del mundo, dueño del horizonte, dueño de las profundidades.
Dueño del destino del hombre que, no obstante, es su propio destino.
Porque el mar, por extraño que os parezca, posee su propio destino,
su propia aventura, su propia integridad, su propia alocada manera de
redescubrirse.
¡De qué otra manera podría hacerlo sino a través de los fatuos combatientes
marinos, que han vertido sobre su regazo insuperables fórmulas de abordaje,
donde los sentidos se disparan al tener frente a sí la inmensidad de los
océanos!
He
visto las mil formas del mar.
Le he visto trepidante, colérico, fogoso,
indiferente, porfiado, testarudo… Mas nunca ingenuo…
Le he visto abrazar a sus hijos y engullirlos sin complacencias.
Sabe que la ingenuidad es el arma letal de sus huéspedes efímeros,
circunstanciales… ¡Hombres!, ¡pobres hombres!
Sabe que el fervor de un hombre en busca de tierras ignotas
es también el dramatismo más elevado en sus entrañas,
el gesto más sublime que ha depositado de entre su piel inerme
para después, como una estocada, lanzarle a sus abismos.
No hay gesto noble, sólo una extraña consideración de lo infinito…
Es,
por lo tanto, en él donde confluyen los instintos más contradictorios.
Ora una alabanza al cielo, ora una injuria a los vientos, ora una satisfacción
plena
que lo abarca todo, incluyéndose a sí mismo.
Pues, ¿de qué otro modo se entrega el hombre a aventuras semejantes?
¿No es acaso el gesto más altivo y, no obstante, el más digno de recompensa?
Sois como la espuma del mar, como el golpe seco y húmedo taz taz taz sobre
despeñaderos
y acantilados que, como puntas de obsidiana, resaltan de entre esa sinuosa
intemperie
que es la duna marítima y le devuelve el grito apagado, sordo, húmedo ¡siempre
húmedo!
que vociferan los sonidos del mar hasta caer y resurgir y deglutir las formas
humanas,
marítimas, terrenales, oceánicas, cósmicas, oscuras, de una belleza
extremadamente insoportable…
¡Ah,
el mar, envuelto siempre en su rareza!
¡Mar soberano que habéis puesto en tu lomo infalible la perdición de los
navegantes!
¡Mar azaroso mas nunca perplejo!
Tu voz ondulante me llama, me llama…
Tu voz marítima es escarnio de mis proezas,
¡de mis ocultas y sutiles proezas!
Tu voz aguda penetra en mis costillas,
¡en mis costras de sal marítima que con el paso del tiempo el sol ha vuelto
purpúreas!
Tu voz dúctil penetra en mis oídos cual tonadilla de lobo de mar a mis
costados…
Verle
encender la llama de su aurora,
o verle encender el horizonte en un concierto de estrellas.
Verle correr sobre campos de mar absueltos de toda culpa,
de toda perpetuidad forzada, de todo acecho involuntario,
de toda aciaga fortuna donde el navegante se rinda antes de completar el viaje…
¡Así quisiera verte! ¡Doblegado ante mí, ante la fuerza de mi nave!
Pero de nada os serviría esto, puesto que halláis la manera de torcer el rumbo
de mis pasos…
Verle
virar mi timón a mares complacientes no es tampoco mi fe.
Mi fe es lo ignoto, lo palpitante, lo terrenal.
Mi fe es lo sagrado, lo ritual, lo cósmico.
Mi fe es lo simple, lo vivaz, lo complejo.
Mi fe es lo visible y lo no visible…
¡Mar, dónde habéis estado todo este tiempo!
¡Dónde te has ocultado mientras el navegante ha perdido toda esperanza,
abandonado todo a su suerte!
¡Mar envuelto en llamas!
¡Mar incendiario!
¡Mar al rojo vivo!
¡Mar crepitante!
¡Mar atroz que has dado la espalda a tu verdadera naturaleza!
¡Sí, te riño, te riño y te condeno!
