viernes, 28 de julio de 2023


 

ALFREDO LOZANO


 

 

Prefacio

 

II
Kintsugi

Somos mosaicos,
tuvimos un jarrón, lo rompimos,
nos rompieron.

Somos mosaicos,
retazos, pedazos de hilo para bordar
y tenemos que entender aquella filosofía japonesa:
al ser fragmentos somos más valiosos.
Habrá que reconstruir nuestro jarrón, dislocarnos,
ser deformes, desbocarnos para después alearnos.
Para eso tenemos cuerpo, para romperlo.

Entender que el pedazo que pusimos sobre la mesa
como fruto demasiado maduro
era semilla.

Todo en nosotros es orgánico,
somos un sistema más amplio,
no nos pudrimos,
no nos vaciamos,
no existe forma alguna
de que nos destruyan
en partículas elementales.

Por ello sentimos sequía y perdonamos
para esperar con calma los días de lluvia.

Por eso el mosaico ahora es jarrón:
La semilla que echa raíz.

 

III

Somos diminutos.
Pequeños ácaros perdidos en cualquier superficie;
esporas en búsqueda del suelo húmedo y la temperatura indicada.

Somos tanto polvo y tanta grava,
tenemos tierra en el ombligo que quitamos con dulzura del ser amado
para después arroparnos.

Somos arena: pequeños gránulos, caliza molida o cuarzo.

Somos fragmentos de otros seres más antiguos.

Somos moronas de un pan que se deshace en las manos
para después lanzarlo a las palomas que buscan con excitación.

Somos hormigas que colisionan unas con otras
para compartir vórtices químicos.
Partículas electromagnéticas que suelen adherirse a los abrigos.

Células, miles de millones de ellas, que avivan a un ser superior.
Y somos tanto y tanto en tan poca masa.

 


REZA TALABANI

 

  

 

CUANDO LA VERGA se despierta no pregunta,
¿extraño o pariente? Su maza tunde por detrás
y por delante. Tengo una verga gruesa,
que se ha metido en angostos agujeros
hasta herirse la cabeza. Magulló sus ijares
hundida hasta el cuello en otra piel.
Igual que limpiadientes de mulá.
Igual que cabellera que fustiga
la nuca en giros de un derviche.
En la lucha es un héroe de rudos brazos,
su base es un cuerno de toro.

 

Versión del Kurdo por Jiyar Homer, David Shook y José Luis Rico

 

 

DANIEL MÅRS

 

 



cuál es la diferencia entre crear

y restaurar

provéanme de un calendario fidedigno
 


De: “Verde eléctrico”

Versión de Petronella Zetterlund

 

 

YAROSLABI BAÑUELOS

 

 

 

Mamá se niega a comer un plato de avena

 

Te digo, madre, bebe la luz tibia que se agita en el vaso,
come estas manzanas, guarda en tu boca un poco de miel y anís.
Tú prefieres regar los helechos, aplazar el hambre,
lavar la casa, limpiar las grietas hasta que se derrama la noche.
Estoy segura: perseguir el polvo es un viejo truco
para no escuchar la rabia de tu estómago.
Dime, ¿por qué encadenas el apetito a las patas de la mesa?
¿Por qué huyes del alimento como si dentro de tus ojos
no crecieran fantasmas insaciables?

UN DÍA se le pudrieron todos los dientes.
Cayeron uno por uno
igual que la corteza gris de los árboles enfermos.
Remojar las muelas en Coca-Cola
parecía buena idea para entretener con azúcar
a los abismos de su boca.

Sepultó los rayos de sol en una caja de caramelos
y apresó sus pasos en los laberintos de la casa.
Su habitación era un bosque de alaridos y restos de papas fritas.
Lloraba junto a los grillos al amanecer.
Lloraba cuando se agotaba el chocolate o el pan dulce.
Lloraba de hambre. Hambre inagotable.

Aunque su estómago se sintiera
como un viejo patio invadido por los insectos y las yerbas.

Sin darse cuenta ató sus lágrimas a la cama,
el terror a los espejos la encerró entre cobijas polvosas
desde agosto hasta la primavera.
Odiaba la punzada en los riñones,
la hinchazón de las encías,
la carne blanda de sus muslos porque le recordaba
la piel de los cerdos.
Pronto aprendió hablar en el idioma de las cosas muertas
y pronto ya no había ni boca ni llanto,
solo existía el hambre.


 

SANDRA SANTANA

 

  


 
QUÉ DECEPCIÓN cuando,
robada al río,
la piedra en el bolsillo
se vuelve común
y al llegar a la casa
no guarda la luz momentánea
de la tarde,
el brillo irisado del paisaje
sobre la superficie del agua.

Así, vuestros ojos.
 

De: “La parte blanda”

 

 

ASTRID VELASCO

 

 

 

Territorio

 

La sal de las palabras
me adormece los labios.

Los demonios desterraron mi nombre
con su lengua aprendiz
para oficiar silencios.

Y yo, innombrada,
sonriente
aprendí que el deseo
no puede enumerarse.
Es desván de los ríos
que fluyen a la sombra
de esas deidades
que de tanto escuchar las oraciones
decidieron inventarnos el pecado.

Hoy,
erigidos en ojos
que miran hacia dentro,
cercamos sus confines
para hacer del desliz
un territorio.
 


De: “Un espejo que mira hacia dentro”