martes, 17 de marzo de 2026


 

SARA TEASDALE

 

 

Después de la muerte

 


Ahora, mientras mis labios viven
Sus palabras eternamente deben callar,
¿Pues mi alma habrá de recordar
Su voz cuando esté muerta?

Sin embargo, si mi alma lo recuerda
Tu atención ya no será mía, querido;
Pues ya nunca entenderás el latido
De aquello que no puede oírse.

 

AMANDA GORMAN

 

 

La colina que subimos

 

 

El día llega cuando nos preguntamos
¿Dónde encontraremos la luz en medio de esta sombra interminable?
La pérdida que acarreamos. El mar que vadeamos.

Escapamos de la entraña de la fiera.
Hemos aprendido que la quietud no siempre significa paz
Y que las normas, las nociones de lo que es “justo”
No siempre significan justicia.
Y sin embargo el amanecer llega antes de lo esperado.

De alguna manera lo logramos
De alguna manera resistimos y fuimos testigos
De una nación que no se quebró
Que simplemente necesita completarse.
Nosotros, los herederos de un país y un tiempo
Donde una muchacha negra, delgada, descendiente de esclavos
Y criada por una madre soltera
Puede soñar con ser presidente
Y encontrarse recitando para el presidente.

Y sí, estamos lejos de ser prístinos, sin mancha,
Lo que significa que no estamos luchando por la Unión perfecta
Estamos luchando por una Unidad con propósito,
Por construir un país comprometido con todas las culturas,
Los colores, personalidades y la condición humana.
De forma que alzamos la mirada
no hacia lo que se interpone entre nosotros ,
sino a lo que está frente a nosotros.

Obviamos lo que nos divide porque sabemos que por el futuro
Debemos apartar las diferencias.
Doblamos los brazos para poder extenderlos hacia los demás.
Para no dañar a nadie y hacer la armonía entre todos.

Que si algo diga el mundo, que diga que esta es la verdad.
Que aún si nos lamentamos, nos levantamos
Que aún si nos dolimos, no nos desesperanzamos
Que aún si nos cansamos, continuamos tratando
Que para siempre estaremos enlazados juntos
Y victoriosos.

No porque ya nunca conoceremos la derrota
Sino porque nunca más sembraremos la división.
Las Escrituras nos piden que visionemos
que todos se sentarán bajo su propio viñedo e higuera
sin que nadie les haga temer.
Si hemos de ser dignos de nuestro tiempo,
la victoria no vendrá de la espada,
sino de los puentes que tendamos.
Esa es la promesa de la felicidad,
la colina que alcanzaremos
Si nos atrevemos.

Porque ser americano es más que el orgullo que heredamos
Es el pasado que nos calzamos y cómo lo reparamos.
Hemos visto una fuerza dispuesta a destruir
antes que compartir nuestra nación.
La resquebrajaría si así pudiera retardar la democracia
Ese esfuerzo estuvo cerca de ser exitoso.
Pero si la democracia puede temporalmente retrasarse,
Nunca puede permanentemente acabarse.
En esta verdad, en esta fe, confiamos
porque mientras nosotros miramos al futuro,
los ojos de la historia nos miran a nosotros.

Esta es la era de la justa redención.
Temimos su aproximación.
No nos sentimos preparados para ser los herederos
De hora tan terrible.
Pero dentro de ella encontramos el poder
de escribir un nuevo capítulo,
de ofrecernos esperanza, de reír.
Así que, como una vez nos preguntamos
cómo venceríamos en la catástrofe,
ahora proclamamos
¿cómo es que la catástrofe nos vencería?

No habrá marcha atrás hacia lo que fue,
sino avance hacia lo que será;
n país lacerado, pero entero,
benévolo, pero decidido, fiero y libre.
No volveremos al camino andado
ni aceptaremos intimidaciones que causen interrupciones
porque sabemos que nuestra inmovilidad,
nuestra inercia sería la herencia
de la generación que viene, su futuro.
Nuestras fallas serían sus fardos.

Pero una cosa es cierta: si unimos piedad con poder
y poder con deber, el amor será el legado
que cambie los derechos de nuestros hijos al nacer.
Así que dejémosles a ellos un país mejor
del que nos legaron a nosotros.

Con cada aliento del bronce martillado en mi pecho,
levantaremos este mundo herido hacia un mundo hermoso.
Nos levantaremos desde las doradas colinas de Occidente,
Nos levantaremos desde el Nordeste
batido por el viento donde comenzó la revolución de los ancestros
Nos levantaremos desde las ciudades
al lado de los lagos de los estados del Medio Oeste
Nos levantaremos desde el Sur horneado por el sol
Nos levantaremos, reconstruiremos,
nos recuperaremos y reconciliaremos
Y de cada rincón de nuestra nación,
de cada esquina de este nuestro país,
Este pueblo diverso y bello
se levantará maltratado y hermoso
El día llega para salir de las sombras,
de las llamas, sin miedo.

El nuevo amanecer se infla como un enorme globo
mientras lo liberamos.
Porque siempre hay luz
si sólo tenemos suficiente valor para verla,
suficiente valor para serla.

 

 

LAURI GARCÍA DUEÑAS

 

 

 

VIII



Me desperté de madrugada, asustada, porque sentí que me había dejado el avión
pero no, estaba en mi departamento de San Salvador,
rodeada de mis objetos de todos los días
de los juguetes de mis hijos que dormían a esas horas.
Era la misma que se fue y no.
Volví a la cama preguntándome qué otras cosas
me dirán mi cuerpo y mi mente ahora que he vuelto.

El viaje empieza cuando termina.

 

 

 

JUAN TOMÁS ÁVILA LAUREL

 

  

XV

  

Hombre de estado, dicen,
bobo empotrado en una sinecura
que vacía las despensas del vecindario.
Altavoz de mentiras oficiales
que escala desde el don señor mío
hasta grata excelencia
cuya vida guarde
Dios muchos años.
Llega la pandemia y se salva
hasta que cumple su destino
y le cantan las excelencias
en todas las radios locales.
Adiós, ladrón,
dejaste el prestado mundo
a los tuyos con bozales.

 

De: “Nuestros amigos los nautas”

 

SAYURI DÍAZ OLMOS

 

  

 

( la arcilla toma forma de membrana )

¿te acordáis
de lo que hacíamos
con toda esta violencia?
esta tensión 
esta rabia
este ansiar
residir en la memoria
este aguantar
hasta el fin
sin delatar a nadie
sin dislocar
sin embestir
sin quebrar
el palpitar
el decir con el gesto
algo apenas delicado
algo de una misma
algo del temblor
del dedo
del ladrido
algo de nosotras

putas perras dialécticas

¿te acordáis?

 

ALDO OLIVA

 

  

 

Movimiento creciente

 


Surjan, surjan,
       del sortilegio votivo
       en el oleaje, en las turbias aguas de tierra
       agitadas por la iniquidad,
el futuro del fuego. Elévense
hasta el momento ausente y solidario
del magma que será, hasta su consolación,
un esplendor de vida.
       Pero acecha de promisoria
avalancha tus manos. Pisa, en el aún, vacío
con tus pies de crecimiento iluminante, la
cerrazón que obtura el esplendor deseado
del andar.
       Después salta: inventarás un cielo
de estrellas que no viste y visitaban, sin
embargo tus sueños; y no sabrás que eran
lo que, tardíamente, eran lo real que irás creando.