¡Condeno tus abalorios de perlas y corales!
¡Condeno tu frialdad, tu intriga, tu saña!
¡Condeno tus cabellos turquesa que seducen al buen navegante!
¡Condeno tu ropaje de espuma y de mármol que pierden a los hombres!
¡A los hombres de buena voluntad, que han salido a tu encuentro a hacerte
compañía,
llegado hasta los confines de tus mares por el simple hecho de permanecer a tu
lado!
¡Usureros, malandrines, piratas, conquistadores, viajeros, mercaderes,
salteadores, presidiarios, turistas, poetas…! ¡Todos la misma cosa!
Aquí, el único amigo tuyo, el único fiel, el más humilde, el más probo, es el
marinero.
Desde la proa te canto. Desde aquí te bendigo…
WILLIAM MEREDITH
Campo
naval
Salió
cojeando fuera del cielo ardiente un avión herido,
resistió, resistió, linda paloma zumbante,
golpeada y después se hundió en una parada retorcida.
El extraño piloto que emergió –en la costa,
la guerra vino de repente– habló a los mecánicos silenciosos
quienes asintieron con seriedad. Fuego antiaéreo, dijo,
un barco enemigo me atacó.
Lo empujaron con
amor
hacia la oscura boca del hangar y lo tendieron.
Café y pastel para el piloto que se sentó solo
en el restaurante, leyendo boletines
que hablaban del clima.
Después, al
anochecer
ya compuesto el extraño avión regresó al cielo.
La foto de sus rizos, y las de su madre y sus medallas
fue todo lo que supimos de él después de haberse elevado nuevamente,
esas joyas eléctricas contra el cielo apolillado y lloroso.
EDUARDO ESPINA
Mínimo
de nombres posibles (*)
(Un comienzo es siempre otro)
de manera que aquellas cosas que no se pueden decir,
es menester decir siquiera que no se pueden decir.
Sor
Juana
No
se veía nada, mejor dicho no se veía nada.
Tiene razón Sor Juana en lo que haya callado
y aquello al pie de un epónimo, y a propósito,
¿cuándo verá el oso a su femenino en la miel?
Desde este Luxor a solas, rocas, peñasco, mar
a morir menos que ánima venida de muy lejos
pero no tanto como estuario anterior al tiempo.
Mar de todas las mareas al remar a su manera
a ras de la corriente donde dirá a los días todo.
Y al Sur salpica, rasca el kiss de las quimeras
haría hace un buen rato por ser tan de repente
o tan, buen ciego para la Sor, también Él azor.
Mira cuánto ímpetu ha perdido, o mira cuánto
de todo esto dejaríase mirar en hora, ahora ya.
No se veía nada pero ahora se ve menos, años
de no verse, de bañarse en guarismos a ciegas.
Entonces igual a ella sería la mirada en la cara
de lectura cuando la cifra abre y ve la primera
palabra: eso es ver, esto es el sentido siguiente.
Frase, refranes y no dejes el alma para mañana
ni menos señales su ausencia añadida al cariño
de piraña que de niña comía mirras arrepentida.
Juana anda dando a las ideas un ánade desnudo.
Para otra será tal ardid, para él la edad indebida.
¿Cuál de entre todas las que tienen aun tiempo?
¿Edad de las que mueren más al menor intento?
Ahí va, viendo al viento tocar a la íntima bestia
tan bien enviada por quienes temen a la imagen.
Caza la cima, si tanto le daba la luz como llegar,
porque ha llegado: comienza con apariencia, en
la misma persona la sorpresa cambia de planes.
Mínimo de mundo visible, el que Berkeley vio
y no este de ahora, que a nadie ideal pertenece,
mundo para inclinar a la chancleta la bataclana.
Está frío, en la ingle clama por algo menos ahí.
Mundo, o da lo mismo pues en inglés es world.
Cuando empiece a ser menos, alguien lo sabrá.
