"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
viernes, 6 de marzo de 2026
CLAUDIA MARÍA JOVEL
1. La
ternura en el combate
(fragmento)
Antes
Yo
vagaba sola
por cualquier calle,
ambulaba en los cuartos oscuros
de una casa triste, pobre y vieja,
sintiendo únicamente compasión
por una mesa vacía
y un manjar inexistente,
sin saber que podía
hacer explotar,
con una carga de amor,
el vicio aquél
que sólo me hacía pensar en mí.
STEPHEN SPENDER
Cuando
me siento a mirar…
Cuando
me siento a mirar por la ventana,
perdiendo el tiempo que el tráfico no pierde,
ni ninguno de los peatones que en la calle
ganan tiempo al tiempo mientras avanzan,
midiendo los segundos con sus pies,
cabalgando en sus mentes la crestada multitud
sobre caballos blancos de días que pasan,
entonces pienso en ti, James, frente a otra ventana,
con tus gruesas manos relajadas y tu mirada azul
invadida por una sensación de vacío,
sorprendido como si una ráfaga de aire
hubiera soplado entre las hendiduras
de tu mente y tu cabello,
dejando en tu ceño fruncido una confusa desesperanza.
Pero
últimamente he aprendido que los espacios
y la soledad intemporal
de lugares estériles y desperdiciados,
el desierto, la habitación desordenada y la hora
entre la vigilia y el sueño,
son ventanas abiertas a la energía
donde más nos convertimos en lo que somos,
cuando la mirada y el oído conscientes
se separan de lo que ven y escuchan,
y en lo profundo de la negrura vacía y silenciosa
florecen melodías e imágenes con vida.
ALFREDO ESPINO
Ascensión
¡Dos
alas!… ¡Quién tuviera dos alas para el vuelo!…
Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido.
Desde aquí veo el mar, tan azul, tan dormido,
que si no fuera un mar, ¡bien sería otro cielo!…
¡Cumbres, divinas cumbres! ¡Excelsos miradores!…
¡Qué pequeños los hombres! No llegan los rumores
de allá bajo, del cieno; ni el grito horripilante
con que aúlla el deseo, ni el clamor desbordante
de las malas pasiones… Lo rastrero no sube:
esta cumbre es el reino del pájaro y la nube…
Aquí he visto una cosa más dulce y muy extraña,
como es la de haber visto llorando una montaña…
el agua brota lenta, y en su remanso brilla
la luz; un ternerito viene, y luego se arrodilla
al borde del estanque, y al doblar la testuz,
por beber agua limpia, bebe agua y bebe luz…
Y luego se oye un ruido por lomas y floresta,
como si una tormenta rodara por la cuesta:
animales que vienen con una fiebre extraña
a beberse las lágrimas que llora la montaña.
…………………………………………………
Va llegando la noche. Ya no se mira el mar.
Y qué asco y qué tristeza comenzar a bajar…
(¡Quién tuviera dos alas, dos alas para el vuelo!
¡Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido,
con el loco deseo de haberlas extendido
sobre aquel mar dormido que parecía un cielo!)
Un río entre verdores se pierde a mis espaldas
como un hilo de plata que enhebrara esmeraldas…
JOAQUÍN ALVARADO
Versiones
de algo que no termina de caer
(Fragmentos)
he
de morir de cosas insignificantes; un retrato irreconocible en la pared, un
sello de un lugar que jamás conoceré, esta forma de llegar a la memoria de lo
vivido como por un agujero comido por ratas
CARLOS SANTOS
Árboles
Un
personaje sudoroso en la noche
sale de una calle lateral
y se interna entre los árboles del parque.
Bajo la sombra revuelta de un peral
halla la blusa de la dama que buscaba.
Está manchada de sangre.
Su memoria inquiere su presente.
Exhausto de un errar intuitivo en la noche,
está libre de forma y de límites.
Pero ¿quién habla? Y, si pregunto,
¿por qué no contesta?
TERENCE TILLER
Último
poema
Fue
desde el crepúsculo del dolor que hablaron,
las voces, altas e implacables,
clamando a tu piedad hasta quebrarla.
¿Cómo silenciar lo que decían?
Yo las hice —con la amargura
de las trompetas del atardecer por los muertos.
Eran
la acidez de aquella alabanza
que bendijo el milagro del que surgió.
Oh, sol de aquellos días ansiosos,
ya sólo brasas; canto ahora que se eleva
en sombras que se agrupan, con la punzada
y el hambre de las campanas que persiguen niños.
Oscuridad
del amor, cúbreme el rostro;
oh amor que no muere, envuelve aún
mi cenotafio, mi morada;
grita todo lo que volveré a oír:
un mensaje de medianoche, lejano y agudo
como el paso invisible del tren.
