Territorio
La
sal de las palabras
me adormece los labios.
Los demonios
desterraron mi nombre
con su lengua aprendiz
para oficiar silencios.
Y
yo, innombrada,
sonriente
aprendí que el deseo
no puede enumerarse.
Es desván de los ríos
que fluyen a la sombra
de esas deidades
que de tanto escuchar las oraciones
decidieron inventarnos el pecado.
Hoy,
erigidos en ojos
que miran hacia dentro,
cercamos sus confines
para hacer del desliz
un territorio.
De: “Un espejo que mira hacia dentro”
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