PABLO ANADÓN
Noches
de invierno
Salvo
por el talento
Ya me voy pareciendo
A esos viejos poetas orientales
Que transformaban su melancolía
En monedas de luna
Que valen lo que entonces ya valían
No obstante siglos de devaluaciones.
Salvo
por el talento, digo, entonces
Me parezco en las noches
Que paso junto al halo de la lámpara
Y al calor de los leños
Tomando té y hablando
A solas con los vivos y los muertos.
De
todas estas horas, ya lo sé,
En excesiva intimidad
Con el silencio,
Me queda lo que queda en el hogar
Cuando despunta el alba.
¡Pero cuánto
Que ha ardido la madera del alma en esas llamas,
Cuánto universo amado y consumido
En pensativo sueño, mientras gira
Este cielo del sur en la ventana
Hacia otros horizontes de luz y de ceniza!
Yo
sé muy bien que nada
De mí puede quedar, pero en las noches
Soy un viejo poeta que amoneda
La pena y la alegría de vivir
En transitoria eternidad de luna
Que se extingue en el sol de la mañana.
No puedo pedir más, salvo el talento.
CLAUDIA MELNIK
El
imperio sobre el riachuelo.
Tocaste
mi pulsera metálica.
Supe.
Abajo, esa araña monstruosa y bella.
Rozaste mi brazo.
Supe más.
Máquina de registros ilimitados.
Pregunté: ¿Cuál el néctar que quedó en el tiempo?
La distancia y la falsa plenitud.
¿Habré
estado allí de verdad, dejando mis diamantes como huellas de pan
Dormido y soñado con una corona de astas
Con la formita frágil de las patas de la araña de Bourgeois?
Delicado apoyo para semejante mole, comentamos.
Lo cierto es que yo amanecí con una corona de esas astas, puntitas
de pata de pollito araña.
Lo
que me volvía reina, entonces, no era el portento o el veneno
Sino la fragilidad de mi apoyo
Edición
príncipe de Trilce,
los Knicks juegan en New York,
el café es de Colombia y nuestro paisaje
íntimo
la Pietá del nuevo Berni.
¿Dónde
insertar el tiempo ausente del que los estratos
no dan evidencia sedimentaria?
Era la felicidad del campo magnético, los océanos y la tierra firme.
Al
fin y al cabo, el cuerpo de esa araña era una rosa.
Y la luna nunca estuvo más cerca de la Tierra.
Cesar e insistir, sábanas negras.
Y la mañana entró con el sol y todo el sistema solar.
Tenían
4567 años de vida.
¿Cuándo
y cómo sabremos que no fuimos
actores de la luna?
Hay algo en su nobleza y humanidad,
material liviano y etéreo que, al fin, es lo que la forma.
Lo denso regresa a la tierra.
Y aquellos besos de transporte profundo,
Como viajar en un rayo cósmico o ser llevada por el viento solar.
El
mundo de Trilce: paisajes naturales, un valle, un río, un árbol.
Y la entrega de un fruto prohibido, bíblico, tropical.
Somos la acronimia precisa:
El juego en la metrópolis más vivaz,
Lo pequeño inusual coleccionable.
Un
encuentro es mantener la tensión por el ensamble perfecto
Y soportarlo.
Probar el néctar genuino y no huir.
Y los efectos lumínicos se disparan hacia otros ojos.
Voraces.
Hay que permanecer quieto, detener la maquinaria
Estrella distante que me trajo la luna más próxima.
Hoy.
Aquí.
No hay futuro no hay contrastes
Somos libres
Y
todo se reduce a los besos,
esos barcos provistos de medios
de propulsión y gobierno.
Los fenicios fueron los primeros que navegaron
por alta mar al remo y a la vela,
guiándose por el sol durante el día,
y por la estrella polar durante la noche.
Los chinos nos darán
la misma brújula que le dieron a los árabes.
Y seré la reina de las aguas,
Quien te traiga sedas y cojines.
Nos instalaremos en el atardecer de la Tierra.
Y seremos los padres de nuestro devenir.
